Actualizado: 29/05/2020 12:36
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Pensar y escribir la historia

En Cuba, la historiografía ha carecido de la polémica necesaria desde 1959 hasta la fecha.

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El novelista Reinaldo Arenas deja ver en sus relatos su visión caótica de la historia de Cuba, en la que la historia misma condena a la Isla al eterno infortunio; una historia cuyo hilo conductor es la desgracia. Afortunadamente, estas visiones pertenecen a la literatura del autor de Antes que Anochezca y escribir historia es un ejercicio mucho más complejo en el que influye el contexto social y político del historiador, además del espacio social donde realiza su trabajo.

En Cuba, la escritura de la historia, o historiografía, ha sido un ejercicio que lamentablemente ha carecido de la polémica necesaria, pues los debates en torno al tema, desde 1959, han sido relativamente pocos, al no contar con instituciones que los propicien, en tanto la narrativa de la historia ha estado fuertemente condicionada por el discurso político.

La historia como arma

El pasado es un recurso simbólico de gran riqueza donde los poderes echan mano para legitimarse por medio de un proyecto educativo. A partir de la llegada al poder de los Castro en 1959, hasta prácticamente 1968, se tomaron algunas medidas relativas a la escritura de la historia, como la fundación en 1962 de la Escuela de Historia, en la Universidad de La Habana, que graduó a la primera generación de historiadores de esa etapa.

Por otro lado, se crearon una serie de organismos políticos —como la Unión de Jóvenes Comunistas y la Federación de Mujeres Cubanas— que tenían entre sus funciones la escritura de cierto pasado. Pero como la política estaba por encima del mero conocimiento de la historia, se reconfiguró su papel como arma de la revolución. Esta arma simbólica se encargaría de erradicar los mitos creados por la historiográfica burguesa y, con ello, elaborar otros nuevos mitos con miras a absolver, por medio de la exaltación alegórica del pasado, un presente que tenía poco que festejar.

Al tiempo que se fundaban organizaciones para propiciar la investigación y la escritura de la historia desde una visión de Estado, como el Instituto de Historia de Cuba, en 1967 (cuyo primer director fue Julio Le Riverend), el Instituto Cubano de Estudios Históricos e Internacionales, creado en los años cuarenta por Emilio Roig, desapareció, después de su último congreso nacional en 1960, aun cuando Roig permaneció como Historiador de la Ciudad de La Habana hasta su muerte, en 1964. La creación del Instituto Cubano del Libro favoreció también que la impresión y difusión de los textos de Historia fueran únicamente desde el Estado, con una visión conveniente al proyecto revolucionario.

Uno de los textos de mayor difusión desde los primeros años de la revolución fue Fundamentos de la historia de Cuba, de Blas Roca, que ofrecía una óptica marxista bastante esquemática, donde los períodos de la historia del país están encuadrados en los modos de producción. A falta de una tradición marxista en los estudios de Historia, tanto Roca como algunos miembros del Partido Socialista Popular (PSP) marcaron los primeros derroteros en la historiografía.

Desde 1944, Carlos Rafael Rodríguez planteaba una escritura de la historia desde el marxismo, lo que tuvo poco impacto después de 1959. De acuerdo con Rodríguez (dirigente del Buró Ejecutivo Nacional del PSP), el marxismo, en tanto "teoría del proletariado", establece que la burguesía dejó de ser la clase conductora de los destinos e intereses de la nación desde 1895, por lo que, desde entonces, la vanguardia en la lucha por estos le corresponde a la clase obrera.

Por su parte, Manuel Moreno Fraginals estableció la necesidad de adoptar el método del materialismo histórico, para que la historiografía cubana, en tanto científica y "verdadera", superara su condición de burguesa y creadora de mitos. Para lograr tal objetivo, se requería, a juicio del experto, un historiador comprometido con su sociedad y su presente, e inmerso en la lucha de clases, por lo tanto, un historiador proletarizado.

Desde fines de los años sesenta, el historiador Jorge Ibarra vislumbró lo que sería una parte importante de la historiografía cubana, sobre todo la elaborada en los años setenta: "la fórmula es bien simple: la obra de algunos epígonos marxistas, más la tradición positivista cubana, igual a una 'hechología' marxista". De ahí que, años después, Ibarra no vaciló en estimar que en la Escuela de Historia de la Universidad de La Habana, dada su débil formación teórica, se sembraron dragones y se cosecharon pulgas.

Cien años, una misma historia

No fue hasta el discurso de Fidel Castro por el centenario de las guerras de independencia que comenzó propiamente la narrativa del período revolucionario. En su arenga, Castro hizo un revisionismo, al establecer los principales cortes, héroes y antihéroes, así como los sujetos y procesos determinantes. Dicho en pocas palabras, la historia de Cuba es la de los cien años de lucha por la independencia: comienza en 1868 con el Grito de La Demajagua y finaliza con el triunfo de la Revolución en 1959. Puede sintetizarse con la frase: "Nosotros entonces habríamos sido como ellos; ellos hoy habrían sido como nosotros".

