Actualizado: 20/02/2020 21:12
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Cuba, Exilio, Pitbull

Pitbull y la Inquisición

Ni el pecado ni la contrición fueron el mayor error de Pitbull durante la entrevista en Univisión. Fue la tal vez fingida ignorancia de los hechos que utilizó en su defensa

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El rapero y reguetonero Pitbull, cuyo nombre artístico es también la denominación de un mastín de pelea americano, pidió perdón por sus pecados el domingo ante las cámaras de la cadena Univision.

¿Pero cuáles fueron los pecados de Pitbull?

Había invitado para el gran concierto de fin de año en Miami al grupo Gente de Zona, que vive entre Cuba y Miami pero que, inexplicablemente para el exilio radical cubano en esta ciudad, no se ha rebelado todavía contra el gobierno de la Isla. Prueba de ello es que uno de sus principales integrantes, Alexander Delgado, cometió el imperdonable atrevimiento de saludar desde el escenario al presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, que se encontraba la noche de un gran concierto en La Habana entre su público.

Pero existe una segunda prueba. La comprometedora filmación de otro concierto. En ella aparece un nieto de Raúl Castro —al que le dicen cangrejo— bailando un reguetón. También con Gente de Zona. Dos graves pecados de hace dos y tres años respectivamente.

Por todo ese cúmulo de cosas, las autoridades político-ideológicas de Miami eliminaron a Gente de Zona del concierto organizado por Pitbull. Pero parece que al Pitbull no le gustó mucho aquello y se atrevió, la noche del gran concierto de Miami, a saludar desde el escenario al grupo musical eliminado con una frase políticamente incorrecta. Dijo: “Porque la música es la música y la política es la política”. A falta de una herejía, Pitbull había cometido dos.

Pero el arrepentimiento del hereje no tardó. La sorprendente sesión tuvo lugar el pasado domingo en la cadena Univision, programa Al Punto, del presentador Jorge Ramos, quien abandonó su guerra particular con Donald Trump por un ratico para convertirse él mismo en Trump y emprenderla contra el reguetonero.

Ese día Armando Christian Pérez, nombre verdadero de Pitbull, conversó tenso con Ramos. La conversación entre pecador y periodista parecía ser una entrevista, pero no lo fue. Porque el propósito de Ramos, o al menos así lo pareció, no era preguntarle al artista sobre sus motivaciones y criterios, sino llevarlo de la mano hacia el arrepentimiento y la disculpa, que es lo mismo que el perdón. Fue un programa estupendo de contrición y penitencia. Todo planificado de antemano.

Pitbull siempre supo a lo que iba. Y así quedó saldado el tema. Todo bajo control. Cada cual representó perfectamente su papel: Pitbull el Hereje, Ramos el Inquisidor, y Ninoska Pérez Castellón, el Santo Oficio, que le concedió —después de una autoinculpación televisada al mejor estilo comunista— magnánimamente al hereje su perdón.

Pero quisiera dejar algo claro. La comparación con el Santo Oficio no significa crítica alguna hacia el proceso seguido contra Pitbull. Más bien todo lo contrario: anima al elogio y a una apropiada reflexión. Porque los inquisidores de Miami hicieron lo correcto: los procesos inquisitoriales siempre son efectivos en defensa de la fe. La católica, la protestante y hasta la judía por aquello de la crucifixión —sin ánimo alguno de comparar a Pitbull con la excelsa figura de El Señor— así como la nazi, y la franquista y por supuesto la comunista, en su variante histórica cubana, que es la que más influye aquí. ¿Alguien puede negarlo? Como una hidra de dos cabezas que se muerden una a otra pensando que combaten, cada una de ellas, por la libertad.

Ni el pecado ni la contrición fueron el mayor error de Pitbull el pasado domingo. Fue la tal vez fingida ignorancia de los hechos utilizada en su defensa frente a Ramos.

Balbuceó “no sabía”, “yo viajo mucho”, “Cuba es Cuba, Miami es Miami”, “lo mío es unir”, “hay que explicar”. Fue evidente que, Mr. Worldwide, como le gusta llamarse al Pitbull, se mueve mejor en el escenario como cantante que en un estudio como acusado.

Lo mejor es cantar y no politiquear. Como cuando le salió del alma decir libremente aquella noche: “la música es la música y la política es la política”. ¡Ah! Esa libertad que debe vibrar siempre en un artista. Dime, Armando Christian Pérez, ¿cuándo te sentiste un hombre más libre? ¿Cuándo disfrutaste de tu hermosa rebelión, al saludar desde el escenario a toda voz a dos artistas censurados o cuándo tuviste que pedir perdón por haberlos saludado?


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