Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Cambios, EEUU, Cuba

¿Qué se viene en Cuba?

En un régimen democrático las encuestas de opinión proporcionan información sobre la posición de la población e influyen la conducta y decisiones de los políticos

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El 16 de enero el gobierno de EEUU adoptó las primeras medidas hacia la normalización de las relaciones con Cuba, cambio que será difícil revertir. Seguramente hay consideraciones de realpolitik detrás de la decisión adoptada por el presidente Barack Obama en adición a la opinión existente en 2008 cuando el entonces candidato presidencial prometió modificar la política hacia la Isla. También es pertinente tener presente la opinión internacional generalizada adversa a las sanciones, así como las encuestas de opinión a la población estadounidense y cubanoamericana que apoyan el restablecimiento de las relaciones diplomáticas, el fin del embargo comercial y la eliminación de las prohibiciones a las visitas de todos los estadounidenses a la Isla.

Apoyo al cambio de política en 2008

Madeleine Albright, la exsecretaria de relaciones exteriores del presidente Bill Clinton, en su libro Memo to the President Elect: How We Can Restore America's Reputation and Leadership, argumentó en contra de las sanciones unilaterales en 2008 (p. 93-98). A menos que las sanciones tengan apoyo internacional generalizado, no logran el efecto pretendido, no afectan a la élite gobernante sino a la población en general y después de cierto tiempo el gobierno afectado realiza ajustes para limitar sus efectos adversos.

Por ser estimado obsoleto y su levantamiento inevitable, el relajamiento del embargo fue apoyado por organizaciones no partidistas de EEUU, como el Center for the Study of Globalization de George Washington University, el Atlantic Council y el Council for Foreign Relations; entidades libertarias como el Lexington Institute y el Cato Institute; Mario Loyola en la neoconservadora Weekly Standard; Brent-Scowcroft, el exasesor de Seguridad Nacional republicano, George Shultz el exsecretario de Estado republicano y los excandidatos presidenciales Christopher Dodd, Dennis Kucinick y Ron Paul, así como parcialmente por Barack Obama y Bill Richardson y fue adoptada en la plataforma del partido demócrata de 2008.

Opiniones y encuestas

A nivel internacional la política de las sanciones unilaterales fue condenada anualmente por amplios y crecientes márgenes en la ONU. La Asamblea General de 2014 adoptó por 23er año consecutivo y mediante una vasta mayoría una resolución condenando las sanciones de EEUU a Cuba y solicitando su derogación. La propuesta fue respaldada por 188 votos a favor, tres abstenciones (Micronesia, Palau y las Islas Marshall) y dos votos en contra, EEUU y Israel. En 2014 la resolución obtuvo más votos que nunca antes. De los 59 países que la apoyaron en 1992, el número aumentó progresivamente a 179 en 2004 y 183 en 2006. Además los foros iberoamericanos y regionales han solicitado la reconsideración de la política de EEUU o, al menos, de sus aspectos centrales, ya que se oponen a este tipo sanciones en tiempos de la globalización y la interdependencia, y apoyan el diálogo y la negociación para la resolución de los conflictos.

En un régimen democrático las encuestas de opinión proporcionan información sobre la posición de la población e influyen la conducta y decisiones de los políticos, quienes suelen tomar decisiones sobre los temas que la población respalda.

La encuesta realizada por la CBS News en 18-21/12/2014 muestra que el 54 % de los entrevistados aprueba el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y comerciales con Cuba, frente al 28 % que la desaprueba y el 18 % que no está seguro o no contestó. Asimismo, el 77 % apoya que se permitan los viajes de todos los estadounidenses a la Isla, con oposición del 17 % y el 6 % no está seguro. Otras dos encuestas de CNN/ORC (18-21/12/2014) y ABC/Washington Post (17-21/12/2014) muestran conformidad con restablecer las relaciones diplomáticas del 63 % y 64 %, terminar el embargo comercial del 55 % y 68 %, y eliminar las restricciones al viaje de los estadounidenses a Cuba del 67 % y 74 %, respectivamente.[1]

Lo anterior no es coyuntural como señaló Carlos A. Montaner, es consistente con la posición anterior de los estadounidenses sobre el tema. En una encuesta de Gallup del 20-21/4/2009, después de la primera elección del presidente Obama, los estadounidenses apoyaron en un 60 % el restablecimiento de las relaciones diplomáticas, con oposición del 30 % y el resto sin opinión; el 51 % respaldó eliminar el embargo comercial, 36 % se opuso y 13 % no expresó su opinión; así como el 64 % favoreció eliminar las restricciones al viaje de los estadounidenses, el 27 % se opuso y el 9 % no estaba seguro.[2]

De acuerdo a la encuesta de FIU efectuada entre los cubanoamericanos de Miami Dade, en junio de 2014, el 71 % opina que el embargo no ha funcionado muy bien o en lo absoluto, el 52 % se opone a la continuidad del embargo, el 68 % respalda el restablecimiento de las relaciones diplomáticas, el 69 % apoya el viaje irrestricto de todos los estadounidenses, el 71 % favorece fuertemente o mayormente los contactos “pueblo a pueblo”, el 53 % votaría por candidatos que apoyen el restablecimiento de las relaciones y el 81 % (probablemente o algo probable) votaría por candidatos que apoyen sustituir el embargo por una política que presione al gobierno cubano sobre los derechos humanos.[3]

