Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Cuba, EEUU, Diálogo

¿Sin novedad en el frente?

Hay quienes prefieren mantener una idea fija, inventarse realidades a partir de ella y trazar entonces la estrategia

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En Cuba la secretaria de Comercio de Estados Unidos Penny Prizker se reúne con el ministro de Comercio e Inversión Rodrigo Malmierca y nos hacen ver que la cosa marcha. Pero en Miami empresarios y banqueros se reúnen para decirnos que no marcha. Es lo que les gusta oír: con Cuba todo es un fracaso, sobre todo las inversiones, según la conferencia El futuro de Cuba – inversión y turismo, realizada el martes en El Nuevo Herald.

“Tengan cuidado” fue el supremo consejo de Steven N. Zack, un abogado cubanoamericano que logró resumir “en dos palabras” toda la sabiduría necesaria para operar en el neocastrismo empresarial: “Tengan cuidado”.

En Cuba, Raúl Castro se reúne con el Papa y con John Kerry; en Nueva York se reúne con Barack Obama. Pero en Miami nos reunimos con nosotros mismos para seguir repitiéndonos lo mismo. Es como el eco de aquellos grandes economistas exiliados que nos vaticinaban cada semana ante las cámaras y con suma precisión, que el castrismo colapsaría en breve. ¡Y como lo gozábamos! Todo se iba a resolver. El encantamiento de la bruja cesaría en una medianoche luminosa y todo volvería a ser igual que el 31 de diciembre del 58.

El exsenador cubano americano Mel Martínez, ahora un importante presidente en la banca Chase, dice que en Cuba en los últimos cincuenta y seis años, no ha cambiado nada. No hay libertad religiosa, no hay derecho a la propiedad, no hay comercios privados, ni hay libertad de emigrar. Martínez dirá que no le es suficiente y a lo mejor hasta uno coincide, pero senador, ¿qué en Cuba no ha cambiado nada? Cuatro generaciones han nacido y vivido en la Isla, guerras, fiestas, bodas y bautizos, divorcios y funerales, éxitos y fracasos; pero nada ha cambiado.

Lo que no ha cambiado en 56 años es el discurso en el exilio tradicional cubano, autodenominado “histórico”, cuyo abolengo comenzó con los batistianos que escaparon enseguida de la Isla. Existe un síndrome particular, endémico en sus dirigentes, tal vez responsable del fracaso histórico de su lucha contra Fidel Castro. Usualmente uno estudia la realidad, conforma una idea sobre ella y a partir de esto traza su estrategia. Hasta los esquimales Inuit se saben eso cuando van a cazar una foca. Pero hay quienes prefieren lo contrario: mantener una idea fija, inventarse realidades a partir de ella y trazar entonces la estrategia. Pero como las ideas son siempre las mismas, las irrealidades florecen y las estrategias resultan en fracaso.

Por eso el gobierno cubano tiene el absoluto poder sobre la Isla, además de plenas relaciones diplomáticas con 160 países. En los años 90, cuando cayó el comunismo, Cuba estaba mucho más aislada, pero ahora establece relaciones hasta con Estados Unidos, exprotector de este mismo exilio. Y eso que, según Mel Martínez, “no ha cambiado nada”. Tan poquísimo ha cambiado, y “los tiranos” están tan débiles en La Habana, que pueden darse el lujo de no hacer lo suficiente para complacer no solo al senador Martínez o a Zack, sino ni siquiera al Papa o al mismo Obama, que no sabe lo que le va a pasar, ni por dónde se la van a pasar en esta etapa de brazos abiertos con La Habana. Será tal vez porque dichos tiranos con sus “garras sangrantes” miran la realidad, se forman una idea y después, cuidadosamente (¿podrán hacer algo inteligente los tiranos?) se montan una estrategia que sirve perfectamente a su fin.

Es como una cultura político-local endémica en la Calle Ocho: renuncian a ver al mundo tal cual es, y dentro del mundo a Cuba. La política real les es desconocida, solo las arengas, las frases repetidas, los insultos y el estandarte de las víctimas. Miami está repleto de víctimas del castrismo. En este caldo socio-político-cultural-religioso-gastronómico, cocinado a noventa millas del autoritarismo, cada cual se ha otorgado el derecho de ser mártir y lo ostenta orgulloso cada día. Anteayer leí a uno que relataba compungido como la policía castrista no le dejaba oír rock and roll en los sesenta. Con Mick Jagger paseándose ahora por La Habana y Sting loco por subirse primero al escenario, solo queda lamentar la suerte de aquel joven, celebrar la de los jóvenes de ahora; y preguntarle a Martínez si además de no haber cambios en Cuba, a él tampoco le gusta el rock and roll.


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