Actualizado: 23/07/2021 23:16
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Disidencia, Represión

Un paso esencial para salir de nuestro laberinto

Se impone un acercamiento deferente de posiciones, ideas y propuestas, lo que sería muy prudente y provechoso en el momento que vive el país

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Cuba vive (o tal vez desfallece) en una prolongada crisis. La situación socioeconómica va de mal en peor. Cada vez es menor el poder adquisitivo real de los trabajadores y los jubilados y más complicada la situación de los cientos de desempleados, quienes sufren necesidades insatisfechas peores o similares a las del Período Especial.

Por un lado, el Gobierno es doctrinario, arrogante, inmovilista y excluyente a pesar de su desastrosa gestión. Se niega a hacer los cambios estructurales y conceptuales imprescindibles que prometió para superar la crisis y no permanecer al borde del precipicio. ¡Quien no toma medidas no obtiene resultados!

Por otro lado, la oposición política está ‟feudalizada”, constituida por pequeños grupos y facciones, a veces infinitesimales, aunque con muy valiosas y heroicas individualidades, y subsiste en adversas condiciones. Representa una natural pluralidad de opiniones, intereses y posiciones ideológicas, generalmente prioriza una perniciosa y sin ningún sentido inercia de protagonismo y descalificación de sus congéneres en vez de concentrar su atención en oponerse a la dura y objetiva realidad del Gobierno. Tampoco suele hacer propuestas alternativas concretas de acción pública; en consecuencia, tiene un limitado poder de convocatoria y movilización, y de alentar la participación ciudadana. Como comentó una bloguera ‟tantos capitanes en un barco, lo hunden.”

La oposición es hoy un gran archipiélago como nuestro país. De no progresar alguna iniciativa centrípeta como el Camino del Pueblo, la oposición democrática, en sus distintas vertientes y propuestas, verá limitada su gravitación y capacidad de influir en los escenarios que irremediablemente se avecinan. Se impone un acercamiento deferente de posiciones, ideas y propuestas, lo que sería muy prudente y provechoso en el momento que vive el país. Esta condición es indispensable para un proyecto de mayoría.

Un paso esencial para superar la crisis nacional y provocar los cambios necesarios de recuperación institucional, democrática y económica del país y para que los ciudadanos tengan una real igualdad de oportunidades y libertades básicas dentro de una sociedad plural es que la oposición con el apoyo de numerosos ciudadanos una sus recursos humanos y de comunicación social, presente una visión común y desafíe al imprescindible debate público al Gobierno. Esta tarea es ardua pero no es una fantasía.

Si se aspira a desplazar al Gobierno de la asfixiante hegemonía e uniformidad ideológica, política, social, económica y cultural de la nación y, con ello, de la gobernabilidad, es imperativo que la oposición democrática tenga una vocación de diálogo interno más amplia y disposición a elaborar un proyecto programático alternativo común. Pero más relevante todavía, es generar un proceso que establezca los cimientos conceptuales y metodológicos de la acción democrática, con el fin de captar la vinculación de los ciudadanos de a pie y la sociedad civil. Son ellos los que sustentarán el carácter democrático e inclusivo.

La historia latinoamericana reciente nos muestra dos países con experiencias relevantes: Chile y Venezuela. En Chile los partidos y movimientos civiles de centro, centroizquierda e izquierda se unieron en la Concertación de Partidos por la Democracia en 1986 para enfrentar efectivamente a la dictadura militar de Pinochet, primero en un plebiscito y después para derrotarla electoralmente en 1989. Posteriormente, la Concertación gobernó a Chile por 20 años (1990-2010) aumentando el bienestar y la calidad de vida de sus ciudadanos.

En Venezuela los grupos de todo el espectro político se unieron en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) formalmente en 2008, pero informalmente desde 2006, para enfrentar el proyecto dictatorial socialista de Estado (el socialismo del siglo XXI) de Hugo Chávez, logrando derrotarlo en un referendo constitucional en 2007, obtener más votos que el Gobierno en las elecciones parlamentarias de 2010, alcanzar un acuerdo básico para gobernar al país y elegir un candidato de oposición en unas primarias con amplia participación ciudadana. Después de Chávez no habrá abismo ni caos. La nueva generación movilizada por el MUD, destaca por su coraje y participación ciudadana y no tiene como referencia restaurar el pasado ni le interesan los ataques del chavismo a la “cuarta república”. Para ella el socialismo del siglo XXI no pasa de ser más que una pesadilla, reclama que Chávez brinde cuenta no por las nuevas obras y acciones que promete sino por las que ha incumplido en más de 12 años en el poder.

Lo interesante para Cuba de ambos movimientos de unidad es el punto de inflexión política, así como la lógica y dinámica de transformación que generaron en los respectivos países. Han compatibilizado diferentes puntos de vista con base en la competencia de ideas, formalizado estrategias comunes, establecido la disciplina interna y los mecanismos del trabajo de base requeridos, y sobre todo generado la fortaleza que otorga a sus integrantes ser partes de una coalición, la que resulta más imbatible mientras más amplia y unida sea.


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