Actualizado: 13/11/2019 9:19
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Fidel Castro, Cambios

“Un hombre no es una isla”

A los 85 años de Fidel Castro y cinco de su salida del poder activo en Cuba

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Tras cinco años de la proclama que separó a Fidel Castro del poder, se impone un análisis sobre el rol que el antiguo líder revolucionario ha jugado en el sistema político cubano desde su convalecencia y retiro y las consecuencias de tal evolución.

Los roles fundamentales de Fidel Castro en el sistema político cubano hoy son dos:

  1. En términos del gobierno, Fidel Castro cumple una función de gran consejero, al ser consultado sobre decisiones estratégicas o con respecto a la nominación o destitución de dirigentes centrales, como fue en el caso del fin de las carreras políticas de sus antiguos allegados Felipe Pérez Roque y Carlos Lage, o la constitución del nuevo Comité Central en el VI Congreso.
  2. En términos de ideología y proyección exterior, particularmente hacia América Latina, es un patriarca de la izquierda radical, aconsejando a los nuevos líderes, en primer lugar Hugo Chávez, y reflexionando sobre los modelos socialistas, y algunos de sus errores (En sus Reflexiones y entrevistas ha criticado la discriminación a los homosexuales, la animadversión al mercado y el antisemitismo de Ahmadinejad, reproducido en muchas de las condenas anti-israelíes de radicales latinoamericanos de izquierda).

Tras un período de ajuste, en el que algunas de sus Reflexiones en el periódico Granma contradijeron las posturas más abiertas de su hermano menor, el ex presidente Castro parece conforme con su nuevo rol. Quien era previamente conocido por su liderazgo micro-administrador y omnipresente, ha aceptado que el gobierno sea manejado por su hermano y un grupo de tecnócratas, militares y líderes partidistas.

En términos de memorias, Fidel publicó dos volúmenes sobre el período de la lucha guerrillera contra la dictadura de Batista, incluyendo juicios y cartas sobre la relación con líderes del Movimiento 26 de Julio y otras organizaciones (el Directorio Revolucionario 13 de Marzo), con las que forjó alianza. Fidel Castro parece menos interesado en guardar formas con los aliados de su generación, que en esclarecer su posición en la historia y explicar lecciones útiles para la unidad y cohesión de la actual dirección del PCC y la generación abocada a tomar las riendas en los próximos cinco años.

Dos áreas donde Fidel Castro demuestra estar actualizado son la política de Washington hacia Cuba y Venezuela. En el primer caso, ha ido adoptando un estilo más discreto desde que pifió al anunciar el retorno de los “Cinco” para fin de 2010, sin que ocurriese, y que una guerra contra Irán era cuestión de días. En relación a Chávez, ha demostrado su agudeza conspirativa, invistiendo al teniente coronel como su heredero político en la arena internacional y aconsejando actos que llevan su sello, pero sin opinar sobre cuestiones internas venezolanas.

Diferente a Mao en China y Stalin en la URSS, Fidel Castro parece cómodo con la sucesión que planificó. Actúa como el presidente emérito de una corporación, que a veces visita los proyectos, interviniendo en importantes pero escasas decisiones. En cierta forma, ha confiado a Raúl Castro la suerte del proyecto que fundó. Sabe que su hermano menor y la alianza de jefes militares y zares partidistas están en pleno control de las FAR, el PCC, los aparatos de inteligencia y contrainteligencia y de todo el Estado.

En ausencia del líder carismático, e iniciando reformas imprescindibles en la economía y la política del país, Cuba se adentra a un nuevo período donde serán más importantes las instituciones y las posiciones de los diferentes grupos dentro de la élite gobernante. Dicho esto, nadie debería subestimar la capacidad de sobrevivencia del sistema unipartidista cubano. Ninguna organización en todo el espectro cubano, en la Isla o el exilio, tiene la fuerza, disciplina, organización y capacidad de movilización del dúo PCC-FAR. Incluso para hacer frente a su legado, los opositores de Fidel Castro tendrán que reconocer su talento político, y hasta aprender de él.

Fidel Castro no es ya por sí mismo la mínima coalición ganadora en la toma de decisiones en Cuba. El destino del actual sistema unipartidista depende cada vez más de la capacidad del liderazgo post-fidelista para resolver los problemas de bienestar general y las aspiraciones de la población, y menos de las opiniones o el carisma del patriarca revolucionario. Tal evolución indica la aparición de un tipo de política distinta, de pluralismo burocrático, donde los intereses y valores de las diferentes facciones del gobierno son más relevantes. Cuba nunca fue un sistema sultanístico pero el retiro de Fidel, cual líder carismático, concluye el cambio de régimen político cubano hacia un régimen post-totalitario[1].

