Actualizado: 20/09/2019 11:30
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Béisbol, espías, mejunje político: ¿Hay algo que une la traición y el juego?

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¿Qué hay de común entre un equipo de béisbol y una pareja de supuestos espías? Nada, si no se miran desde Miami. Aquí un evento deportivo y el encausamiento de un profesor y una empleada de la Universidad Internacional de la Florida (FIU) pueden servir para ilustrar dos actitudes frente al régimen castrista.

¿Hay algo que une la traición y el juego? Mucho, si uno está dispuesto a manipular cualquier hecho en beneficio de una agenda política limitada.

¿Existe un punto donde la mentira y la certeza de un batazo se unen? Nunca, a no ser que se piense como Fidel Castro: si un pelotero cubano hubiera querido o logrado desertar, el gobernante lo habría catalogado de "traidor". Buscar un futuro mejor o intentar convertirse en millonario gracias a una habilidad es un acto de deslealtad hacia el país, cuando la nación se limita al Estado y el gobierno se reduce a la voluntad del mandatario.

Por supuesto que un pelotero y un espía no son iguales. ¿Por qué entonces ese empeño en comparar dos situaciones tan disímiles? Sencillamente porque, en esta ciudad, la mayoría de los exiliados acaba de dar una demostración de madurez ciudadana al no confundir la actuación de una novena de pelota con el deseo de un dictador, al tiempo que unos pocos llevan semanas y semanas tratando de utilizar un caso de espionaje aún no comprobado en la corte para sembrar la intriga y división.

No importa lo que diga Castro. Entre los vencedores del Clásico Mundial de Béisbol está el exilio. No porque todos aquí apoyaran al equipo de Cuba. Tampoco debido a la alegría de quienes aplaudieron el triunfo de Japón. El triunfo es que al final venció la pelota. Las actitudes en favor y en contra de los cubanos fueron variadas y no se dividieron entre quienes llegaron antes y después, no bastó apoyar o rechazar al embargo para ponerse de parte de los jugadores de la Isla. No hubo una línea clara que definió a los que viajan a La Habana gritando ante un jonrón cubano, y a quienes se niegan a cualquier acercamiento mostrándose eufóricos en las derrotas.

Todo mezclado, como diría Nicolás Guillén. Ninguna declaración oportunista de varios miembros del equipo Cuba cambió la opinión de los aficionados de Miami. Predominó una realidad: los cubanos jugaron bien. Uno puede alegrarse o no con lo que lograron. Hay motivos para simpatizar con el equipo y también para preferir a los contrarios. Lo que nunca tuvo justificación fue la intención de impedir la participación de Cuba.


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