Actualizado: 18/01/2022 16:22
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¿Qué Derechos Humanos defiende el embargo? ¿Puede Obama volver constructiva la relación de EEUU con Cuba?

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Barack Obama, desde el inicio de su presidencia, ha enfrentado con vigor los problemas centrales que aquejan a Estados Unidos: la crisis económica, las guerras en Afganistán e Iraq, la reforma del sistema de salud, y la protección del país contra la amenaza terrorista que sigue agazapada. No es de extrañar entonces que ante tal cumulo de urgencias, la política de Estados Unidos hacia Cuba no sea su prioridad.

A pesar de esa necesaria priorización, Obama ha cumplido en menos de un año sus tres principales promesas de la campaña electoral de 2008 en relación a Cuba: levantó las prohibiciones y regulaciones a los viajes y envíos de remesas de los cubanoamericanos, ha procurado restablecer los intercambios académicos y culturales reducidos por la administración Bush desde 2002, y retornó al dialogo directo con el gobierno cubano, comenzando por las conversaciones sobre temas migratorios pero sin descartar la ampliación a otros temas como el servicio de correo directo.

Es loable que el presidente Obama haya contestado siete preguntas enviadas por la bloguera Yoani Sánchez sobre la política norteamericana hacia Cuba. Es un buen síntoma que la Casa Blanca reconozca la pluralidad de actores del tema cubano. El presidente Obama ha dicho que el dialogo con Cuba tiene que ir mas allá del contacto con el gobierno y abarcar los diferentes sectores de su sociedad. El proceso iniciado en la Casa Blanca, con la respuesta a Sánchez, que considera las sanciones del embargo "torpes y anacrónicas", debe ampliarse a la recepción abierta de las opiniones y preguntas de millones de cubanos en la isla y también en el exilio que desean un ambiente de cordialidad entre Cuba y EEUU.

Lo del contacto no solo con el gobierno sino con la sociedad, debe ser de dos vías. Cuba tiene también el derecho a entablar contactos normales con toda la sociedad norteamericana, no solo con el gobierno. El contacto entre los dos países debe ser fundamentalmente social y no político. No hay mejor embajador de Cuba que los cubanos viajando al extranjero, incluyendo Estados Unidos, con libertad. No hay mejor embajador de Estados Unidos en Cuba que el ciudadano norteamericano común viajando a Cuba sin limitaciones ni represalias.

EEUU debe evitar el maniqueísmo de concebir al gobierno y la sociedad cubana como opuestos. Los contactos con blogueros y periodistas independientes, disidentes u otros componentes de la sociedad política opositora no sustituyen ni el contacto con el gobierno cubano, con el cual el gobierno norteamericano tiene mucho que negociar en temas de interés común, ni su dialogo con las instituciones no políticas de la sociedad civil cubana como las comunidades religiosas y profesionales con divergencias con el gobierno cubano pero con opiniones muy críticas sobre la política estadounidense.

El presidente Obama debe entender sin ambigüedad, que cualquier proceso de interacción con la isla basado en la ley Helms-Burton, expresamente diseñada para amarrar presidentes de buena voluntad como él, está muerto de entrada. Contrario al deseo de Obama de una "diplomacia directa sin condiciones", Jesse Helms y sus adláteres legaron una ley con una lista precisa de "condiciones" hostiles a la soberanía y por consecuencia a la democracia cubana. La oposición nacionalista a ese engendro plattista se extiende no solo al gobierno sino también a la abrumadora mayoría de la sociedad cubana. Esa resistencia patriótica no solo cuestiona cuan conveniente puede ser el embargo como política de cambio de régimen sino su ilegalidad e inmoralidad. Estados Unidos debe tratar a Cuba con el mismo respeto que trata a Bélgica o Canadá, desde el principio de la igualdad soberana y abstenerse de convertir a la población cubana en objetivo de sanciones.

Más que bellas palabras

Superar un pasado de conflictos requiere más que bellas palabras. Cuba y EEUU deben cesar las políticas que perpetuán la hostilidad al impedir un contacto fluido entre nuestras dos sociedades. Debe comenzar un dialogo maduro entre nuestros gobiernos y sociedades en las que se expongan valores sin pena ni acoso, tomando para la defensa de derechos humanos los estándares internacionales, no criterios unilaterales soberbios. Los medios son tan importantes como los fines. Las sanciones son instrumentos legítimos para promover los derechos humanos solo si son de las llamadas "inteligentes", dirigidas específicamente a los culpables de las violaciones sin afectar a la población en general.

