Actualizado: 26/06/2019 9:43
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Para evitar el diálogo de sordos

El debate entre Silvio Rodríguez y Carlos Alberto Montaner analizado desde una óptica joven

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He seguido con mucho interés el intercambio de cartas entre el poeta y cantautor Silvio Rodríguez y el periodista y político profesional Carlos Alberto Montaner.

Me ha llamado la atención la posición negociadora que ha mantenido Carlos Alberto Montaner a lo largo de las cartas de respuesta a Silvio Rodríguez y que se mantiene en su artículo Granma contra Silvio Rodríguez publicada por Carlos en la sección de opiniones de El Nuevo Herald, del domingo 18 de abril.

Creo que ha sido una polémica muy desigual en la cual Carlos Alberto Montaner sube en el raiting de sus lectores y a Silvio Rodríguez se le convoca a un suicidio político. Por eso yo diría el dicho popular cubano de que esta ha sido: “una pelea de león contra mono amarrado” para ejemplificar con esta metáfora, la desigualdad de los contextos y de las consecuencias para ambos polemistas de la discusión.

Mi criterio después de leer las cartas, es que Carlos Alberto Montaner está en una posición arrogante dictando a Silvio y al mundo cómo tienen que pensar y cómo tienen que actuar, lo que me hizo recordar la ya conocida postura de la máxima dirección de gobierno cubano que se cree el único poseedor de la verdad. Si se dialoga para mantener una posición intransigente que no reconoce ninguna de las posiciones de con quien se dialoga resulta un diálogo de sordos, un diálogo que nos lleva a un callejón sin salida y siempre las posiciones intransigentes nos incitan a la violencia.

La violencia simbólica de Montaner:

1. La manera en que trata a Silvio.

2. La posición ¿negociadora? de Montaner.

3. Sus deslices ideológicos.

1. Confunde Carlos a Silvio con la máxima dirección política de Cuba. Pareciera así por “la lista de lavandería” que hace en sus cartas[1]. ¿Es que son actores intercambiables, idénticos?. Si no quiere hacer diferencias entre uno y otro, creo que es una chapucería política de su parte. ¿Por qué no aterriza su diálogo con los mortales haciendo las distinciones necesarias para atraer y sembrar un terreno común? No sólo desastres por respeto a muchos cubanos de adentro y de afuera.

La lectura de sólo los desastres y las violaciones del gobierno cubano nos hace aparecer a varias generaciones de cubanos que vivimos allí al menos como incapaces: nos nos dimos cuenta que aquello era una dictadura desde el principio. ¿Cómo explicaría Carlos Alberto 50 años en el poder del gobierno cubano? ¿Sólo por la represión y el lavado de cerebros?. Creo que esa respuesta ningún político que se respete la puede dar. Resulta que los cubanos de a pie tuvimos un estado de bienestar con relación a la educación gratuita, la medicina gratuita y una seguridad social amplia. Resulta que los cubanos no quieren perder ese estado de justicia social keynesiano que tiene la mayoría de los estados europeos. Si los cubanos no hubieran recibido a cambio las gratuidades en esos sectores fundamentales, no hubieran tenido nada para creer durante un número de años en que era posible hacer una sociedad mejor. Yo tuve por ejemplo maravillosos profesores de todo, de instrucción escolar, de idioma, de arte, y todo eso gratuito, yo tuve valiosos médicos que me curaron y me atendieron con todo cuidado y amor, es decir el pueblo cubano creyó y dio lo mejor de sí, al margen del desgobierno (ese es el pueblo bueno a que se refiere Silvio y no es lo mismo que lo que refiere Carlos Alberto que sólo habla de los que disienten en otros procesos similares). En el imaginario de los cubanos eso fue así hasta la década de los 80. En los noventa ya todo se deterioró y de todo eso queda más el derecho simbólico que el servicio real, ni en la educación ni en la salud ni en el deporte, ni en la seguridad social. Si la sociedad cubana fue subsidiada por la soviética durante muchos años esa es otra discusión, es decir que nunca tuvo esos niveles de gratuidad sobre la base de ser auto sustentable sino más bien parásito de otros países. Pero en la vida cotidiana millones de cubanos dieron lo mejor de sí durante bastante tiempo creyendo que era posible una sociedad mejor. Y esa labor concreta y positiva la recibimos también millones de cubanos. Hacer el recuento de sólo los desastres y violaciones no deja la posibilidad de negociar con los supuestos reformadores o los que ya no aguantan más el desgobierno, pero han creído en esos ideales y se han entregado a ellos (ejemplo Silvio). Es decir yo sí creo que Silvio se cree todo lo que dice y que hay muchos otros que también hablarían de cosas positivas que vivieron. Estoy de acuerdo con Carlos Alberto en que el resultado es desastroso, catastrófico y abominable, pero su posición de no respetar lo que piensa el otro es una posición de aniquilar al contrario. Así no se dialoga-negocia.

El país viene desmoronándose a marcha forzada desde los años noventas, pero no los 50 años aunque su economía haya sido ineficiente siempre.