Esta realidad implica no solo ajustes de política sino tensiones que pueden dividir y debilitar la cohesión entre los componentes de la élite. La historia está llena de casos en los que las reformas destruyen a los gobiernos reformistas. En Cuba, los intereses, experiencias, valores y educación de los grupos generacionales que componen la élite actual no son homogéneos. Incluso si la reforma tuviera éxito —algo que nadie puede garantizar, dadas las difíciles condiciones actuales y el tiempo perdido por la élite gobernante desde el fin del apoyo soviético en 1991—, una Cuba de economía mixta, y con una sociedad que reniega parcialmente de sus proyectos igualitaristas, generará nuevas demandas modernizadoras. La experiencia de otros países confirma que los períodos de crecimiento económico orientado al mercado han generado siempre presiones para aperturas en derechos civiles y políticos.

Desde el punto de vista de la política norteamericana es tan importante lo que ha sucedido como lo que no. La transición ordenada a una Cuba distinta al modelo de Fidel al timón está en curso, sin los disturbios esperados, anunciados y hasta deseados por muchos analistas en Washington y Miami. Washington, sin embargo, sigue en su trayectoria histórica de perder la oportunidad para dinamizar los procesos de reforma que tienen lugar en la Isla. A pesar de que Raúl Castro genera menos acrimonia en la discusión pública norteamericana, la política de reclamación de propiedades y restauración contrarrevolucionaria, enunciados en la ley Helms-Burton, una legislación que nada tiene que ver con la promoción de los derechos humanos en la Isla, sigue en pie. Dicho esto, las flexibilizaciones de viajes a la Isla por la Administración Obama y numerosos reportajes en los medios de comunicación norteamericanos empiezan a tomar nota de un país que es menos un museo de la guerra fría y más un país en transición.

¿Qué pasará en Cuba cuando Fidel Castro muera? Un funeral. A corto plazo, se puede pronosticar con relativa certeza que:

  1. No habrá un colapso del gobierno en la Habana, independientemente de la duración de la vida del mayor de los dos hermanos, e incluso de la salud del menor.
  2. Se ha iniciado un proceso de reforma económica y liberalización hacia un mayor rol del mercado y la propiedad privada en la economía cubana y una expansión parcial del pluralismo económico y social y de las libertades de los cubanos a la religión, viajar y tener propiedad.
  3. Raúl Castro y su vice, José Ramón Machado Ventura, jugarán el papel determinante en la designación del tercer jefe de Estado en la historia cubana después de 1959. El nuevo líder gobernará con limitación a dos mandatos, y con poderes más compartidos que sus dos antecesores.

Frente a ese diagnóstico, la política óptima de la comunidad internacional y la diáspora cubana sería interactuar proactivamente —como lo ha sugerido la analista disidente y ex diplomática cubana Miriam Leiva[2]— con toda la sociedad cubana, reconociendo la pluralidad de la misma y la existencia de crecientes espacios independientes del gobierno, que es a su vez también un terreno plural, con diferentes proyectos de gobernabilidad. Desde esa realidad, es cada día más irracional pensar las políticas en Cuba y hacia Cuba como dirigidas a Fidel Castro, a ajustar cuentas con él, o con el estado post-revolucionario que fundó.


[1] Este concepto sigue la tipología propuesta por Alfred Stepan y Juan Linz sobre regímenes no democráticos, en la que cuatro tipos de régimen: sultanístico, autoritario, totalitario y post-totalitario, se diferencian en torno a cuatro dimensiones fundamentales: movilización, ideología, pluralismo, y liderazgo. Dados los niveles de pluralismo social, económico y cultural existentes en la Isla, el decrecimiento en la movilización y la exigencia de apoyo incondicional al gobierno, la flexibilización de la ideología dominante y su presencia en la vida cultural y educacional del país ya era difícil catalogar a Cuba como régimen totalitario en 2006. El último rasgo totalitario, aquel asociado al liderazgo carismático, ha dado paso ya a una toma de decisiones más típica de un pluralismo burocrático que apunta, con la adopción de límites de mandato, a un perfil institucionalizado. Para una discusión sobre este tema, López-Levy, Arturo (2008) “Reseña al libro Cuba, hoy y Mañana” (Compilado por Rafael Rojas), Política y Gobierno, Vol. XV, num.1. Primer Semestre, 2008.

[2] Leiva, Miriam (2011), Cuba en el contexto internacional. Relaciones con Estados Unidos. Ponencia presentada al panel de la XXI Conferencia de ASCE “Foreign Policy and the VI Party Congress”, Miami, 4-6 de Agosto de 2011.


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