Actualizado: 22/10/2018 10:05
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New York Times, Cuba, Historia

Periodismo basura e historia

Quienes echan mano al mito del silencio en 1961 para ejercer la crítica sobre el NYT en 2014 dan lástima, según el autor

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Los editoriales en ráfaga de The New York Times a favor del castrismo tardío dieron pie hasta para enfocarlos históricamente. Además de este, el NYT habría cometido —según el Dr. Juan Antonio Blanco (Miami-Dade College)— dos graves errores en la cobertura del problema cubano: “En 1957 Herbert Matthews fue hábilmente engañado por Fidel Castro” y en 1961, el periódico “calló la información obtenida sobre el ya inminente desembarco de Bahía de Cochinos”.

Dejemos a Matthews —muchos cometieron igual error sin leer el NYT— para advertir que el episodio de que el Presidente Kennedy, “al lamentarse por haber solicitado ese silencio, dijo que de haber publicado The New York Times lo que sabía le habría ahorrado un desastre”, es uno de los mitos que W. J. Campbell (Universidad Americana) desacredita como junk food of journalism en su libro antológico Getting It Wrong (University of California Press, 2010).

Kennedy, NYT y Bahía de Cochinos

A poco de fracasar la Operación Zapata, JFK soltó al editor jefe del NYT Turner Catledge: “Maybe if you had printed more about the operation, you would have saved us from a colossal mistake”. El 13 de septiembre de 1962 reiteró al director Orvil Dryfoos: “I wish you had run everything on Cuba. I´m just sorry you didn´t”.

JFK lamenta que el NYT guardó silencio por no publicar más o todo antes que “por haber solicitado ese silencio”. Tampoco Catledge ni Dryfoos refirieron jamás que JFK hiciera tal solicitud. Lo que sí consta es que la administración Kennedy pidió, el 20 y el 21 de octubre de 1962, aguantar los reportajes en curso sobre la crisis de los misiles por razón de seguridad nacional (Daniel, Clifton, A Footnote to History: The Press and National Security, 1966).

Desde el reportaje de Paul Kennedy “U.S. Helps Train an Anti-Castro Force at Secret Guatemalan Air-Ground Base” (NYT, 10 de enero de 1961) hasta la columna en que James Reston se preguntó, la víspera del bombardeo, hasta qué punto el gobierno de EEUU estaba preparado para ayudar a los exiliados “if they get in trouble once they land” (NYT, 14 de abril de 1961), el NYT publicó todo lo que sabía sobre la invasión en cierne. A tal punto que, al leer el artículo de Tad Sulcz “Anti-Castro Units Trained to Fight at Florida Bases” (NYT, 7 de abril de 1961), JFK comentó a su secretario de prensa, Pierre Salinger: “Castro doesn’t need agents over here. All he has to do is read our papers” (Peter Wyden, Bay of Pigs, Simon and Schuster, 1979, p. 155).

Hearst, NYJ y la guerra en Cuba

El periodismo basura estadounidense elaboró también el plato con sabor cubano que el Dr. Ignacio Ramonet sirve así: “William Randolph Hearst (…) movilizó todos sus periódicos para provocar la intervención de EEUU en la guerra de Cuba. El magnate envía a un corresponsal, que desde allí manda un telegrama diciendo que tal guerra no existía y regresa sin información. Hearst le contesta en una carta célebre: "Mándeme dibujos, ilustraciones y textos, que yo le mando la guerra”. Entonces ocurre la explosión del navío norteamericano Maine...” (“La guerra en los medios y un mundo sin rumbo. Crisis de fin de siglo”, Papeles de cuestiones internacionales, No. 62, Madrid, 1997, pp. 79-90).

No hay constancia ni del telegrama ni de la carta que refiere Ramonet, sino tan solo de que Hearst envió a Cuba, en enero de 1897, al reportero Richard Harding Davis y al dibujante Frederic Remington precisamente a cubrir la guerra de independencia para The New York Journal. El 16 de enero de 1897, Remington abordó el vapor Séneca en La Habana, de regreso a Nueva York, y enseguida el NYJ publicó sus dibujos e ilustraciones sobre la situación en Cuba. Davis se quedó en Matanzas reportando sobre “extermination and ruin” en la Isla.

Tal como demuestra el profesor Campbell, Ramonet y otros muchos se han tragado la guayaba que el periodista James Creelman metió en sus memorias (On the Great Highway, Lothrop Publishing Company, Boston, 1901): Remington cableó a Hearts: “Everything is quiet. There will be no war. I wish to return”, y Hearst respondió: “Please remain. You furnish the pictures, and I’ll furnish the war”.

Coda

Al enlazar ese mito de una corresponsalía del NYJ en 1897 con la explosión del Maine al año siguiente, Ramonet no da información, sino lástima. Igual suerte corren quienes echan mano al mito del silencio en 1961 para ejercer la crítica sobre el NYT en 2014.


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