Actualizado: 17/10/2018 9:00
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Roth, EEUU, Literatura estadounidense

Trump y «La conjura contra América»

Siempre que Roth mencionaba a Lindbergh y a Trump, el segundo salía peor parado. Y eso que el primero había sido un simpatizante nazi

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Cioran consideraba que si se quiere conocer un país, había que leer a sus escritores mediocres, los únicos capaces de reflejar de verdad los defectos, virtudes y vicios de una nación. Los otros, los escritores buenos, solían reaccionar contra su patria, se avergonzaban de formar parte de ella, y se limitaban a expresar perfectamente su esencia, es decir su inutilidad cotidiana.

Pero qué ocurre cuando no se trata de describir un territorio real sino una situación dudosa, improbable. Y cuando ese paraje imaginado, esa distopía —un término horrible acuñado por el avinagrado John Stuart Mill, como maldición y advertencia contra la utopía— amenaza con acercarse a la realidad.

¿Qué hacemos entonces?

Una solución es leer a Philip Roth, que acaba de fallecer para lamento de sus lectores, aunque en los últimos años había cerrado su escritura porque consideraba que ya lo había dicho todo y dado todo con lo que tenía a su alcance.

Releer a Roth y volver a La conjura contra América (The Plot Against America), esa novela en la que nos narra la llegada del fascismo al poder en Estados Unidos, y que es también un acercamiento no premeditado al mundo de Trump.

Roth publicó La conjura contra América, en 2004, sin sospechar que algo más torcido aún que el gobierno de George W. Bush aguardaba en el futuro. Todos éramos ingenuos y no hubo excepciones para los autores. Poco sirvió al novelista su genio literario, para salvarlo de esa semejanza futura que él negó siempre.

“Por más anticipatoria que La conjura contra América pueda parecerte, hay una enorme diferencia entre las circunstancias políticas que inventé en ella para EEUU en 1940 y la calamidad que hoy en día nos causa tanto desaliento. Es la diferencia de estatura entre un presidente Lindbergh y un presidente Trump. Charles Lindbergh, en la vida como en mi novela, pudo haber sido un verdadero racista y antisemita, así como un supremacista blanco a quien le agradaba el fascismo, pero también era —por la extraordinaria proeza de su solitario vuelo trasatlántico a la edad de 25 años— un verdadero héroe estadounidense trece años antes de que lo describa ganando la presidencia“, señala Roth en una entrevista, posiblemente la última que dio, aparecida en The New York Times el 29 de enero de este año.

Luego añade que mientras Lindbergh era “un Magallanes de la aeronáutica, una de las primeras figuras señeras de la era de la aviación. En comparación, Trump es un fraude masivo, la suma perversa de sus deficiencias, desprovisto de todo excepto de la ideología hueca de un megalómano”.

Siempre que Roth mencionaba a Lindbergh y a Trump, el segundo salía peor parado. Y eso que el primero había sido un simpatizante nazi. Después de todo, lo de “América Primero” no fue tan primero de Trump como de Lindbergh, que había participado en el America First Committee.

Roth había intentado deslindar al libro de comparaciones, cuando escribió en el Times Book Review que La conjura contra América no era una novela en clave política, sino que más bien había tratado de imaginar situaciones del tipo “qué hubiera pasado si…”, sobre hechos no ocurridos en Estados Unidos, pero que habían sido la realidad en otros lugares.

A finales de enero de 2017, en un email a The New Yorker, ya Roth había mencionado el tema de las diferencias entre Lindbergh y Trump. Lindbergh había sido un gran aviador, mientras “Trump es solo un estafador. El libro relevante sobre el antepasado estadounidense de Trump es The Confidence-Man, de Herman Melville, una novela oscuramente pesimista y ostentosamente inventiva —la última de Melville— que bien podría haber sido llamada ‘El arte de la estafa’”.

En The Confidence-Man, un extraño se cuela en un barco que navega por el Mississippi en el Día de los Inocentes y cada persona, incluido el lector, se ve obligada a enfrentar aquello en lo que deposita su confianza. Imaginen un mitin, imaginen un avión, imaginen a Trump.

Esta columna también aparece en el Nuevo Herald.


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