Actualizado: 06/04/2020 20:21
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Sendas opuestas

Béisbol, espías, mejunje político: ¿Hay algo que une la traición y el juego?

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Un triunfo deportivo

¿A qué viene entonces el tratar de meter a los supuestos espías universitarios en el terreno deportivo? Porque con Castro también perdieron los que quieren sembrar el miedo y la división en la comunidad. Y es lógico que cuando surgió el escándalo de espionaje el exilio se sintiera traicionado.

Más allá del resultado de una investigación y un proceso en marcha, el hecho de que dos miembros de la comunidad, que durante décadas han vivido en Miami y logrado triunfos profesionales, trataran de servir como agentes de cambio, brindado información —aunque fuera no militar ni destinada a descubrir secretos de Estado— e intentado influir en favor de un régimen repudiado en Miami produce inquietud y paranoia. Lo normal en esos casos es adoptar una actitud de recelo.

Lo que no tiene justificación es utilizar un caso específico para levantar sospechas sobre una institución académica; practicar un cuestionamiento por aproximación y catalogar de sospechosos o lanzar insinuaciones hacia otros miembros de una universidad o cuestionarse bajo ese prisma a toda una institución académica.

En esta ciudad se pueden seguir dos sendas opuestas. Considerar cada hecho y situación de acuerdo a lo que representa o juzgarla a priori, según pautas ideológicas. El primer camino no está libre de errores. El segundo es un error en sí. Anteponer la valoración política a cada circunstancia es una muestra de que no se ha logrado escapar del totalitarismo, no importa la sociedad o el país en que se viva.

Durante el campeonato de ajedrez celebrado en Filipinas en 1978, la KGB envió a 18 asesores del Departamento de Operaciones Extranjeras, para tratar de asegurar la derrota del desertor Viktor Korchnoi frente al campeón mundial soviético Anatoli Karpov. El evento sería luego recordado, tanto por las jugadas como por las anécdotas de los trucos empleados por los soviéticos, que incluyeron el intento de hipnotizar a Korchnoi. Al final, Karpov se impuso por un estrecho margen. La URSS desapareció sin que lograran impedirlo los hipnotizadores del Kremlin.

Ninguna actuación deportiva asegura la sobrevivencia de un régimen. No hay espía capaz de detener el fin de un sistema. Empeñarse en alimentar la desconfianza —intentar convertir Miami en una plaza cerrada ante todo lo que venga de Cuba— es una actitud ridícula y malsana, como lo fueron en su momento los trucos de la KGB para obtener un triunfo deportivo. Puede servir para alimentar a unos cuantos, al precio de contribuir a que no mejore la situación del pueblo cubano.


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