Actualizado: 29/11/2021 15:04
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“Siempre es 26”

La plaza habanera, las plazas o avenidas del país, los actos públicos o lo que fuera para conmemorar la efeméride, estarán repletos de disidentes

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Este aniversario del 26 de julio será celebrado, como siempre, por todo lo alto. Cuando el acto central se lleva a cabo en la plaza de la revolución de La Habana, no hay dudas de que un mar de personas abarrota el sitio portando banderas cubanas, quizás banderas del movimiento 26 de julio y algún cartel con la imagen de José Martí ―”el autor intelectual del asalto al cuartel Moncada”, según Fidel Castro, el cual, también, podría estar representado en las pancartas. Puede que se celebre en varias plazas del país o consista la conmemoración en un desfile por las principales avenidas cubanas. De ser así, también veremos infinidad de personas portando estandartes revolucionarios. Tal vez el acto para celebrar el “día de la rebeldía nacional”, como ocurrió ya en una ocasión al menos, se realice a puertas cerradas. De cualquier manera, sea cual fuere la variante para los festejos, darán la vuelta al mundo las imágenes de un pueblo decidido a “luchar por su revolución”, “junto a su comandante en jefe y fiel a la doctrina del partido comunista de Cuba”, entre otras máximas. Aun es posible, como van las cosas en los últimos días, que de un modo u otro aparezca el dictador en jefe durante la celebración.

La plaza habanera, las plazas o avenidas del país, los actos públicos o lo que fuera para conmemorar la efeméride, estarán repletos de disidentes. Días antes, a las puertas de éstos ha llamado el presidente del Comité de Defensa de la Revolución de la cuadra y ni siquiera les ha preguntado si desean asistir a la manifestación (la respuesta es automática), sólo los ha anotado en la lista y les ha dicho la hora de la concentración. Los disidentes han dicho que sí, y el presidente del Comité de Defensa de la Revolución de la cuadra, que también es disidente, se ha marchado satisfecho. Si la “movilización” se lleva a cabo desde los centros de trabajo, días antes el secretario del sindicato —bien orientado por el secretario del núcleo del partido comunista— ha visitado a los trabajadores, puesto por puesto, o ha citado para una reunión colectiva —siempre en horario extralaboral— para comunicarles la hora y el sitio de encuentro para encaminarse hacia la concentración. Los disidentes han asentido y el secretario del sindicato —que también es disidente— ha quedado satisfecho, igual que el secretario del núcleo del partido comunista que, nadie se vaya a asombrar por esta afirmación: también es disidente.

Disidentes inconfesos. Entre los dos o tres países que aún mantienen el comunismo estalinista, quizá sea Cuba el que mayor porcentaje de disidentes inconfesos posee. No hay censos ni estadísticas, pero sólo basta con mantener comunicación con algunas personas de allá —”comunistas” incluidos— que viajan al extranjero, que llegan para exiliarse o que dan a conocer sus desacuerdos, en privado, por la vía que puedan. Bueno, sólo sería necesario aplicar la lógica, tomando en cuenta la situación económica y política existente en la Isla, para llegar a esta conclusión.

“¿Por qué el pueblo de Cuba no se rebela?”, me preguntó un intelectual colombiano en días pasados. La respuesta la sabemos quienes hemos padecido la llamada “dictadura perfecta”. El chantaje, la extorsión, el pánico a perder lo mismo un ascenso en el trabajo que la beca universitaria del hijo, por ejemplo, sobran para que cualquiera se pare en seco aunque sienta que debe decir No a alguna propuesta venida de la tiranía, y, valga aclarar, venida mediante un representante de ésta que también es disidente en silencio. Es decir, el mecanismo establecido de arriba abajo —considerando que desde una oficina de correos hasta un organismo ministerial, pasando por una escuela o una farmacia, son propiedad de la dictadura—, pues, simplemente, posibilita que los ciudadanos estén a merced del Poder. Así la tiranía no necesita que sus gendarmes —muchos de los cuales, en su interior, también son disidentes— anden con ametralladoras por las calles para tener todo bajo control y, de este modo, hacerle creer al mundo —al que lo crea, digo— esa quimera de la paz, la tranquilidad ambiente, la Unanimidad. Y se debe sumar —terminé mi respuesta al colombiano interesado— que, como en Cuba todos los medios de difusión son estatales, resulta imposible la tan imprescindible reacción en cadena a partir de determinada escaramuza de fondo político que ocurriese en cualquier sitio; ésta quedaría oculta, no hay quien la haga pública, no tiene efecto “más allá”.

Esa creo que es una respuesta adecuada para alguien que no sea cubano. Para esos cubanos —que no faltan, desafortunadamente hace poco me encontré con un par— que viven en el exterior, las respuestas a la misma pregunta serían otras. 1) Es un acto de suma injusticia, y de suprema ignorancia o de egoísmo e inconsciencia sin par, pedirles a los cubanos de “adentro” sólo que piensen tal cosa. 2) Los que nos hallamos fuera de Cuba debemos inclinarnos ante los pocos cientos de compatriotas que en los últimos tiempos, dentro de la Isla, dejaron de ser disidentes inconfesos, enfrentaron y enfrentan a la dictadura y fueron a dar a la cárcel o son acorralados por las hordas pro castristas —muchos de las que las conforman también son disidentes, algún día se verá que lo eran, sólo esperemos que el tapete cambie.

Mientras, este 26 de julio será celebrado con la participación de millones de disidentes hombres, mujeres, niños, jóvenes y viejos que se hallan entrampados en la doble moral ineludible. Los discursos para conmemorar la fecha habrán de reafirmar la condición revolucionaria de “nuestro pueblo”, “la lucha antiimperialista”; serán condenatorios de la “campaña mediática del enemigo” y de la actuación de los “grupúsculos contrarrevolucionarios al servicio de las potencias extranjeras”; y terminarán con la consabida frase de “¡Socialismo o muerte!” (valga la redundancia, como diría un colega y compatriota ya fallecido). Así, quedará hecha polvo la pantomima ejecutada recientemente por el canciller español Miguel Ángel Moratinos, la Iglesia católica cubana y la dictadura: hasta la liberación de los presos llegamos, ahora suma y sigue, se acabó la limosna. De todo corazón, ojalá me equivoque.



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