Actualizado: 27/01/2022 17:36
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Marquitos, Ordoqui, Humbolt 7

Ordoqui Mesa y la grandeza de la revolución

Un documental intenta un primer acercamiento a un caso que aún hoy en Cuba sigue sin analizarse a profundidad

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El miércoles 24 de septiembre, Granma fue autorizado a invitar —en su sección Culturales— a la presentación en el Instituto de Investigación Cultural Juan Marinello, el viernes 26, del ensayo documental Los amagos de Saturno. Aquí la realizadora Rosario Alfonso Parodi, investigadora de aquel instituto, enfocó las motivaciones del delator de los mártires de Humboldt 7, pero los francotiradores de blogosfera cubiche aprovechan la ocasión para comentar sobre otra cosa: el documental sin hacer que hubiera sido más apropiado al caso. Para ejercer este criterio nada mejor que señalar, como vacío más hondo de la obra hecha, no abordar la suerte que corrió el comandante Joaquín Ordoqui Mesa.

La propia CIA se atribuyó el juicio por delación contra Marcos Rodríguez Alfonso, alias Marquitos (Causa 72-1959 de la Sala Cuarta de lo Criminal de la Audiencia de La Habana), como “primera reacción a la operación AMROD dentro de Cuba” (Expediente 80T01357A, Registro NARA 104-10118-10001, página 3), pero la conexión de Marquitos vía AMROD con Ordoqui Mesa es falaz. Aquel cayó fusilado por su delación y Ordoqui Mesa cayó en desgracia porque Castro nunca admitió haberse ido con una bola de la CIA.

Operación AMROD

El 3 abril de 1963, la CIA aplicó una medida activa con ánimo de fragmentar la coalición castrista [Movimiento Revolucionario 26 de Julio (MR-26-7), Directorio Revolucionario (DR) y Partido Socialista Popular (PSP)] y socavar la alianza entre Castro y Moscú. Un agente “desafecto” de la CIA vendió a la Dirección General de Inteligencia (DGI) en Ciudad México documentos que endilgaban a Ordoqui Mesa haber pasado información militar a EEUU durante la Crisis de los Misiles (1962).

Hacia noviembre de 1963, otros documentos falsos expusieron como agente de la CIA a la attaché cultural de la embajada de Cuba en México, María Teresa Proenza, alias La Momia, exsecretaria de Diego Rivera y militante de la vieja guardia comunista, quien de vuelta a la Isla fue arrestada, pero saldría pronto en libertad y terminó en una biblioteca.

El 16 de noviembre de 1964, Ordoqui Mesa fue detenido y sustituido por Juan Almeida como viceministro de las FAR. La nota oficial puntualizó que se procedía a la “investigación completa de su conducta política [desde 1957] con entero espíritu de objetividad y justicia”. Acotó que esto llevaría tiempo, pero si se despejaba “toda duda”, Ordoqui Mesa sería “restituido en sus cargos y recibiría pública satisfacción”.

Junto a su esposa Edith García-Buchaca, Ordoqui Mesa quedaría confinado en una casa de campo de Calabazar de La Habana y el Buró Político decidiría, el 16 de abril de 1973, “no acusarlo ante los tribunales [y] suspender las restricciones”, pero sí separarlo del Partido Comunista y de las FAR por “debilidades de la conducta revolucionaria [y] serios indicios de culpabilidad”, aunque no constaran “pruebas definitivas”. Ordoqui Mesa fallecería de cáncer el 19 de junio de 1973.

Falsas conexiones

Tal como puede apreciarse en su número de radicación, la causa penal contra Marquitos venía andando desde 1959, por denuncia de la viuda de Fructuoso Rodríguez, uno de los cuatro mártires de Humboldt 7. Marquitos acabó siendo detenido el 10 de enero de 1961 en Praga y compareció en juicio el 14 de marzo de 1964. Aquí Faure Chomón, líder del DR, abrió la caja de Pandora con una carta de Marquitos a Ordoqui Mesa fechada el 10 de septiembre de 1962.

Castro arremetió contra Ordoqui Mesa por no haber “presentado esta carta inmediatamente al Partido [Unido de la Revolución Socialista - PURS]”, pero dejó claro que se debía “exonerar enteramente” a García-Buchaca de la grave imputación vertida por Marquitos en la carta: que durante su exilio en México él habría confesado a ella la delación de los militantes del DR en Humboldt 7 y ella, tras reponer que cosas así habían pasado también en China, terminaría aconsejándolo: “Bueno, tienes que hacerte más fiel al Partido [Socialista Popular - PSP]”.

Castro puntualizó que tras el careo entre García Buchaca y Marquitos “delante del compañero [Osvaldo] Dorticós, Blas [Roca], Faure [Chomón], Ramirito [Ramiro Valdés] y [Emilio] Aragonés”, todos tuvieron “la impresión unánime de que aquello era una calumnia”.

Una leyenda urbana reza que Ordoqui Mesa y su esposa eran agentes a sueldo de la CIA desde 1957 y Proenza se encargaba con Teté Casuso de hacerles llegar el dinero. Otra asegura que el coronel batistiano Esteban Ventura tenía una llave del apartamento donde se escondían los militantes del DR en Humboldt 7 y Marquitos jamás tuvo posesión de ninguna. Otra más envuelve en misterio cómo el padre de Marquitos pudo sacar de la cárcel la carta a Ordoqui Mesa, que Roberto Fandiño tecleó para dar copias a Chomón, Alfredo Guevara y el G-2.

Todas las habladurías y novelerías sobre la inocencia de Marquitos, siendo culpable, y la culpabilidad de Ordoqui Mesa, siendo inocente, son una muestra de la mentalidad de trastienda y el afán de correveidile con que suelen buscarse inquietud y excitación antes que comprensión de ese fenómeno histórico denominado revolución cubana.

Para fusilar a Marquitos bastaba la ley, que imponía pena de muerte por el delito de confidencia. Sin embargo, Castro aprovechó su comparencia en juicio —para dar testimonio y opinión sobre su propio interrogatorio extrajudicial a Marquitos— al efecto de sentar que no admitiría más discusiones entre las banderías concurrentes MR-26-7, DR y PSP sobre la denominación de origen de su revolución. No en balde profirió: “Hemos hecho una revolución más grande que nosotros mismos”. Y agregó: “tenemos que estar a su altura”. No hacía falta puntualizar que él mismo se encargaba de fijar el listón en cada circunstancia.

Coda

En el expediente de la CIA consta que AMROD concluyó hacia marzo de 1966, porque los cubanos “perdieron interés”. Tal eufemismo indica que la DGI tuvo noticia de la trampa, que ni fragmentó al PURS [a la postre Partido Comunista de Cuba – PCC] ni conmovió la alianza estratégica de Castro con Moscú, pero sí amargó por el resto de su vida a Ordoqui Mesa, ya que Castro se negó a reconocer que había tragado un señuelo de la CIA.

Por el contrario, la blogosfera cubiche no pierde interés en reabrir casos sin otras llaves que cosas como “muy controversial”, muchos “fueron separados de sus altos cargos” o aún hoy el caso está envuelto en “el misterio”.


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