Actualizado: 25/01/2022 14:16
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Tequila amargo

Lula y Calderón desarman las 'reflexiones' del Castro mayor. Brasil y México le abren los brazos a La Habana.

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El abrazo entre Felipe Calderón y Raúl Castro, las conversaciones a puerta cerrada, las concertaciones y proyectos de intercambiar visitas, el redimensionamiento de las relaciones intergubernamentales y económicas… En fin, lo que está sucediendo en la Cumbre del Mercosur, con el añadido de la entrada de Cuba al Grupo de Río, tiene a la comunidad cubana en México, a sus amigos nativos, en un viscoso pesimismo. Pero tal vez el tequila no esté tan adulterado.

Carlos Fuentes acaba de escribir: "Tradicionalmente, nuestro país jugó un papel de intermediario inmediato de equilibrio a largo plazo entre Cuba y los EU. México se negó a romper relaciones con Cuba y mantuvo, con algunas excepciones, una relación, a veces cínica, con la isla: no te metas conmigo y no me meto contigo. Sean cuales fuesen las ventajas y desventajas de semejante realpolitik, hoy las circunstancias son otras. Los EU se disponen a cambiar de presidente y Barack Obama se presenta con una mente clara a superar errores y crear oportunidades. Cuba es asunto prioritario en este sentido, porque es asunto artificial en un mundo donde el autoritarismo no impide —China, Vietnam— excelentes relaciones con los EU…" ( El Siglo de Torreón, México, 16-12-08).

A ritmo sabroso de candomblé fue recibido Raúl Castro en Costa do Sauípe. Acababa de oír llaneras en Venezuela. La foto lo muestra junto a Lula, Chávez, Calderón, Bachelet y Morales. Ríen algún exabrupto del venezolano, que aparece arriba. No sale —está en otro ángulo— Cristina Fernández de Kirchner, pero ya anunció que en enero visitará La Habana.

La explicación de que se trata de gobiernos latinoamericanos de izquierda, o la similitud con la política de la Unión Europea hacia Cuba, no son suficientes. Tampoco la asunción de Obama y sus declaraciones a favor de mejorar las relaciones con la dictadura o que la mayoría de cubano-estadounidenses apoye el fin del embargo o bloqueo. Tampoco, en el plano local, convencen las reflexiones de Fuentes, aunque tienen evidencias históricas.

Apretando la nariz

Lo contundente es que el tequila ahora tiene un deje amargo. Aunque quizás mañana se entienda como un trago que hubo que tomarse apretando la nariz con el índice y el pulgar, por lo menos para los que la democracia y el Estado de derecho no son merengues electoreros, demagogias para el congreso, declaraciones a la prensa con cara de niños buenos, de políticos buenos.

La hipótesis —polémica— es la siguiente: temen un colapso. Una hecatombe en Cuba se convertiría en una plomiza caja de resonancia para la región, con ecos europeos. Los gobiernos —incluyendo al que entrará en la Casa Blanca el próximo enero— temen una guerra civil, oleadas emigratorias incontrolables, hambrunas y tragedias ante las que no podrán mirar para el agua en Marte.

Apuestan a que ahora la "comprensión" del Grupo del Río, la de la Unión Europea y la que se espera de Washington, opere como un catalizador de una transición pacífica. Ante tales actitudes, la táctica parece ser —contra lo que opinan analistas de la estirpe sorda, como Carlos Gutiérrez— no darle a la dictadura el más mínimo chance de crear conflictos, como ha hecho hasta ahora, que justifiquen de nuevo la cobertura de "país sitiado".

No estamos ni en 1980 ni en 1994. Los informes de inteligencia que entran por muy diversos canales, coinciden en el hartazgo que la mayoría de la población experimenta ante el socialismo a la castrista, no sólo por su fracaso sino también por el medio siglo transcurrido, que ahora además cuenta con el factor biológico, con la inexorable vejez y muerte de la generación "guerrillera".

Lo mejor parece estar transcurriendo dentro de las esferas de poder, entre los cuadros jóvenes y alertas a la situación mundial. Quieren cambios, no maquillajes, que no pongan en riesgo sus privilegios, la continuidad que les permita instalarse con mayor comodidad en una sociedad abierta. Esperan una oportunidad concreta, que no provenga del Norte, para borrar la pizarra.

¿Cómo decir que Lula o Calderón son agentes del imperialismo o de las transnacionales, si abren los brazos a los arreglos sin exigir nada a cambio, si ninguno habla de liquidar a nadie? ¿Acaso tales posiciones no desarman las "reflexiones" del Castro mayor?

Claro que la astucia y la picaresca de la anciana élite aún pueden hacer trampas, pero el cuadro se les está cerrando y cada vez tienen menos fuerza para batear un hit perdurable, que estire la perpetuación.

Ese es el tequila amargo… Brindemos porque tenga el éxito que hasta ahora no han logrado otras bebidas alcohólicas u otros venenos. Sabe mal, como los purgantes, pero al menos todavía no exhibe su inutilidad, y sobre todo no afecta —como sí el embargo— al cubano de la esquina caliente.


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Raúl Castro y Felipe Calderón, en Costa de Sauípe (Brasil), el 16 de diciembre de 2008. (AFP)Foto

Raúl Castro y Felipe Calderón, en Costa de Sauípe (Brasil), el 16 de diciembre de 2008. (AFP)

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