Actualizado: 16/09/2019 12:05
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Otra vez el totí

¿De dónde sale el simplismo racista de que los negros son el ejército de emergencia del régimen?

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Una conga en Santiago de Cuba, vigilada de cerca por la Policía. (REUTERS)

Una conga en Santiago de Cuba, vigilada de cerca por la Policía. (REUTERS)


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Si hay cubanos blancos, yo debo ser daltónico, porque el más claro color de piel que percibo en mi entorno es el cetrino. En todo caso, nuestra pretendida blancura no sólo está felizmente contaminada por la historia, sino además lastrada por muy oscuros resabios que se destilan desde el interior, como en los calamares.

Para casi todo cuanto hacemos, en especial lo malo, creemos encontrar explicaciones en la pigmentación del pellejo. Antiquísimos desvaríos verbales del tipo: "ah, tenía que ser negro", o "parece mentira que sea blanco", continúan imponiendo su tara en el hablar común, sin que nos percatemos de que por conducto de la sandez, ridiculizan a sus propios propagadores.

Y ahora, para colmo, parece que también hemos resuelto llevar ese simplismo racista al plano de la política.

Una porción nada despreciable entre nuestros filósofos del café con leche se ha soltado a elucubrar la teoría de que, hoy por hoy, la dictadura tiene en los negros el ejército que necesita para apuntalar su dominio en un momento de apuro.

Argumentan estos topos que la mayoría de los negros cubanos de adentro no trabaja, ni tiene ambición de progreso, ni mayores perspectivas que vivir del robo y de las acciones marginales más diversas. Entonces —dicen—, ya que en ningún otro sistema van a disponer de condiciones tan propicias para su "proyecto de vida", se supone que les sobren motivos para defender al régimen.

Es un supuesto obtuso, claro, montado sobre otros supuestos que oscilan entre el despiste y la chorrada. Incluso, a fuerza de ser obtuso, debe resultar de muy difícil comprensión por parte de aquellos que nos observan a distancia, los que, desde su lógica, podrían poner en duda la exactitud y la seriedad de estas líneas.

Pero el supuesto existe. Y no sólo. También está bien extendido, sobre todo entre cierto sector de la población. Curiosamente, el de la gente de solvencia económica más o menos desahogada (por lo general blancos, o sea, cetrinos), que son, ni más ni menos, los que más razones acumulan para apoyar a la dictadura y, de hecho, casi los únicos que la apoyan en la práctica, queriéndolo o no.

'Todos los pájaros comen arroz'

Todavía más: es previsible que dentro de la propia estructura de poder del régimen haya varios equivocados que también sustenten la falacia del apoyo de los negros. Y es que la mentalidad de patriarcas esclavistas con discurso benefactor (aunque nunca pasaran mucho más allá del discurso) que han exhibido los del régimen, con respecto a los negros, les inclina a creer que éstos son (están obligados a ser) sus eternos deudores y sus más leales servidores.

Es un error de cálculo, igualmente montado sobre otros errores, en particular el de no querer ver las cosas como son, sino como resulta conveniente verlas. Lo único que parece quedar claro es que el régimen le debe muchísimo más a los cubanos negros que éstos a él. Pero también se trata de una verdad de Perogrullo; tan a la vista como el hecho de que a la altura de nuestros días, nadie en Cuba ha resultado más desatendido y aun más perjudicado que los negros.

No en balde es tan sencillo comprobar la presencia —tal vez no mayoritaria, pero de seguro numerosa— de negros y mestizos en las filas de la disidencia y de la oposición pacífica interna. Eso, por no repetir una vez más que son los que llenan las cárceles de la Isla.

Por lo demás, en el tal "proyecto de vida" que implica no trabajar e ir sobreviviendo al margen de la ley (la mala ley del régimen), hemos estado y aún estamos enredados casi todos los cubanos, sea cual fuere el matiz de nuestra piel.

La vida, por llamarle de algún modo, no nos permitió escoger. Mucho menos debiera permitirnos establecer deslindes, como el de aquella antigua y sonsa aberración según la cual todos los pájaros comen arroz, pero la culpa únicamente la tiene el totí.


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