Los inmigrantes cubanos a EEUU más recientes tienen una actitud marcadamente diferente de los inmigrantes previos sobre respaldar una apertura de las relaciones de EEUU con Cuba, lo mismo sucede con los cohortes más jóvenes de la población por edades, mientras más jóvenes, mayor es el apoyo al cambio de política. Los emigrantes de 1959-1964 favorecen la continuidad del embargo en 55 % y se oponen en un 45 %, mientras que los de 1995-2014 lo apoyan en un 42 % y se oponen en 52 %. La población de 18 a 29 años respalda el restablecimiento de las relaciones en un 88 % mientras que la población de más de 65 años lo hace en un 41 %. Los de 1959-1964 apoyan restablecer las relaciones diplomáticas en 47 %, en contraste los de 1995-2014 lo respaldan en 80 %. Los de 1959-1964 favorecen el viaje irrestricto de todos los estadounidenses a Cuba en 43 % y se oponen en 57 %, mientras que los de 1995-2007 lo apoyan 80 % y se oponen en 20 %. Los de 1959-1964 respaldan fuerte o mayormente los contactos “pueblo a pueblo” en 49 % mientras los de 1995-2014 lo hacen en 84 %.

Realpolitik, la economía importa

Por años las autoridades estadounidense han estado preocupadas por el éxodo irregular y desordenado desde la Isla. Recientemente Pat DeQuattro, excapitán del Servicio de Guardacostas de EEUU, se pronunció sobre mantener el orden y la seguridad debido al alza de balseros, precipitada por la situación en la Isla y en particular por el temor a que se discontinúe la política de “pies secos, pies mojados” después del anuncio del 17 de diciembre.

Es probable que con la ralentización de la economía en 2014, anterior al desplome de los precios del petróleo y la posterior involución de Venezuela, esté comenzando otro periodo especial determinado por el menor pago que Venezuela puede efectuar en petróleo y efectivo por los servicios profesionales (y otros) que Cuba le brinda.

Los acuerdos anuales de cooperación entre Venezuela y Cuba que se firmaban con gran algarabía a principios de cada año, y aportaban entre US$1 y $2 mil millones anuales en inversiones a la Isla, ahora se mencionan discretamente y ya no incluyen grandes proyectos como la refinería de Cienfuegos.

El valor de las reexportaciones petroleras (unos 55 mil barriles diarios (mbd), dado que Cuba recibía unos 105 mbd, pero solo utilizaba internamente unos 50 mbd) son definitivamente menores en unos US$1 mil millones solo por la caída del precio de petróleo, pero probablemente sean mayores por la reducción de los envíos de petróleo.

Según Horacio Medina, exgerente de PDVSA, los envíos se han reducido a 70 mbd, lo que significa una reducción del total de ingresos por reexportaciones petroleras de unos US$1,6 mil millones.

A principios de 2014 Pavel Vidal anticipó una posible recesión cubana por la reducción gradual de la ayuda venezolana debido a los problemas de ese país, que indiscutiblemente se han agudizado por el desplome del precio y la reducción de la producción del crudo.

Luis Luis analizó en detalle el efecto de las medidas adoptadas por EEUU el 19 de diciembre de 2014, las estima en un aumento de las entradas de divisas de US$500 millones a $600 millones, o sea del 0,5 % al 0,6 % del PIB en 2015.[4]

El efecto, si bien es significativo en sí mismo, es menor al de la reducción de las reexportaciones de petróleo y la degradación de los convenios anuales de inversión de Venezuela en Cuba, por lo que deberá producirse una recesión en la Isla.

En los años 1990s Fidel Castro adoptó medidas hasta entonces inconcebibles para enfrentar la crisis del periodo especial. Raúl Castro tendrá que hacer algo similar próximamente pues no tiene otra alternativa, aunque en esta ocasión dispondrá de opciones adicionales provenientes de la modificación de la política estadounidense en un momento que la economía de EEUU tiene un particular dinamismo y fortaleza a nivel internacional.

En su libro Economic Normalization with Cuba, Clyde Hufbauer y Barbara Kotschwar del Peterson Institute proponen una ruta crítica para normalizar las relaciones entre EEUU y Cuba. Señalan que los cambios normalizadores de EEUU deberían ser graduales para (1) evitar los efectos negativos de retrasar las reformas internas de Cuba, favorecer los intereses creados y la corrupción de los funcionarios públicos, así como (2) para favorecer que se otorgue igualdad de oportunidades a los cubanos y a las empresas estadounidenses.

Quienes deseamos un cambio del sistema vigente en Cuba porque el actual ha fracasado rotundamente, aún con las limitadas reformas que Raúl Castro ha realizado a partir del 26/07/2007, debemos solicitar, presionar y apoyar, en forma realista y pragmática, cambios absolutos y completos sobre los derechos ciudadanos, la descolectivización de la economía y dar un mayor rol al mercado sobre las entorpecedoras regulaciones y restricciones burocráticas vigentes.



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