Actualizado: 22/10/2018 10:05
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Cubanología, Batista, Historia

Salim Lamrani y la cubanología

Cuando la labor de agitador político se disfraza de divulgación académica

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La ficha bioacadémica de Salim Lamrani, Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos (Universidad París Sorbona-París IV), incluye la especialización en “las relaciones entre Cuba y Estados Unidos,” que parece acreditarse con una ristra de libros: desde Washington contre Cuba (Le Temps des Cerises, 2005) hasta Cuba. Les médias face au défi de l’impartialité (Editions Estrella, 2013).

Sin embargo, su libro digital El lobby cubano en EE.UU. de 1959 hasta nuestros días (2003) marcó ya este hito cubanológico: “El 5 de septiembre de 1933, los sargentos Batista y Zaldívar derrocaron al presidente impuesto por Estados Unidos” (página 19). Para fijarlo bien, el Dr. Lamrani precisó en el mismo párrafo: “El 10 de septiembre, los cubanos eligieron al social-demócrata Gráu San Martín como presidente. El nuevo gobierno no recibió la bendición de los Estados Unidos y fue derrocado con la ayuda de un sargento vuelto coronel cuyas ambiciones superaban sus principios y que cambió de lado: Batista.”

Aunque no precisó qué “cubanos eligieron” a Grau ni cómo, al menos el Dr. Lamrani no incurrió esta vez en duplicar a los sargentos (Fulgencio y Batista), pero su etiqueta de scholar se destiñe con meteduras de pata inadmisibles incluso en un escolar sencillo y más aún con el empleo de recursos de agitprop.

Cuantofrenia y letanía

Como buen cubanólogo, el Dr. Lamrani anda sacando pancartas por las esquinas del ciberespacio y entre ellas unas cuantas dedicadas a serializar la verdad de 50 en 50, desde “50 verdades que ocultará Yoani Sánchez” hasta “50 verdades sobre la dictadura de Fulgencio Batista.”

Estas últimas no solo revelan la función de agitprop disfrazada de historiografía, al abundar el Dr. Lamrani en el apoyo de Washington a Batista y omitir, por ejemplo, que la Casa Blanca decretó el embargo de armas el 14 de marzo de 1958. También dejan claro que el Dr. Lamrani hablaba en serio cuando trajo a colación aquella pareja de sargentos.

Al enredarse de nuevo con uno llamado Batista, el Dr. Lamrani afirma que, con el apoyo de EEUU, “derrocó al gobierno de Grau San Martín, (…) impuso la figura de Carlos Mendieta y conservó el poder real. El sargento ascendido a general acababa de doblar las campanas de la Revolución de 1933.”

Un escolar sencillo sabe que, al tumbar a Grau el 15 de enero de 1934, Batista era coronel. Y un scholar debe saber que no ascendió a general hasta que, siendo ya presidente constitucional, la Ley Orgánica del Ejército y la Marina de Guerra, de 27 de enero de 1942, dispuso que “el oficial superior en situación de retiro, que haya ocupado en propiedad la jefatura del Ejército y desempeñe o haya desempeñado la presidencia de la República, figurará en la relación o escalafón especial de oficiales de su misma situación, con el mayor grado o jerarquía reconocido por esta ley”.

Ese grado era mayor general y la disposición citada es un retrato escrito de Batista, quien con su grado de coronel había pasado a retiro, el 4 de diciembre de 1939, para poder presentarse a los comicios presidenciales que terminaría ganado.

Coda

La gente sale perdiendo con una cubanología tan barata que toma partido politiquero antes de aprehender el pasado y/o el presente, para disolver la tarea intelectual en películas de buenos y malos con fondo mitológico.

El Dr. Lamrani, por ejemplo, sigue tocando que “Fidel Castro se encontró con otros 11 insurgentes, con un total de 7 fusiles,” tras el desastre de Alegría de Pío. Esa campana viene sonando desde el 14 de diciembre de 1957, al lanzar Castro su manifiesto contra el “Pacto de Miami,” pero la cuenta no da el número mítico de los apóstoles. Fidel quedó con otros dos, uno de ellos desarmado, y Raúl se sumó con cinco hombres más y cinco fusiles. Almeida vendría después con cuatro más.


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