Actualizado: 20/10/2021 13:39
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Panel de opinión

Respuesta de Arturo López-Levy

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1) ¿Cree usted que sería posible que en Cuba el descontento existente llegara a expresarse de la misma manera, mediante manifestaciones y revueltas populares a favor de la democracia y de un cambio de Gobierno?

La democracia tiene múltiples acepciones por lo que prefiero discutir en términos de derechos humanos, normas legales universales a promover como un conjunto interdependiente e indivisible. Es un conjunto, no un menú, del que se pueda escoger o no escoger. Los derechos políticos y civiles son tan importantes como los económicos, sociales y culturales.

Nadie sabe si Egipto mejorará su récord al respecto. Mubarak era el malo conocido, pero el mayor partido opositor a su Gobierno, la Hermandad Musulmana no es un bueno por conocer. Su programa de un califato mundial no hará mas libres a los que profesan otras religiones, ni a las mujeres no fundamentalistas, ni a los homosexuales, por solo mencionar tres ejemplos. Lo único que ha ocurrido hasta ahora es una transferencia de gobierno del antiguo dictador a una guardia pretoriana. El ejército egipcio, fuente de todos los líderes del país desde la caída del rey en 1952 no va a regalar ningún poder. Como regla, las oposiciones, cuando lidian con militares a los cuales no han derrotado, tienen que pactar con ellos de manera realista.

En cuanto a Cuba, todas las organizaciones de la sociedad civil, independientes, y no partidistas, como la Iglesia católica y otras comunidades religiosas, se han declarado con énfasis a favor de cambios graduales y pacíficos. La mayoría de la sociedad política opositora, tanto en la Isla como el exilio, ha sido explicita en su oposición de principios a cualquier camino violento.

El sueño de provocar el “caos” y la “inestabilidad” —como proclamó el subsecretario para América Latina de la Administración Bush, Roger Noriega— ha sido la guía de un sector de derecha minoritario pero influyente en la política de Estados Unidos hacia Cuba. Tal posición, condensada en la ley Helms-Burton, procura crear un vacío de poder para restaurar la república plattista, y atacar, como lo hacen líderes de la Unión Liberal Cubana, hasta las bases socialdemócratas de la constitución de 1940, que inspiraron la toma del poder por el nacionalismo radical en 1959. Por fortuna, la Administración Obama ha abandonado implícitamente una política tan negativa para los intereses de Cuba y EEUU.

La hora cubana no es de revoluciones, excitando a la muchedumbre con el pecho al aire, como en el cuadro de Delacroix, sino de reformas graduales y pacificas. Se trata de negociar, pactar, incentivar y presionar a los Gobiernos de Cuba y del mundo, a expandir las oportunidades de apertura y reforma en la Isla. Ese es el camino responsable al necesario crecimiento económico y un posible pacto de gobernabilidad, con elecciones abiertas a diferentes opciones nacionalistas y comprometidas con todos los derechos humanos y la independencia.

2) De producirse ese fenómeno en la Isla, ¿cuál considera que sería el papel que asumiría el Ejército cubano?:

A) De incondicionalidad al Gobierno.

B) De mediador en la crisis.

C) A favor de los manifestantes.

D) Se dividiría a favor y en contra del Gobierno.

Las FAR están inextricablemente ligadas al Gobierno actual. Desde un modelo comunista en el que se suponía fueran un ente subordinado al PCC, los militares cubanos se han convertido, en gran medida, en el gobierno mismo.

Este desborde de lo militar en la vida civil es, a largo plazo, una debilidad. La mayoría de los problemas generados por las reformas requieren que el Ejército sea preservado para intervenir solo en emergencias de última instancia. Es urgente entonces alentar políticas en las que el poder civil gane peso, consistencia institucional y prestigio. Sin embargo, uno de los obstáculos mayores que el Gobierno de Raúl Castro ha tenido para lanzar una reforma estilo vietnamita es la destrucción causada a la vida orgánica partidista y del Gobierno por el voluntarismo fidelista y la batalla de ideas.

Usar a las Fuerzas Armadas como agentes de cambio económico y social es cuando más una solución temporal. El proyecto nacionalista cubano es una república, no un campamento militar. Un indicador de la posibilidad de renovación del régimen será si la Conferencia Nacional del PCC establece límites de mandato y edades de retiro obligado para los dirigentes partidistas y si designa un sucesor para Raúl Castro, suficientemente joven para generar atracción entre las generaciones menores de cincuenta años, sin ser un militar en activo.

Las Fuerzas Armadas Cubanas son una institución patriótica y de fuertes convicciones nacionalistas. Una cosa es el arresto de opositores aislados, o el patrullaje de calles como parte del mantenimiento del orden frente a desordenes locales y otra es disparar contra un pueblo movilizado. Si en Cuba se diera el escenario improbable de una protesta estilo Egipto, los militares no dispararían contra el pueblo.