De forma rápida y un tanto esquemática, se puede decir que la historia es "un eterno Baraguá". Por lo tanto, los períodos más estudiados y, al mismo tiempo, más promovidos por el Estado, son la primera guerra de independencia, la guerra de independencia de 1895, que centra su atención en la figura y obra de José Martí; y la primera intervención norteamericana, con un recuento estricto de los eventos políticos y militares, y los intentos de anexar Cuba a Estados Unidos.

Gran parte de las investigaciones sobre los hechos de la primera mitad del siglo XX en Cuba han sido dedicadas a las luchas estudiantiles de los años veinte, la revolución del 33 y, por supuesto, la "lucha libertadora" de los años cincuenta, que prácticamente ha absorbido el análisis de esa época.

De igual forma, el personaje histórico por excelencia es el "revolucionario": desde Carlos Manuel de Céspedes, Antonio Maceo, José Martí y Julio Antonio Mella, a Fidel Castro. La selección de estos temas y personajes no es gratuita, sino que podría enmarcarse dentro de un proceso de construcción de una tradición revolucionaria, en la cual el pasado significativo y simbólico le da forma a la misma tradición, con características que en conjunto ofrecen una versión lineal de la historia, una continuidad en los procesos y, por lo tanto, una versión donde el principio y el fin es la revolución de 1959.

La nación y lo nacional, entiéndase lo revolucionario (de acuerdo con la historiografía de 1959 en adelante), se debaten, en estos cien años, contra su versión anti, ya sean los intereses norteamericanos, españoles o cubanos, o cualquier política o ideología que no abogara por la vía revolucionaria.

La construcción de una tradición revolucionaria y nacionalista en las narrativas de la historia denota un pasado cerrado y rígido, que deja muchos espacios y personajes en blanco, sobre todo en su urgencia por llegar y justificar el presente socialista.

El discurso político y la historia

Los discursos de Fidel Castro estaban cargados de largas referencias al pasado, siendo un lugar común sus palabras al tomar triunfante la capital hasta la "batalla de ideas", pasando por todas sus intervenciones en los congresos del Partido Comunista. En la visión "estatólatra" de la historia recae el peso de las acciones y determinaciones de la dirigencia, que encuentra también un espacio de legitimación, pues para Fidel Castro, ávido lector de historia militar, la historia es un mero tribunal que emite condenas y licencias a su antojo.

En resumidas cuentas, la escritura oficial de la historia es un discurso tradicional que se escribe y se hace desde los hechos políticos y militares, la guerra y la revolución, y en el que los períodos de paz son el tiempo muerto del discurso de la revolución, como dijera el historiador Rafael Rojas.

Establecemos que el hilo conductor de la historiografía isleña es la eterna lucha por salvaguardar los intereses de la nación, ya que a partir de las guerras por la independencia y su continuidad histórica, como se mencionó, se creó una supuesta misión histórica para cumplir los destinos de la nación; los enemigos externos son requisito fundamental para manejar intereses internos y justificar agresivas políticas.

Un acercamiento a ciertos momentos del pasado inmediato de la revolución tiene dos efectos: dificulta las comparaciones entre sistemas económicos y políticos y, al redimensionar el presente revolucionario, poniendo el acento en aquellos aspectos negativos del pasado, crea la ilusión de que se vive en mejores condiciones. Por lo tanto, la historiografía revolucionaria, como otras tantas, no sólo hace un análisis desinteresado del pasado, sino que a través de éste, no sólo se pretende entender el presente, sino que permite construir los cimientos del futuro.

La visión de la historia desde el Estado no es un ejercicio propio del régimen cubano, sino de los sistemas políticos en general, sobre todo de aquellos que en épocas pasadas hacían hincapié en la construcción del Estado-nación. La diferencia entre la historiografía hecha en la Isla y la que se elabora en sociedades democráticas, radica en que en esta última las diferentes versiones del pasado conviven sanamente y, lo más importante, existen las posibilidades y los recursos para que el historiador aborde los hechos desde metodologías que pueden brindar elementos para la desmitificación del Estado-nación.

Actualmente, coexisten diversos pasados, lo que no significa que haya pluralidad. Las narrativas tradicionales prevalecen y tienen mucho auge, como se observa en los títulos que publica el Instituto Cubano del libro, en el plan de estudios de la Escuela de Historia de la Universidad de La Habana, y en las investigaciones del Instituto de Historia de Cuba.

Estos relatos rígidos y cerrados del pasado prevalecen hasta la fecha. Sin embargo, a mediados de la década de los años noventa, comenzó una nueva etapa, que aborda el pasado básicamente desde la historia social.


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