Actualizado: 18/10/2017 20:02
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Cuba, Oposición, Disidencia

Singladura política de Cuba

La queja opositora de que la correlación de fuerzas en el exterior ha cambiado a favor de la dictadura no toma que cuenta de que el tiempo en política no se mide como en la historia o la geología

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Ya está bueno
Raúl Martínez, 2016

La dirección trazada en el plano del horizonte político cubano va en derechura a la crisis de legitimación del castrismo tardío por disfunción económica, pero sin garantía práctica —ni siquiera metafísica— de renovación política mediante circulación de élites que incluyan al establishment de la oposición.

Todas sus figuras han invertido el tracto histórico. Ahora se quejan de que la correlación de fuerzas afuera haya cambiado a favor de la dictadura, con el acomodamiento de Washington (EEUU) y Bruselas (UE). No advierten que más tarde o más temprano tenía que ser así, ya que la correlación de fuerzas dentro lleva décadas y más décadas sin cambiar. El tiempo en política no se mide como en la historia o la geología.

Por décadas y más décadas viene embarajándose la impotencia del liderazgo opositor para movilizar al pueblo. A tal efecto se arman algarabías mediáticas sobre tales o cuales proyectos que se promueven ya solo por la desesperación y el embullo del exilio, que gestiona los fondos.

Bitácora falsificada

Al cabo solo tenemos juegos florales, como acaba de demostrar el Dr. Oscar Elías Biscet en Miami. Su posición política se resume así: “El dirigente, quien prevé regresar dentro de poco a Cuba, dijo sentir optimismo debido a los cambios que ya se están produciendo en la isla, en parte debido a los esfuerzos del Proyecto Emilia por fomentar ‘la resistencia activa no violenta’. Esa resistencia se diferencia del pacifismo, que se trata de pedir y esperar que alguien ejecute los cambios” (“Disidente Biscet califica de error proceso de apertura entre EEUU y Cuba”, El Nuevo Herald, 4 de junio de 2016).

Aparte de que el Proyecto Emilia no tuvo ni tiene ni arte ni parte en ninguno de “los cambios que ya se están produciendo”, el juego lingüístico queda mal: si el pacifismo es pedir y esperar, ¿qué sería la resistencia activa: pedir y actuar? ¿Cuáles serían entonces los actos o acciones?

Estos enredos se arman porque los lidercillos de la democracia no han logrado ni lograrán frente común anticastrista, sino que buscan marcar alguna diferencia en la competencia por los fondos. Así lo confirmó Guillermo Fariñas esta misma semana en la “reunión sin precedentes” con expertos de la ONU “especializados en detenciones arbitrarias, tortura y libertad de expresión”.

Tal fue la delimitación temática, pero Fariñas soltó a la agencia Efe: “Nuestro objetivo es comprometer a algunos actores externos en apoyar a la disidencia interna que obtiene resultados y no solamente a la que recibe atención mediática”. ¿Cuáles serían esos resultados?

Al garete

A falta de unidad y proyecto sensato, los observadores a distancia emplazados en Miami, Madrid y hasta en Guanajato avizoran ya, como naves opositoras, desde la protesta de bicitaxistas frente a la Plaza de la Revolución hasta la huelga de brazos caídos de tabaqueros en Holguín, como si algún líder de la oposición fuera bicitaxista o tabaquero.

Solo por desesperación y embullo se puede caer en la cursilería de sonar, al filo de la protesta de los bicitaxistas, que “todo el bloque comunista cayó a partir de una huelga obrera con demandas concretas. Pero hay que darle a los pedales, y echar a andar”.

Es sabio que los cubanos echan a andar hacia EEUU, pero no solo porque así se zafan de la dictadura, sino también porque ningún movimiento opositor ofrece alternativa viable. Las protestas de quienes se quedaron, basadas en demandas concretas, son y serán las disidencias que marcarán al castrismo tardío por derivar del impulso a llevar una vida más soportable sin necesidad de ningún opositor para organizarse y reclamar al Estado.

Solo que estos disidentes no generarán ni huelgas como aquella que dio pie a la caída de Machado ni a un sargento llamado Batista ni un ataque a un cuartel en tiempo de carnavales ni un asalto al Palacio de la Revolución.

Ningún gremio ni otro sector social en Cuba tienen orientación política en sentido estricto. Se reviran contra el abuso del Estado, pero sin poner en la picota al poder institucionalizado del Estado, que es el núcleo duro de la política. A este respecto solo quedan las urnas electorales, pero como los líderes opositores no quieren entrarle desde abajo al orden político castrista, allá ellos.

La oposición no puede racionalizarse con conocimiento, porque está signada por el interés. Quien desde el exilio sirve a la oposición ara en el mar. La única alternativa racional de los cubanos es emigrar. La singladura del país apunta hacia una serie de tiranuelos casi imperceptibles de todos los colores. Ni Washington ni Bruselas ni nadie se dignará a prestar ayuda en serio a la oposición antes que el gobierno, porque abrazando en su conjunto a todos los llamados líderes opositores, ¿cuál de ellos estaría llamado a conducir a la nación cubana por la senda de la libertad y el progreso?

Coda

¿Se imaginan a Berta Soler al frente del Ministerio de Recuperación de Bienes Malversados por el Castrismo, luego de haberle tumbado al exilio una casa para sí como sede de las Damas de Blanco y venir a Miami a comprar alimentos para su perrita Sisy?


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