La primera carta es muy irrespetuosa y arrogante en eso de: "yo sé que tú piensas como yo pero (tienes miedo y por eso) no lo dices y atrévete". El contenido del paréntesis lo agrego yo.

La segunda carta y tercera carta mejora el tono pero no le cree a Silvio que haya criticado al régimen porque no salió publicado!!! ¿Y Montaner no se ha enterado de cómo funciona Cuba por dentro y lo que decide o no publicar el gobierno? Carlos Alberto no se ha enterado de miles de represiones y actos de valentía que no han sido publicados y no por eso han dejado de existir. Mi doctorado defendido en dos ocasiones (1996 y 1997) fue un escándalo de represión en la Universidad de la Habana y nunca salió nada publicado y por eso ¿no existe? Si Montaner sólo reconoce lo que salga publicado como críticas al régimen, desconoce los mecanismos de funcionamiento del régimen al que critica y esa ignorancia política es inexcusable. Y de paso nos considera a la mayoría de los cubanos como cobardes, sumisos y miedosos que no han llevado sus propias batallas, muchas y cotidianas, sin ser publicados y sin ser apoyados por nadie.

2. La posición ¿negociadora? de Montaner.

- Es que Silvio renuncie a todo lo que ha pensado, y a lo cual ha dedicado su existencia y el sentido de su vida y le confiese que su vida ha sido un error, un fracaso, una vida sin sentido. ¿Es que alguien "inteligente" puede pedirle a otro ser humano que haga una cosa así? ¿Es posible algún entendimiento exigiendo que el otro se aniquile? En eso Carlos Alberto muestra su ignorancia negociadora.

Ni a Silvio ni a los demás que creyeron en diferentes momentos de su vida que estaban haciendo lo mejor y dieron lo mejor de sí durante un tiempo diverso se les puede pedir que pidan perdón por haberse equivocado. Hay una enorme franja de ciudadanos cubanos de adentro y de afuera que no se tiene que arrodillar a pedir perdón frente a nadie. No han ni reprimido ni maltratado a sus semejantes. Esa posición de exigir un arrepentimiento como condición para hacer un diálogo o una reconciliación entre cubanos lo descalifica para muchos cubanos como un interlocutor válido. Y espero que Carlos Alberto quiera entenderse con el mayor número de cubanos si se reconoce él mismo como un político. Es el abc de la negociación y de la comunicación eficaz. No acorrale a su interlocutor para que reniegue de lo que ha sido sólo porque usted considera que tiene que pensar como usted, no le imponga su criterio de las cosas como el único válido, escuche al otro y trate de entender si quiere llegar a un terreno común y no a un diálogo de sordos y a una callejón sin salida que es el resultado del intercambio reciente de estas cartas. Y no hablo del diálogo imaginario con el gobierno cubano sino con los miles de cubanos de adentro y de afuera que no pertenecemos ni como cuerpo ni como espíritu a ningún gobierno. Pero si Carlos Alberto insiste en identificar a todos los cubanos de adentro y algunos de afuera como representantes del gobierno cubano, sencillamente porque no se puede tener una opinión diferente a la de él no me queda más que diagnosticarle una miopía política galopante. La “lista de lavandería” nos la sabemos todos aunque pueda haber algunos detalles discutibles. Bien, ¿ahora qué hacemos con esa lista? ¿Para qué nos sirve la lista de las calamidades a la hora de negociar y dialogar entre cubanos, entre todos los que hemos vivido en este planeta, para entendernos en el diálogo llegar a un terreno común y compartido y no hacerlo de sordos?

- Carlos Alberto le pide a Silvio que se pronuncie sobre las cosas que él, Montaner, quiere y las consecuencias de las cartas para Montaner es que sube su raiting, las consecuencias para Silvio de pronunciarse sobre exactamente las cosas que le pide Montaner es un suicidio político. La burocracia cubana es condescendiente con Silvio pero cuidado, hasta cierto punto. ¿Qué pasa con el realismo político de Montaner que pide valentía y suicidio político a los demás mientras él sube en el raiting de los medios? Lejos de ayudar a un reformador, lo acorrala. Y creo que Silvio es un poeta cantautor, cuando habla de política también dice disparates (eso del norte líderes y el sur caudillos, no sabe ciencias políticas y por lo tanto las diferencias entre unos y otros que no tienen nada que ver con la zona geográfica). Pero Carlos Alberto se piensa como un político y acorrala con la "lista de lavandería" en vez de apoyar y tender puentes a cualquier reformador.

- Carlos Alberto sigue poniendo condiciones para levantar el embargo/ bloqueo sin tener en cuenta que quien se ha visto afectado por falta de medicinas, instrumentos musicales o aparatos médicos etc ha sido el cubano de a pie. Y tiene oídos sordos frente a los disidentes de la Isla a quienes yo respeto, que piden el levantamiento del embargo/ bloqueo sin condiciones. Y lo piden porque saben que al día siguiente el gobierno cubano temblaría. Y se la juegan en las cárceles cubanas y con penas altísimas. Dice Oscar Espinosa Chepe, economista, que la élite cubana no está preparada para una política alternativa si levantan el bloqueo y yo le doy más crédito a un disidente socialdemócrata reprimido por las autoridades cubanas que a Carlos Alberto. Uno ha sufrido las consecuencias de esa intransigencia, el otro recibe sólo beneficios desde su confort irresponsable.

