Actualizado: 26/11/2021 14:39
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Congreso del Partido

Por fin el Congreso del Partido

Se están gestando una serie de cambios que rediseñarán de manera muy significativa la extremada centralización del Estado cubano

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Finalmente, tras 14 largos años, el presidente Raúl Castro anunció en noviembre la celebración del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC). Añadió que el Congreso —que se celebrará en abril de 2011— se centrará únicamente en temas económicos, basados en el debate sobre el documento Lineamientos de Política Económica y Social, un conjunto de políticas económicas que se viene discutiendo en toda la nación desde noviembre, proceso que se extenderá hasta el próximo marzo. Tras lo cual tendrá lugar una Conferencia Nacional del Partido para debatir y decidir otros temas, que incluyen la renovación de la dirigencia.

Que no se haya celebrado un congreso en 14 años resulta, como mínimo, algo muy irregular. Un período en el que se impidió que emergieran ideas frescas y nuevas, discusiones necesarias, críticas, nuevos argumentos para creación de consensos y otros temas importantes que no consiguieron expresarse de manera orgánica y libremente; y durante el cual casi la mitad de los miembros del Comité Central y del Buró Político fueron separados de sus cargos, y otros fallecieron. Las promociones más jóvenes se han visto limitadas a niveles municipales y provinciales, y al Consejo de Ministros, pero no han podido acceder al Comité Central ni al Buró Político.

Los Lineamientos constituyen, de hecho, un conjunto de políticas que traerán consigo muchos, muchos cambios en la economía y el sistema social cubanos. Puede que la retórica oficial se niegue a utilizar términos como cambio, reforma, o rediseño, aceptando únicamente el de “actualización”, y resulta inevitable y comprensible, hasta cierto punto, que una buena muestra de retórica forme parte del envoltorio que cubre el paquete de medidas actual.

Lo que resulta evitable e incomprensible es la total ausencia de crítica en la Introducción de los Lineamientos respecto al estilo de funcionamiento y las políticas que en el sector económico fueron adoptados para afrontar la crisis económica estructural en que se sumió la Isla tras 1989 y, sobre todo, respecto a las desastrosas políticas de los últimos 14 años. Durante más de 20 años el único intento serio para intentar conjurar la crisis —profundamente enraizada en la sociedad cubana durante demasiadas décadas— fue el Perfeccionamiento Empresarial (PE): lo único que tuvo sentido, funcionó realmente e hizo que el país produjera y fuera eficiente. Resultaba tan obvio que, por esa razón, el PE —puesto a prueba con diligencia, y luego aplicado con mayor amplitud, desde las Fuerzas Armadas cubanas— fue finalmente adoptado como plataforma económica del Partido en su V Congreso (1995). Sin embrago, existía un obstáculo importante a la hora de poner en práctica esta nueva plataforma económica: la sistemática renuencia de Fidel Castro y su oposición en la práctica. Hace cuatro años, justo después de que Raúl Castro asumiera el poder, Granma publicó —¡qué casualidad!— una extensa entrevista al secretario del Grupo Gubernamental del PE, coronel Armando Pérez, que revelaba los éxitos del sistema y lo prometedora que sería su ampliación a otros sectores. Pero ahí quedó todo.

Ahora en la Introducción y, en general, en los Lineamientos, no se menciona el término PE, ni siquiera una vez, lo que carece de toda seriedad. Todas las personas que participaron en la creación de los Lineamientos actuales formaron parte del PE, pero no sólo eso: todo el diseño e incluso una gran parte de los términos empleados en su redacción provienen del PE. Entonces, ¿por qué negarse a utilizar esa misma terminología? Para complacer a Fidel Castro y aparentar que se está partiendo de cero. Plantear que los Lineamientos se inspiran en ideas de Fidel Castro no se ajusta a la realidad de la política cubana de los últimos 25 años. La agonía que se produce al intentar asumir la autocrítica y guardar las apariencias constituye siempre un ejercicio extremadamente agotador.

El otro ángulo significativo en la Introducción está en el intento de culpabilizar a otros. Según esta sección de los Lineamientos, las causas de la actual crisis económica se encuentran en una combinación de circunstancias hostiles, como el hecho de que Cuba sea una economía abierta, demasiado dependiente de las importaciones; el colapso de los precios mundiales del níquel; el bloqueo estadounidense; el impacto devastador de 16 huracanes que azotaron la Isla entre 1998 y 2008 con un coste de más de 20.000 millones de dólares; y la actual recesión internacional. Todas estas razones son ciertas y representan una fuerte carga para la economía del país.

