Actualizado: 18/10/2019 17:37
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Rodríguez se lanza de nuevo

El 2010 ha sido un año de mala suerte para Silvio Rodríguez, nos explica el autor de este artículo

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El cantautor cubano Rodríguez ha sido un hombre afortunado, amén de su indiscutible talento. Desde hace décadas es el principal abanderado del llamado Movimiento de la Nueva Trova, que nunca fue nueva —la trova— ni fue un “movimiento”; sólo que, por aquellos años en que surgiera, todo debía ser nuevo y todo era un “movimiento”. Este último término quizás tenga su origen “psicológico” en el Movimiento 26 de Julio, embrión de la dictadura que hoy padece el pueblo de Cuba. Así, teníamos la “nueva moral”, la “nueva sociedad”, la “nueva escuela”,  el “hombre nuevo”…, y lo que faltaría. Por la otra parte, el “movimiento de artistas aficionados”, el “movimiento por la independencia femenina”, el “movimiento a favor de la libertad de los pueblos”… y suma y sigue.

Digo que lo de la nueva trova no fue un “movimiento” porque sólo dos o tres de aquellos trovadores se destacaron realmente (no sé, talento aparte, si la suerte —que siempre pone su mano a favor o en contra de los creadores— no ayudó a los hoy olvidados).

La llamada nueva trova apareció en el momento justo: cuando era bonito y productivo, y quizás justo, cantarles loas a revolución cubana y al “movimiento de liberación latinoamericano”, y cantarle anatemas al imperialismo yanqui. Entonces la revolución socialista de Cuba tenía no pocos adeptos y América Latina era recorrida por huracanes de liberación, independencia, justicia social, y todo eso que tanta falta hace. Mientras que el “imperialismo”, es la verdad, lo hacía todo al revés, como si quisiera más huracanes en su contra.

Otro factor determinante para que la nueva trova se arraigara fue que el castrismo censuró a muchos de los cantantes extranjeros y a la música extranjera en general, y asimismo —dueño de todas las emisoras radiales y las televisoras— restringió al mínimo ciertas letras, melodías y ritmos que no se avenían con la “nueva moral”. De este modo, para la nueva trova, con Rodríguez a la cabeza, fue como patear el balón hacia una portería que carecía de portero.

Ya hacia los finales de la década de 1970, Rodríguez, con razón uno de los dos trovadores más destacados si atendemos a los incuestionables valores literarios de sus letras, remontó la frontera patria y se convirtió en un emblema no sólo de la “nueva canción”, sino además de la vehemencia revolucionaria, izquierdista, que continuaba huracanando por casi toda América Latina —también con razón—, a partir de sus letras enardecidas a favor de los pobres, los desposeídos, los humildes y, claro, en contra del “imperio”.

Y, con el tiempo, de paso, Rodríguez se hizo rico. Debe ser un gran conflicto ser un hombre rico —con propiedades y cuentas bancarias en uno y otro sitio— en un país de hambrientos. Y más conflicto aún ser rico y mantener una postura revolucionaria en pro de los humildes de aquí y de allá. Vaya, sólo de comerse un bisté —de res— y pensar en los que en ese mismo momento se están comiendo otro —de toronja, ingenio del cubano— debe hacerle saltar las lágrimas al cantautor. Estoy seguro.

Rodríguez, entre otras muestras fehacientes de su condición de revolucionario, ha declarado “Fidel [Castro] es mi hermano”; hermanos y ricos los dos, valdría agregar. Revelaciones como ésta debemos comprenderlas, puesto que es lógico que el trovador intente salvaguardar no sus riquezas, sino la maquinaria que la genera: las tribunas antiimperialistas y esos detalles. Pero no sería muy errado estimar que al destacado cantautor no le interesen tanto sus riquezas. Es posible, los reales amadores del arte no son muy propensos a lo material. De ser así, las preguntas serían: ¿entonces por qué hace lo que hace y dice lo que dice? ¿Cómo es posible que un hombre culto, inteligente, un intelectual diga lo que él dice y haga lo que él hace? Quizá la respuesta sería: no tiene marcha atrás, no tiene vuelta, no tiene adonde huir que no lo encuentren. Bueno, que cada cual opine en caso de que fuese cierto que sus riquezas no le importen y esta sea su situación.

Pero el 2010 no ha sido benévolo con Rodríguez: El pasado 26 de marzo, en el extranjero y en una alocución pública, cometió herejía. Pidió para su país evolución en lugar de revolución y aun se atrevió a descalificar el funcionamiento de las instituciones de la dictadura y hasta solicitó una transformación a fondo de éstas. Mas, se dio cuenta del desliz y aplicó la palanca del retroceso: la cosa en Cuba no está tan mala como la pintan los enemigos de la revolución, los seguidores del “imperialismo” y gentes así. Pero no me negarán que bastante hizo. Fue un rapto de honestidad, la primera parte de lo que afirmó. Y esto trajo como consecuencia que algunos de por aquí y de por allá, en su candor, pensaran que el artista, en verdad, ahora sí, iba a apostar por la Verdad Elemental. Se equivocaron.

