Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Río+20, Economía

Río+20 y Cuba: mitos y realidades

Es de esperar que el objetivo fundamental de la delegación cubana a Río+20 no será ayudar a lograr consensos, sino tratar de imponer los viejos esquemas que solo llevan a la desunión sin aportar nada

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La Conferencia para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, conocida como Río+20, se efectuará 20 años después de la Primera Cumbre de la Tierra en 1992, en la misma sede de Río de Janeiro, del 20 al 22 de junio.

En el evento, con la esperada asistencia de alrededor de 80 jefes de Estado o Gobierno, serán discutidos los cruciales problemas que afronta la humanidad relacionados con los cambios en el medio ambiente y sus consecuencias para la vida humana, así como la necesidad de enrumbar el planeta por el derrotero de un desarrollo sustentable con el máximo aprovechamiento de los recursos naturales y el avance en la utilización de fuentes renovables de energía. Las discusiones de tan delicados y controversiales temas no serán fáciles, más en tiempos de aguda crisis económica que dificulta el financiamiento requerido para enfrentar los graves retos. Por su magnitud e incidencia a escala global, nunca podrán ser resueltos aisladamente por los países, sino mediante la más amplia cooperación y solidaridad internacional.

Otra dificultad proviene de los obstáculos impuestos por algunas naciones que, en lugar de propiciar la colaboración internacional para encontrar soluciones a los graves problemas, han utilizado estos cónclaves para atizar las contradicciones entre países, fundamentalmente entre los ricos y los pobres, dificultando el ambiente de entendimiento indispensable para que los proyectos para afrontar los cambios climáticos puedan avanzar.

En ese contexto, el Gobierno cubano enviará una delegación y todo parece indicar que, al igual que en la conferencia anterior, su objetivo fundamental no será ayudar a lograr consensos, sino tratar de imponer los viejos esquemas que solo llevan a la desunión sin aportar nada. Ya se ha anunciado la distribución de un texto llamado “El derecho de la humanidad a existir”, con el absurdo propósito de “salvar” a la humanidad de los peligros que la acechan. Al leer esas grandilocuentes ideas, surge la interrogante de sobre qué base se han forjado tales proyectos salvadores, cuando en Cuba tras 53 años de poder totalitario el medio ambiente ha sido degradado a niveles increíbles y hablar de seguridad alimentaria es una broma de mal gusto.

¿Cómo podría hablar la delegación cubana sobre la conservación de los recursos hídricos mundiales, cuando se reconoce oficialmente que entre el 50-60 % del agua bombeada para el consumo humano e industrial no llega a su destino por el mal estado de las redes hidráulicas, con decenios de abandono y falta de mantenimiento? Esto se agrava por el alto grado de contaminación de los reservorios de agua dulce debido a diversos factores, entre ellos la incorrecta manipulación y el uso abusivo durante muchos años de productos químicos en la agricultura; el continuo vertimiento de desechos de la industria y los núcleos poblacionales; y el mal estado de las redes conductora de las aguas negras, incluidos los alcantarillados. Esto también ha incidido negativamente en la contaminación de las aguas de las bahías, puertos y aledañas a zonas costeras, haciendo imposible la vida acuática en muchos lugares. Tan solo hay que caminar por la priorizada ciudad de La Habana, donde se respira la pestilencia del Rio Almendares o la suciedad se observa a simple vista en la bahía, a pesar de que el tráfico marítimo ha descendido notablemente por la crisis económica.

¿Cómo hablar de conservación de la fertilidad del suelo a escala global, si oficialmente se reconoce que alrededor del 70 % de las tierras cultivables del país están afectadas al menos por uno de los factores siguientes: erosión, salinidad, compactación, mal drenaje y acidez, producto también de decenios de inadecuado manejo de los suelos, falta de rotación de los cultivos, uso excesivo del agua subterránea, entre otros procedimientos nocivos utilizados durante decenios.

Según el Anuario Estadístico de 2011, último disponible hasta el momento, las áreas agrícolas están afectadas en 14,9 % por salinidad y sodicidad, 43,3 % erosión muy fuerte a media, 40,3 % mal drenaje, 23,9 % compactación natural, 69,6 % muy bajo contenido de materia orgánica, 37,3 % baja retención de humedad. A ello se añaden amplias áreas con elevados índices de acidez, así como apreciables cantidades de territorios desertificados, especialmente en las zonas más orientales de la Isla. Según la clasificación agro-productiva de los suelos, el 65,2 % son poco (18,5 %) o muy pocos productivos (46,7 %).

Resultaría absurdo que la delegación cubana hablara de desarrollo sustentable, cuando Cuba ha pasado de exportador neto de alimentos a importador del 80 % de los necesarios para el sustento de la población. ¿Cómo una nación otrora la mayor exportadora de azúcar en el mundo, ha tenido en ocasiones que importar de Brasil para satisfacer su consumo interno? ¿Cómo un país que llegó a tener más de 7 millones de cabezas de ganado, casi una por habitante, hoy solo puede vender 1 litro de leche racionada a los niños hasta los 7 años de edad? ¿Cómo una nación tradicionalmente exportadora de café de alta calidad, actualmente tiene que gastar 50 millones de dólares al año para vender al pueblo 115 gramos de ese producto por persona al mes mezclado con chícharo?…

Por otra parte, será interesante conocer qué expondrán los representantes de La Habana sobre los logros obtenidos en materia de desarrollo de fuentes alternativas de generación de energía renovable, en especial las que aprovechan el sol y el aire. Es conocido que mientras varios países de la región han progresado en el dominio tecnologías para esos fines —Chile, Argentina, Costa Rica, entre otros— la Mayor de las Antillas posee un considerable retraso. La electricidad generada en el país por medio de paneles fotovoltaicos y parques eólicos no llega ni a una décima del por ciento del total producido, lo cual brinda una idea del rezago existente.

Donde único podría informar la delegación cubana cierta estabilidad sería en el campo de la polución atmosférica, debido a que con el transporte en vías de desaparición, casi sin tractores y otras maquinarias agrícolas, y una industria que está al 43 % de las cotas de 1989, es posible que la contaminación de la atmósfera no sea muy elevada nacionalmente, salvo en determinadas regiones como Moa, donde las impurezas en el aire derivadas del procesamiento del níquel hacen difícil la vida de las personas.

Si lo que ha sucedido en Cuba en cuanto a daños del medio ambiente y en destrucción del sostenimiento alimentario se reprodujera en otras naciones, eso constituiría un golpe demoledor a los intentos de lograr un mundo sustentable, en el cual la miseria y el hambre pudieran ser derrotadas definitivamente. Por ello, si la delegación cubana deseara en esta Conferencia Río+20 hacer un aporte valioso, dejando atrás la tradicional prepotencia, humildemente debería explicar los colosales errores cometidos en la Isla, que la han llevado al calamitoso estado en que se encuentra, para que otros países eviten ese camino, el cual en modo alguno puede conducir a la sustentabilidad y el bienestar de los pueblos.


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