Pero cuando se trata de analizar las causas internas como la paralización del PE, otras políticas fallidas y errores garrafales, etc., sólo se mencionan unos pocos problemas antiguos de la economía, como la baja eficiencia, la descapitalización de las bases y las infraestructuras productivas, y el envejecimiento de la población. ¿Y eso es todo? ¿Quién inventó la Ofensiva Revolucionaria de 1968? ¿Quién se dirigió a la Asamblea Nacional en 1995 diciendo “no más reformas”? ¿Quién se encargó de burocratizar la nueva Ley de Inversiones, impidiendo un flujo adicional de capital extranjero, tecnologías, mercados y nuevos empleos? ¿Quién se encargó de “reestructurar” la industria azucarera para llevarla luego al nivel más bajo de producción y productividad en toda su historia? ¿Qué sucedió con la industria citrícola tras su recuperación en 2000? A principios de los 70 la segunda fuente de ingreso en divisas de la Isla era la industria pesquera, ¿qué sucede ahora con ese sector? ¿Dónde está la respetable flota mercante que poseía Cuba a principios de los 80? ¿Quién ha hecho imposible que la Asamblea Nacional apruebe una legislación coherente y definitiva sobre la vivienda y la propiedad inmobiliaria? El listado es extenso y no debe olvidarse. Son lecciones difíciles y costosas.

Afortunadamente, un nuevo sentido de responsabilidad social y económica y de urgencia parece ganar terreno, y los Lineamientos, así como los cambios respecto a la tenencia de la tierra y otros temas, son un buen ejemplo de ello. Se está gestando una serie de cambios que rediseñarán de manera muy significativa la extremada centralización del Estado cubano, seguidos por un nivel sorprendente de descentralización (en el funcionamiento de la economía y las finanzas, los ingresos, la autosuficiencia, la gestión empresarial y la toma de decisiones) en las provincias y municipios. El régimen tributario y el sistema bancario se convertirán, según Raúl Castro, en las herramientas clave para la regulación por parte del Estado.

Los oficios y las pequeñas empresas privados, así como las cooperativas, crecerán en la agricultura, la construcción, el trasporte, las reparaciones, los servicios, incluyendo el arrendamiento de viviendas a los turistas; los bancos estatales ofrecerán préstamos y líneas de crédito; y se tendrá acceso a insumos, abastecimientos, herramientas, mecanismos de importación y exportación, etc. Otras miles de hectáreas serán entregadas a productores individuales y cooperativas. Y ya se ha acogido la asesoría de naciones de la Unión Europea y Brasil para la promoción de la pequeña y mediana empresa, así como la diseminación del Doi Moi (la experiencia vietnamita), diversos ejemplos de China e, incluso, de India.

Asimismo, se está procurando el pago riguroso de la deuda externa de la Isla, la promoción de su asociación con el capital y créditos extranjeros, la promoción de las “Zonas Especiales de Desarrollo” en Cuba y de empresas mixtas cubanas en el exterior, que incluye la participación de especializadas compañías constructoras y diseñadores foráneos al desarrollar complejos proyectos de inversiones, y, por supuesto, la ampliación de los vínculos con Venezuela y otros países latinoamericanos a través de acuerdos bi y multilaterales de inversiones y cooperación.

De hecho, Cuba emprenderá reformas muy significativas si se compara con lo que el país es en la actualidad. Más vale tarde que nunca, dice el antiguo adagio. Ha quedado atrás el pasado, y ya se revela el gran potencial de estos cambios y de otros que vendrán. El debate inicial de los Lineamientos entre dirigentes y cuadros cubanos, que tuvo lugar a mediados de noviembre, se prolongó muchas horas e incluyó muchos temas e interrogantes candentes. Raúl Castro tuvo que hacer uso de la palabra en repetidas ocasiones, aclarando cuestiones y con un talante muy receptivo. Una pequeña muestra de lo que se espera suceda cuando se debatan los Lineamientos a nivel de cuadra y barrio, fábricas e instituciones. La gente no se quedará callada; las experiencias de 1991 (los debates a raíz del Llamamiento al IV Congreso), y los que tuvieron lugar en 2007 constituyen un buen ejemplo del nivel de crítica que es de esperar. Incluso los miembros del Partido alzarán sus voces esta vez más abierta y fuertemente que antes. Y los Veteranos, reunidos en la Asociación de Combatientes de la Revolución (ACR), están entre los partidarios más activos de los cambios necesarios. 2011 será un año extremadamente interesante en lo que a asuntos cubanos se refiere.



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