Actualizado: 19/10/2017 11:37
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Oposición, Disidencia, Cambios

Transición: conocimiento e interés

En Cuba nadie sigue ni seguirá a las víctimas, mucho menos si convocan a marchar por la libertad de los presos políticos listados por Elizardo Sánchez

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Julio arrancó con otro ademán para la transición a la democracia. Yoani Sánchez y su esposo, Dagoberto Valdés, Eliécer Ávila, Manuel Cuesta Morúa, Laritza Diversent y otros activistas se reunieron el jueves 2 y el viernes 3 en la Casa de América (Madrid) para “un evento de formación” que giró en torno a la experiencia chilena. En julio del pasado año, un evento similar orbitó alrededor de la transición española, como si el manoseo de modelos extranjeros diera conocimiento para sobrepujar los intereses que dictan el tránsito en Cuba al mando del capitán de navío elegido por la asamblea de tripulantes, tal como hacían los piratas del Caribe.

Última causa

Hace rato que el sociólogo Gary Gereffi (Universidad Duke) explicó cómo la globalización determina que la unidad política continúe siendo nacional, pero la producción se torna más bien regional y el movimiento de capital, internacional (The Handbook of Economic Sociology, Princenton University Press, 1994, página 225).

Estos imperativos globales proveen causa eficiente para normalizar las relaciones Cuba-USA. Los intereses económicos tenían que prevalecer en medio de una pelea cubana contra los demonios del castrismo que avanza infructuosamente hacia su sexta década.

No hay esperanza de libertad y democracia en Cuba con líderes opositores que adquieren conocimientos por todo el mundo, exponen por todo el mundo qué hacen y harán, y regresan campantes a la Isla en estricta correspondencia con el tumbao popular de frustrar la represión castrista yéndose a vivir fuera para recurvar como visitante sin traer anticastrismo alguno entre la pacotilla y los artículos de primera necesidad.

Picazón legislativa

Esos líderes están empecinados en proyectos de ley que, por su propio diseño, jamás pasarán del esfuerzo mediático. La “formación” en Madrid no podía tener mejor complemento que la “promoción” en La Habana, el viernes 3, de una Ley de Amnistía por Damas de Blanco-Estado de Sats y otros, que abarca “todos los actos de intencionalidad o connotación política”.

La reiteración del mismo absurdo del Proyecto Varela —pedir al parlamento del régimen leyes contrarias al régimen— deja de ser ya miopía político-jurídica para convertirse en trastorno mental o algo peor: burdo jueguito con pose de oposición. Luego del papelazo de que ninguno de esos líderes fuera siquiera propuesto por el pueblo como candidato a delegado a las asambleas municipales, resulta muy bonito que vengan a dárselas ahora de legisladores como si fueran diputados a la asamblea nacional.

La Gran Marcha

En el empeño inútil de amnistía vinieron a parar las marchas domingueras que, antes de movilizar al pueblo, confirman que los marchantes son tan sólo víctimas de la represión, sin arrastre popular alguno como actores políticos. En Cuba nadie sigue ni seguirá a las víctimas, aunque aparezcan en fotos aparatosas por fractura nasal u otras lesiones, mucho menos si convocan a marchar por la libertad de los presos políticos listados por Elizardo Sánchez, sin más repercusión que las diatribas contra el cardenal Jaime Ortega por negar que haya tales presos en Cuba.

Siempre habrá presos políticos en Cuba, porque la represión política es rasgo definitorio de su Estado, pero tras la excarcelación masiva en virtud del pacto Obama-Castro, las marchas dominicales y el pregón de amnistía no despertarán el interés de una ciudadanía concentrada en problemas más perentorios. Ni siquiera despertarán la debida solidaridad afuera, puesto que la propia lista enreda la noción de preso político al incluir 13 secuestradores de embarcaciones o aeronaves, 7 infiltrados armados, 5 reclutas amotinados, 5 reos de asesinato y 2 de sabotaje, 3 espías y otros que jamás pasarían como presos políticos por el tamiz del Derecho Internacional.

Coda

El retorno cero de la inversión de fondos del contribuyente americano en la industria del conocimiento para la transición cubana, esto es: la “formación” de líderes opositores y la “educación” de la ciudadanía, así como en la difusión de “noticias”, ayudaría a entender por qué hasta Carlos Gutiérrez, exsecretario de Comercio de la administración Bush hijo y copresidente de su Comisión de Asistencia a una Cuba Libre (2004), cambió de interés.

La comisión sostenía que mejorar las relaciones perpetuaría el castrismo. Y tenía razón. Gutiérrez se pasó al bando de Obama para sostener que la mano dura consolida el castrismo. Y también lleva mucha razón, pero su viraje concitó la reacción exiliar que ilustra ejemplarmente Armando Pérez Roura: “Gutiérrez ha hecho una transición que ha puesto en primera página lo que es él, alguien que está ávido que en Cuba haya negocio, y con eso no se va a contar para la libertad de la patria. ¡Qué hubiera dicho José Martí!”

Como el pasado está siempre disponible pa´lo que sea, una buena respuesta sería que Martí hubiera dicho lo mismo que al jefe alzado Emilio Núñez el 13 de octubre de 1880: “No permanezca inútilmente en un campo de batalla (…) estéril como es la lucha; indigno hoy, porque es indigno el país”.


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