En la historia de los dos últimos siglos ¿qué gobierno accede a las presiones exteriores haciendo caso a las condiciones que le imponen desde afuera para cambiar? Otra posición arrogante y de falta de realismo político.

Entonces descalifica la postura del PSOE con Zapatero, que logró muchas cosas, entre ellas la liberación del poeta Raúl Rivero y otros, mientras aboga por volver a la política de Aznar, que no logró aliviar en nada los derechos humanos en la Isla y propició la reducción de la influencia española como negociador con el gobierno cubano. ¿Quién se sienta hoy en una negociación para que lo aniquilen?

Si lo que quiere es hacer ruido, ya lo consiguió como Aznar, y eso ¿en qué ayuda al cambio en Cuba? o en ¿qué ayuda al cubano de a pie o a los presos políticos para apoyarlos hacia el cambio? Le sigue dando justificaciones al gobierno cubano para seguir en la posición de "pobrecita víctima" para una parte importante del mundo y a recrudecer la represión interna porque "estamos siendo atacados". ¿Es que lo que se pretende con esta postura intransigente es que ocurra una explosión social interna? Entonces los defensores de esta postura ¿están incitando a la violencia, a la guerra civil entre cubanos? Las consecuencias de la asfixia económica y diplomática sólo la pagan los cubanos de a pie.

Resumiendo, su posición negociadora es: yo tengo la verdad, los demás tienen que pensar todos como yo y por lo tanto el diálogo avanza cuando todos estén de acuerdo con mi manera de ver las cosas.

3. Los deslices ideológicos.

A Carlos Alberto Montaner le da casi vergüenza confesar que él fue un revolucionario radical como un error de juventud, es como si José Antonio Echevarria se tuviera que arrepentir de haber pensado como pensaba ¿por qué no puede comprender al otro? Luego dice que fue socialdemócrata por la justicia social y luego se hizo liberal por la libertad, ¿quién le dijo a Montaner que los socialdemócratas no son raigalmente demócratas y amantes de la libertad, de todas las instituciones de la democracia liberal y de sus garantías constitucionales? Esto lo silencia. Le sugiero a Carlos Alberto que se vaya acostumbrando a que los cubanos pensamos variopinto y muchos queremos un estado de bienestar keynesiano con todas las libertades incluidas pero no menos que eso. Muchos cubanos no estamos de acuerdo con el neoliberalismo que nos propone Carlos Alberto, ese que según el modelo tiene como condición indispensable eliminar los monopolios para que funcione de verdad la única y mágica ley del mercado, de oferta y demanda libres, para que no haya límites a “las fuerzas vivas”. No he visto aún en ningún lugar la eliminación de los monopolios y tenemos que creer en un modelo que significa un retroceso enorme con respecto a lo que ya ha vivido la población cubana, para que “las fuerzas vivas” no tengan ni control ni límites. Estamos hartos muchos cubanos, de los poseedores de la verdad sordos a las reivindicaciones de los demás. Por eso Carlos Alberto siempre me hace recordar a la dirección política del gobierno cubano en la misma posición con signo político diferente pero con la misma línea dura de la intransigencia que nos lleva siempre al diálogo de sordos, al callejón sin salida y a la violencia.

El miedo al cambio para los cubanos es también el miedo a perder los servicios de salud y educación y quedar totalmente desamparados, perder sus casas. No es sólo por el miedo a las represalias que no se pronuncian sino también por retroceder a un estado de liberalismo salvaje como el que propugna Montaner. Estoy segura que Carlos Alberto nunca le llamará neoliberalismo salvaje, para él es el mejor modelo económico a implementar pero los demás cubanos, aunque no sepan quién es Milton Friedman y el señor Montaner, sí le tienen temor a ese retroceso.

Y los temores son fundados, el maravilloso trabajo sobre reconciliación nacional dirigido por Marifeli Pérez Stable en el cual Carlos Alberto Montaner participó, no pudo llegar al acuerdo de discutir sobre el levantamiento del embargo/bloqueo ni sobre el litigio sobre las propiedades en una nueva Cuba, algo que muestra una polarización de criterios en dos aspectos vitales. Y Carlos Alberto en su intervención personal también afirmó que sólo la oposición democrática estaría en una posición reconciliadora. Como él desconoce a los opositores que piden el levantamiento del embargo/bloqueo dentro de Cuba, y todos los que quieren un cambio estructural de Cuba, no sé si estaba refiriéndose sólo a los que piensan como él.

No he discutido en este artículo mi vocación democrática y libertaria porque en eso todos coincidimos. Más allá de “la lista de lavandería” y de las libertades democráticas que todos necesitamos y queremos, avancemos más en escucharnos seriamente los unos a los otros para evitar el diálogo de sordos.



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