Estados Unidos debe no solo reconocer que Cuba es más que su gobierno, como el presidente Obama hace en las respuestas a Sánchez, sino también comprender que en el exilio cubano hay una maquinaria de cabildeo y hasta de terrorismo para defender la industria del "cambio de régimen". Las fuerzas que quieren perpetuar el status quo a la derecha e izquierda del espectro político en Cuba y EEUU han descarrilado varios procesos negociadores. Lo lograron bajo la Administración Clinton, cuando con vuelos ilegales y derribos de avionetas casi provocan un conflicto armado. Es bello que el presidente Obama reafirme como hizo Carter antes, que EEUU no tiene intención de intervenir militarmente contra Cuba. Es más importante crear situaciones en las que esa posibilidad sea inexistente, no importa quién esté en la Casa Blanca. Las armas las carga el diablo y las disparan los tontos.

La mejor forma de reducir la influencia de los grupos hostiles a la concordia a ambos lados del Estrecho de Florida es con un paso audaz y consumado, que los madrugue con una situación en la que la hostilidad cambie a una dinámica de contacto y cooperación. El presidente Obama puede eliminar ya la prohibición de viajar a Cuba usando sus poderes ejecutivos de principal autoridad de la política exterior norteamericana, reconocidos en el artículo 2 de la constitución, y los comentarios agregados por el presidente Clinton a la firma de la ley Helms-Burton, que dicen que nada en la ley puede ser interpretado como reduciendo los poderes presidenciales para promover los intereses de Estados Unidos.

Si Obama quiere ser mas cortes, puede emitir una o varias órdenes ejecutivas con una lista de licencias generales que liberen los viajes para todo lo que no sea turismo abierto y confeso. La minoría republicana no va a llevar una discrepancia sobre la clausula de "consejo y consentimiento" del congreso en política exterior a la Corte Suprema. Si lo hiciera, sus posibilidades estarían amarradas por el rechazo precedente de la Corte en 1979 a la oposición de Barry Goldwater a la derogación por Carter del tratado de defensa mutua con la República de China sin consulta al congreso. Más aun, por el tiempo que tomaría a la Corte ventilar el caso, mientras decide, habrá millones paseando por Cuba y la posibilidad de restablecer la prohibición de viajar sería imposible en la ausencia de un conflicto como la guerra fría.

Dos preguntas

¿Puede Obama lanzarse hoy a un acto decisivo que vuelva constructiva la relación de Estados Unidos con Cuba? Por ahora hay que esperar. Lo más conveniente para la agenda progresista es que el presidente se concentre en la reforma de salud, donde los grandes poderes de la gran industria farmacéutica, los seguros, parte de Wall Street, la cadena televisiva FOX y los energúmenos de las "fiestas del té" han apostado a darle su "Waterloo". Para ser reelegido, y mantener la mayoría parlamentaria demócrata, Obama necesita ganar esa batalla.

Pero las fuerzas antiembargo no deben cruzarse de brazo. Todo el que en Cuba y su diáspora sueña con un país soberano, con desarrollo económico, estado de bienestar y derechos humanos debe entender que la presidencia de Obama es la mejor coyuntura para darle al embargo la estocada final. Es tiempo de eliminar el permiso de salida y la parafernalia de regulaciones ofensivas para una relación armónica y constructiva entre cubanos de diferente confesión ideológica y lugar de vivir. La sociedad civil cubana debe movilizar a sus homólogos en el mundo y particularmente en Estados Unidos a favor de un cambio de política hacia Cuba. La sociedad política opositora, no se debe dejar manipular. Que su crítica legitima al gobierno, no deje lugar nunca a ambigüedades sobre una oposición meridiana contra medidas ultrajantes contra la soberanía cubana como la Helms-Burton.

En 2010 y 2012 habrá campañas electorales en Estados Unidos. Carguemos dos banderas, la norteamericana de las barras y las estrellas, de la democracia que nos acoge y la cubana, de la independencia y la estrella solitaria, a la que ningún patriota jamás ultrajaría. Lleguemos inscritos para votar y preguntar a Obama dos preguntas patrióticas: ¿Qué derechos humanos defiende el embargo contra Cuba, cuando todas las principales organizaciones en la materia lo han declarado inmoral, ilegal y contraproducente? ¿Qué interés nacional norteamericano o del pueblo cubano se promueve con una política que ha fracasado por diez administraciones tratando de ahogar a todo un pueblo, agudizando sus carencias? Por favor, presidente, derribe ese muro.


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