Actualizado: 25/09/2020 0:20
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Osadía para Obama

México, Brasil y España parecen buscar salidas entre Washington y La Habana, aunque no sean muy honorables porque implican concesiones.

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Osadía o audacia —con los matices que determinan la inexistencia de sinónimos exactos—, y hasta intrepidez, parece ser lo que más necesita Barack Obama, tras asumir la presidencia, la papa caliente en recesión y con pocos amigos, en guerra contra los terrorismos y aún con la imagen de Cheney en silla de ruedas, mental —compartida con Bush desde hace años— y física, estrenada el 20 en la ceremonia de traspaso.

Cuando Obama y su equipo le dediquen unos minutos al "asunto cubano", cuando su complicada agenda pueda mirar hacia el Caribe, también deberá cumplir expectativas no de cambio de tácticas, sino de transformación de intereses y proyección real.

¿Logrará imponerse la osadía en la política hacia nuestro arruinado país o persistirá el uso de anquilosados esquemas? ¿Tendrá Obama suficiente lucidez y desenfado para iniciar, sin condiciones previas, un diálogo directo con la dictadura, a ver qué pasa ahora?

Dios lo quiera… Aunque las evidencias indican que será muy difícil romper los antónimos: temor —miedo, espanto, pavor…— que caracterizan a la anciana dirigencia "revolucionaria" (sic). Aunque el signo caracterizador sea la pusilanimidad, que parece dominar a la cúpula —o crápula— gobernante; y también a ciertas organizaciones del exilio y a los partidos extranjeros más conservadores, tradicionalistas, apegados a un credo absolutista.

Aunque aparezcan mil y una objeciones. Y sabemos que las hay terribles… No se vislumbra —ya sé que con cierto pragmatismo amargo— otra solución a cercano plazo. Así lo han comprendido la mayoría de los gobiernos latinoamericanos, cuyas concertaciones oficiales y visitas a la Isla son un mensaje a la nueva administración estadounidense.

México —por ejemplo— históricamente ha asumido el compromiso de servir de intermediario entre Estados Unidos y Cuba, y ahora —por encima del ideario demócrata cristiano del partido gobernante— se dispone a cumplirlo, desde diversas acciones que propenden al diálogo, al entendimiento, a las negociaciones donde se ofrece y se recibe.

No hay muchas dudas acerca de que en el encuentro entre Obama y Calderón se dedicaron dos o tres minutos al tema cubano. Con mucha perspicacia, la prensa local e intelectuales como Carlos Fuentes, sugieren que México ya es —con la ayuda de Brasil y España— quien se encarga de propiciar salidas, aunque no sean muy honorables porque implican concesiones, como olvidarse momentáneamente de disidentes y presos políticos, de violaciones flagrantes a los derechos humanos.

'El más fuerte debe tomar la iniciativa'

La asociación entre osadía y juventud donde Obama se mueve, con las cuales obtuvo la presidencia —aunque no haya sido una victoria difícil, dado el contrincante republicano y la herencia de Bush—, quizás tenga una base biológica, socialmente vinculada a la experiencia, a la memoria. Digamos que en términos generales funciona de ese modo. Pero olvidemos la edad, al menos para los actuales fenómenos cubanos.

No establezcamos mecánicamente una relación entre vejez y horror al cambio, aunque haya una penosa coincidencia entre los políticos criollos. Tampoco aceptemos la existencia de una "revolución" y en consecuencia de una "contrarrevolución". Evitemos contribuciones, por bien intencionadas que puedan ser, a discos rayados: prontuarios partidistas, enfoques generacionales, dogmas sociológicos, justos rencores acumulados…

El más fuerte debe tomar la iniciativa, según Lula. Y no se trata de gestos para romper el blindaje, como autorizar viajes o remesas, sino de una transformación en la política a favor de Cuba, de los mismos seres humanos humildes que defiende en su país, de los valores democráticos que entonces podríamos vislumbrar los cubanos, tras una transición pacífica.

Ahí es donde Obama —admirado pero con reticencias— puede también inscribirse en la historia, fortalecer el sitio que ya ostenta como realizador del sueño de Martin Luther King. Ocuparía en América Latina un sitio hasta ahora vedado a sus predecesores.

Necesitará —si se decide— mucha osadía, apoyada en la mayoría demócrata en ambas cámaras, en contar ahora con el apoyo de cuatro de cada cinco de sus conciudadanos, en las simpatías mundiales, y sobre todo en las esperanzas de la abrumadora mayoría de cubanos.

¿Osadía y audacia? Hacia ahí señala la brújula, una brújula que hasta hoy sólo ha justificado la represión y el sufrimiento, David contra Goliat


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