Actualizado: 08/08/2022 15:58
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Panel de opinión

Respuesta de Enrique Patterson

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1) ¿Cree usted que sería posible que en Cuba el descontento existente llegara a expresarse de la misma manera, mediante manifestaciones y revueltas populares a favor de la democracia y de un cambio de Gobierno?

2) De producirse ese fenómeno en la Isla, ¿cuál considera que sería el papel que asumiría el Ejército cubano?:

A)   De incondicionalidad al Gobierno.

B)   De mediador en la crisis.

C)   A favor de los manifestantes.

D)   Se dividiría a favor y en contra del Gobierno.

3) ¿Considera que las reformas que ha emprendido el Gobierno cubano marcan un tiempo de espera dentro del que es improbable una revuelta popular, por muy precaria que sea la situación económica y la vida cotidiana de la mayoría de la población? ¿O son claramente insuficientes y la paciencia de la población puede agotarse y estallar como está ocurriendo en el mundo árabe?

Las insurrecciones populares que han derribado las dictaduras de Egipto y Túnez y que han puesto en jaque al resto de los regímenes autoritarios del Norte de África y el mundo árabe, nos inducen a comparar los hechos con la situación cubana y a preguntarnos si es posible que ello ocurra o no en Cuba. Las respuestas que han dado los diferentes autores, con sus matices diferenciadores, pero muy razonadas, hacia un lado de los acontecimientos o hacia el otro creo que se ubican en un presupuesto metodológico dudoso.

Si tomamos el ejemplo de Túnez o Egipto, observamos que antes de que ocurrieran estas sublevaciones aparecían como regímenes muy estables. Túnez era el bebé adorado de la Unión Europea y Egipto un aliado seguro de Estados Unidos también visto por los Europeos como un mal menor. Se suponía que ambos pueblos no estaban aptos para otro tipo de gobiernos que no fueran precisamente esos regímenes autoritarios, si bien corruptos, seculares y mas o menos ilustrados.

Después de los hechos, a posteriori, aparecen las razones que explican el cambio, las mismas que fueron incapaces de servir de instrumentos para anunciarlo. Es decir, antes de dichos acontecimientos existían argumentos inteligentes y coherentes que explicarían la imposibilidad de cambios radicales en Túnez y en Egipto. Los mismos que ahora encontramos para negar la posibilidad de que existan en Cuba.

De producirse mañana acontecimientos semejantes en Cuba, sobrarían las razones y los factores para darle explicación al hecho, siempre a posteriori.

No digo con esto que esta ola pueda contagiar la realidad cubana, los vasos comunicantes entre las sociedades del mundo árabe hace que la ola de cambios viaje de un país a otro como ocurrió en Europa del Este a partir del inicio de la Perestroika soviética, y Cuba pertenece a otro universo, Sin embargo, los acontecimientos de la Embajada del Perú y el consiguiente fenómeno del éxodo de El Mariel, en la década de los ochenta estuvieron a punto de dar al traste con el régimen cubano. Es cierto que la posibilidad de marcharse a los Estados Unidos ha servido como válvula de escape de la protesta social cubana, pero cuando el Presidente James Carter afirmó que estaba dispuesto a recibir a todos los cubanos con los “brazos abiertos”, el régimen estuvo a punto de perecer por abandono masivo de la ciudadanía. El Mariel fue nuestro posible Muro de Berlín. Castro captó el peligro y sus actos se dirigieron a que los Estados Unidos se desdijeran de aquella información, algo que logró enviando como avanzada a los criminales de las cárceles y a los locos de los hospitales siquiátricos. Si los EEUU y el exilio de la época no se hubieran aflojado por semejante envío, la avalancha por abandonar la ratonera creada por el resto de la ciudadanía habría provocado un cambio de régimen. En esa época no había Internet, ni Facebook o Twiter.

Asimismo podríamos decir del maleconazo en 1994, que obligó al régimen a iniciar cambios económicos a los que se resistía.

Dicho lo anterior, las condiciones están dadas en Cuba para que ocurran acontecimientos semejantes. Pueden darse o no, pero las condiciones están ahí. Todo lo otro depende del azar, de una madeja de casualidades que pueden lo mismo hacerse propicias o perjudiciales, de cómo el Gobierno administre la represión y hasta qué nivel los cubanos estén dispuestos a asimilarla.

Los acontecimientos que conecten con el deseo inmediato de la mayoría de la población de huir del país pueden hacer caer al régimen castrista. Esta es una posibilidad tan cierta como la posibilidad de que no ocurra nada tan bien argumentada por los colegas que ya han expresado su opinión en estas páginas.


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