No hay que haberlo visto para asegurar que al llegar a La Habana luego de estas declaraciones, Rodríguez recibió un merecido jalón de orejas por su herejía. Así que el cantautor, de inmediato, convocó para lo que él y la dictadura denominaron “Concierto por la patria”, que se llevó a cabo el sábado 10 de abril en la Tribuna Antiimperialista José Martí (o el manifestódromo, como suele llamarlo la gente de a pie). Allí el trovador, junto con otros artistas y algún intelectual cubanos, mostraría en un concierto “su confianza en el proceso transformador en Cuba hace 50 años”. Lo raro es que este anuncio de lo que diría Rodríguez lo sabía la prensa oficial cubana antes de que él lo dijera. Es decir, no hay nada más parecido a un mea culpa. Cómo debe doler eso, en público.

Pero ya hemos dicho que 2010 ha sido un año de mala suerte para el cantautor. Primero, al “Concierto por la patria” no asistió el público que la revolución necesitaba. No obstante la feroz promoción y el acarreo de la dictadura, que trabajó con el ardor de siempre en situaciones semejantes: copiosa divulgación por los medios y el pitcheo para la Tribuna Antiimperialista, con guagua propia, de casi la totalidad de los alumnos de la Escuela Latinoamericana de Medicina —que no son pocos— más un buen piquete de las Escuelas Militares Camilo Cienfuegos y de otros centros estudiantiles, sólo asistieron, según los cálculos más optimistas, de cuatro a cinco mil personas. Un fracaso. Una cifra alarmante si tomamos en cuenta que esto sucede en una ciudad de dos millones de habitantes y donde apenas se realiza  espectáculos públicos.

Y para colmo, a Rodríguez se le ocurrió en medio del concierto otra frase de poca fortuna que de inmediato circuló en los medios internacionales. “Si este gobierno es tan malo ¿de dónde ha salido este pueblo tan bueno?”. Terrible. ¿Sería en verdad una frase del cantautor o la llevaba copiada por indicaciones del Alto Mando? Terrible digo. Una frase sumamente tonta pero que a la vez se conecta de algún modo con las primeras arengas de Hitler. Bueno, quisiera suponer que cuando el artista dijo “este pueblo tan bueno” incluía al pueblo cubano todo, al que está dentro de la Isla, al que está fuera y al que , dentro, está esperando la visa o la balsa para partir. Un pueblo bueno. Ya lo dijo en alguno de sus escritos José Martí: “Cuando un pueblo emigra, los gobiernos sobran”. Un pueblo bueno.

Y bien, ahora el sexagenario trovador se lanza de nuevo. El gobierno estadounidense le ha concedido visa para que visite el predio imperialista el próximo junio. Realizará varias presentaciones en diversas ciudades de la Unión Americana. Me atrevo a asegurar que la mayoría de los que asistan  a los conciertos del cubano no lo harán para escuchar sus canciones, que ya eso está fuera de moda, y de lógica. Lo harán sobre todo para ver en persona a una rareza comunista.

Asimismo, la concesión de la visa a Rodríguez le tapa la boca a los papagayos de la dictadura que se la pasan protestando porque no le otorgan visa a este y al otro. Y otro detalle: ¿habrá reciprocidad? ¿Se le concederían visas para actuar en Cuba a algunos de los numerosos artistas cubanos del espectáculo que residen en Miami o en otros sitios? No. Me vienen a la mente ciertos cantantes y músicos cubanos exiliados que, si se presentaran en Cuba, arrastrarían más personas que si estuvieran regalando carne de res. Hasta de Cacocún y a pie vendrían los espectadores. ¿Y cuánto refuerzo extranjero necesitaría la Seguridad del estado? No, imposible.

Pero bueno, lo que seguramente más le preocupa a Rodríguez es que 2010 ha sido un año de mala suerte para él. De manera que hay que reconocerle que es valiente; se va a lanzar no obstante, y nada más y nada menos que en las mismas entrañas del monstruo. Suerte.


Félix Luis Viera Poeta, cuentista y novelista, nació en Santa Clara, Cuba, el 19 de agosto de 1945. Ha publicado, entre otros libros, las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de Novela de la UNEAC 1987 y Premio de la Crítica 1988. Ediciones Unión, Cuba), Serás comunista, pero te quiero (1995, Ediciones Unión, Cuba), Un ciervo herido (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2003) y la noveleta Inglaterra Hernández (Ediciones Universidad Veracruzana, 1997. Reediciones 2003 y 2005).


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