Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Represión, Intelectuales, Racismo

¿Por qué no estoy en LASA?

El historiador y portavoz del Arco Progresista ha dirigido esta carta abierta a la Asociación de Estudios Latinoamericanos

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Mi país, Cuba, persevera en la no normalidad. Es el país que ha tenido, por ejemplo, más representación numérica en los congresos de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA) al tiempo que ha sido el de menor representación plural en sus debates. Es al mismo tiempo el país que genera más pasiones encontradas en el hemisferio occidental, y el que menos tolera el encuentro de sus diversas pasiones dentro de la isla. Es también el lugar donde, como se solía decir antes en América Latina, la ley solo existe para los enemigos.

Por esas tres razones no puedo participar en este congreso de LASA. El pasado año fue el último en el que la Cuba oficial monopolizó los paradigmas del debate sobre Cuba, desde Cuba, en un evento de esta solvencia. En el 2013 pude participar por primera vez, junto a dos entrañables colegas, en este prestigioso encuentro de ideas para abrir, también por primera vez, la posibilidad de que el pensamiento independiente dentro de Cuba fuera reconocido en el mismo espacio en el que por años ha sido reconocido solo el pensamiento orgánico del poder, que a veces suele ser crítico. Parecía que el gobierno comenzaba a aceptar cierta normalidad, al menos en la discusión entre cubanos diferentes que habitan el mismo espacio territorial. Pero su intolerancia al encuentro civilizado de pasiones distintas al interior de Cuba amenaza con revertir el derecho a la diferencia, es decir, el paso a la normalidad. Y entonces usan, con abuso, la ley.

¿Cuál de ellas? La que proviene del poder, no de la autoridad. El 26 de enero del presente año fui detenido por el intento de organizar un Foro Alternativo a la II Cumbre de la CELAC. ¿Para qué este Foro Alternativo? Para discutir sobre la Declaración Constitutiva de este espacio sub hemisférico que reúne a Jefes y Jefas de Estado de América Latina y el Caribe, como ocurre en cualquier cumbre que se organiza en el mundo. ¿Qué dice la Declaración Constitutiva de la CELAC? Bueno, que todos los ciudadanos latinoamericanos y caribeños tenemos los derechos fundamentales que debemos tener y que los Estados están obligados a proteger. Excepto el cubano. Por esta excepción en las Américas, estuve cuatro días en una celda, por cuatro días fui interrogado y, luego de liberado, se me impuso una Medida Cautelar que me obliga a acudir todos los martes a una estación policial a firmar mi presencia hasta el día presumible en que se me celebre juicio. Porque estuve detenido por defender lo que se supone promueve el Estado en mi país, saliendo con una acusación de los viejos tiempos de Josef Stalin: “Difusión de Noticias Falsas contra la Paz Internacional”, según el Artículo 115 del Código Penal que pretende disciplinar la opinión a partir de la última Constitución de corte soviético que existe en el mundo: la Constitución cubana de 1976. Dicen las autoridades que mis numerosos textos y ensayos sobre la realidad, fundamentalmente relacionados con el tema racial, amenazan la paz en este mundo.

Lo que constituye un pretexto, de una ridiculez pantagruélica, que nadie puede sostener si acude a LASA a hablar de Memoria y Democracia. Precisamente porque organicé un Panel en esta edición 2014 titulado: Cuba: la memoria de la democracia, el gobierno de mi país recuerda que soy un “enemigo de la paz internacional” y me restituye una Medida Cautelar que me había sido suspendida hacía un mes. El martes 8 de abril dejé de firmar en la hoja 378 de la 5ta. Estación de la Policía de La Habana porque se me comunicó que aquella medida quedaba sin efecto. El miércoles 7 de mayo se me cita para hacerme saber que se me restituía la Medida Cautelar, firmando ahora en la hoja 414 de la misma Estación, exactamente dos semanas antes del encuentro de buena parte del pensamiento y la academia hemisférica en la ciudad de Chicago. Una muestra ejemplar de un propósito de poder que exagera en sus evidencias contra el ejercicio consistente de la ley.

Pero doy a conocer este testimonio sin quejas. Las ideas tienen consecuencias y el detalle está en asumirlas con carácter. Solo enuncio lo que sigue sucediendo en mi país por debajo de la narrativa pro forma que quiere dar del Estado cubano una imagen inversa a su realidad. Lo importante es el precedente que pone en cautela jurídica al otro, y que podría prolongar la cincuentenaria suspensión de derechos en Cuba con el expediente penal de criminalizar las ideas e iniciativas que provienen del pensar, que solo puede hacerse desde la diferencia. Esta es digamos que mi alerta en la academia.


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