3) ¿Considera que las reformas que ha emprendido el Gobierno cubano marcan un tiempo de espera dentro del que es improbable una revuelta popular, por muy precaria que sea la situación económica y la vida cotidiana de la mayoría de la población? ¿O son claramente insuficientes y la paciencia de la población puede agotarse y estallar como está ocurriendo en el mundo árabe?

Las reformas vigentes son claramente insuficientes. Un escenario de protestas sociales en Cuba, si se sigue perdiendo tiempo, no solo es posible, sino probable.

El período especial ya dura el cuarenta por ciento de la historia posterior a 1959. A diferencia de 1989, el capital político del castrismo (todavía mucho mayor que el del régimen de Mubarak), basado en sus desarrollos de capital humano y equidad, ha mermado considerablemente.

El Gobierno perdió dos décadas preciosas para hacer las urgentes reformas que ahora insinúa. Tal posposición complicó situaciones de pobreza que contrastan con las esperanzas de progreso que el discurso oficial y la educación abierta a toda la ciudadanía siguen alentando. Existe considerable malestar popular por la doble moral, la doble moneda y la corrupción gubernamental.

Con edades rondando los ochenta años, la cúpula dirigente tiene capacidades casi nulas para encabezar una maniobra política audaz como la que neutralizó la revuelta del 5 de agosto de 1994. Comparados con la imponente presencia de Fidel Castro, todos los dirigentes actuales tienen de conjunto el carisma de una botella de agua mineral sin gas.

El Gobierno ha emprendido reformas estructurales cuyos beneficios pueden demorar mientras que los costos de los despidos se sienten de modo inmediato. Los miles de cubanos que se han lanzado a abrir nuevos negocios corren el riesgo de experimentar grandes frustraciones ante la falta de un mercado mayorista, facilidades de crédito, menos consumidores (consecuencia del desempleo) y mayores impuestos. Reformas mal manejadas por políticos con un comportamiento predatorio pueden destruir a un gobierno reformista.

Pocas cosas cambiaran más la política cubana en la próxima década que la conexión con Internet a través del cable Siboney-Venezuela. El reto de Internet para un régimen comunista, acostumbrado a tratar la información como propaganda, es más complejo que un mero intercambio de pelotas de fuego con los propagandistas de la otra orilla.

El problema de Internet para la hegemonía cultural castrista no son las viñetas de los blogueros opositores sino la apertura de información para el ciudadano promedio. Las opciones de expresión y gestión que Internet ofrece alimentarán aspiraciones ciudadanas que son incompatibles con el control gubernamental vigente sobre sus derechos a viajar, expresarse, estudiar en otros países, y crear negocios privados. Si el sistema político no se reforma, sincronizando sus valores y leyes con ese nuevo contexto, va a pasar más de un serio aprieto.

Dicho eso, la probabilidad, a corto plazo, de que estallidos locales desemboquen en un movimiento nacional antigubernamental es mínima.

En primer lugar, el Gobierno sigue portando la bandera del nacionalismo y eso no es un activo menor en la cultura política cubana. En el caso cubano, a diferencia de lo que hizo con los países de Europa Oriental y la URSS y hace hoy con China y Vietnam, Estados Unidos ha limitado la interacción de su sociedad con la ciudadanía cubana. La política de EEUU hacia Cuba, definida por la ley Helms-Burton, no ha sido de derechos humanos sino de reclamación de propiedades perdidas por ciudadanos que eran cubanos al momento de las nacionalizaciones y aliento a vendettas políticas.

En segundo lugar, la capacidad de movilización de la oposición es muy limitada. A la fragmentación de su dirigencia, súmese la bien conocida penetración y represión de la misma por los órganos de la contrainteligencia del Gobierno, así como su falta de condena, sin ambigüedades, a las impopulares políticas de acoso externo y los sectores que las promueven (Exilio de derecha en EEUU y Partido Popular en España).

En tercer lugar, hay factores estructurales como el déficit de redes sociales para resolver problemas de movilización colectiva y la composición de edades de la población cubana. Cuba no es La Habana y los niveles de penetración de Internet o incluso telefonía y mensajería celular son bajos hasta en la capital. Cuba tiene hoy una población envejecida con una edad promedio alrededor de 35,1 años, con solo 22% por debajo de 15 años. Ese cuadro es justamente el contrario al tipo de presiones demográficas que tiende a acompañar las revueltas políticas (Egipto tiene 33% en esa categoría).

Por último, si las autoridades cubanas sintiesen el riesgo de estallidos sociales significativos, pueden liberar, con una sonrisa y un buen rumor, espacios informales para la emigración ilegal.


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