Actualizado: 22/10/2021 20:51
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Disidencia, Represión

Una familia cubana frente a la violación de sus derechos

Respuesta a las calumnias del periodista oficialista Enrique Milanés León, publicadas en el sitio digital del periódico Adelante

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Señor periodista, no voy a polemizar sobre lo que es un derecho inalienable y universal: la educación y la atención médica, pero recuerde que el hecho de que un gobierno ofrezca estos beneficios “gratuitos” a su pueblo —por cierto a un elevadísimo costo para los cubanos— no le otorga el más mínimo derecho de reprimirlo y mantenerlo cautivo, violando ese preciado regalo que Dios nos ha dado, la libertad.

Ud. asegura que yo contribuyo a manipular la realidad nacional cuando reporto vía telefónica hacia el exterior hechos que según Ud. solo habitan en mi mente. Y yo le pregunto: ¿Qué pruebas tiene para afirmar tal cosa? y ¿Qué significa para Ud. la realidad nacional? Continuar mintiéndole al mundo ocultando la intolerable y asfixiante realidad cubana, seguir permitiendo que nuestras hermanas e hijas se prostituyan con turistas extranjeros con la finalidad de escapar de su patria en busca de libertad y mejoras económicas, que continúen encarcelando a la población porque deben delinquir constantemente para sobrevivir, continuar viviendo una doble moral para agradar a una minimizada casta de burócratas frustrados y decrépitos ancianos, que durante años han conducido a la nación cubana hacia la destrucción y el caos… ¡Me parece que es Ud. quien ignora, o no quiere ver la realidad nacional!

Sepa que es nuestro derecho disentir y oponernos de manera pacífica, pero frontal, a este sistema dictatorial que viola constantemente los derechos más elementales de la especie humana, golpeando con saña y sin piedad a mujeres indefensas que, en el ejercicio lícito de ese derecho, marchan por las calles de Cuba demandando libertad y democracia, exigiendo el fin de esta abominación que atropella, encarcela, asesina y conduce al suicidio a nuestros conciudadanos, por el simple hecho de expresar y protestar pacíficamente ante la ignominia en que esos que Ud. hoy defiende han sumido a la nación cubana. Los mismos que dieron por desaparecido al comandante Camilo Cienfuegos, encarcelaron con intrigas y burdas mentiras al comandante Húber Matos, traicionaron a José Antonio Echeverría, Frank País, y tantos otros cubanos dignos, vendiendo la noble revolución cubana al despiadado e intrínsecamente criminal sistema comunista, marxista-leninista.

Ud. me acusa de contrarrevolucionario, distorsionador de la realidad nacional y de ser un agitador que ha hecho de la calumnia y la mentira un modo de vida. Y yo le pregunto nuevamente: ¿Cómo asegura tal cosa cuando Ud. mismo afirma no conocer siquiera donde vivo? y ¿cómo puede estar tan seguro de que tan solo un puñado de personas contados con los dedos son los únicos que frecuentan nuestra casa? Sepa señor periodista que quienes le ordenaron redactar ese artículo no le informaron la verdad sobre la realidad santacruceña, y sepa también que acosar, interrogar y fotografiar a un menor de edad por la opinión política de sus padres no solo es antiético, si no, una violación fragrante a los Derechos Humanos, y la Convención sobre los Derechos del Niño. Y más despreciable aún si ello se ejecuta dentro de la escuela donde este estudia, sin el consentimiento de sus padres.

Señor periodista, de forma breve le relataré cuál es la realidad de la marginada y famélica población santacruceña: nuestro natal Santa Cruz del Sur —por cierto un pueblo próspero y solidario— contaba con múltiples fuentes de empleos antes de 1959, y como renglón principal, dos ingenios azucareros con un vasto macizo cañero, entre otras cosas; un tercero el Jesús Suárez Gayol, construido por la “revolución” castrista a principios de la década de los ochenta, generaban gran fuente de empleos a centenares de familias, hasta que un buen día esta los desmanteló dejando a miles de personas sin sustento familiar. Muchos de los recursos provenientes de esas industrias y otras instalaciones arrasadas por la “rovolución”, fueron a parar a manos de dirigentes sin escrúpulos para su lucro personal. ¿Quién es entonces el verdadero enemigo del pueblo cubano?

Instalaciones deportivas, sitios recreativos, lugares de sano esparcimiento, establecimientos de comercio, gastronomía, transportes urbanos y otros, han sido demolidos o los han dejado destruir, alevosamente abandonados sin mostrar el más mínimo respeto y consideración por el pueblo trabajador. Pero claro, la culpa nunca cae al suelo. Ello segurísimo se debe al cacareado “Bloqueo Estadounidense”.

Jubilados, limitados físicos, combatientes del Ejército Rebelde e internacionalistas de las guerras en el continente africano deambulan hambrientos por las calles convertidos en pordioseros, abandonados a su suerte, mientras que otros han muerto en terribles condiciones higiénico-sanitarias, sin viviendas, completamente olvidados por la “Revolución” que un día prometiera al pueblo cubano prosperidad, igualdad y justicia social plena.

Las policlínicas rurales y los llamados consultorios médicos de la familia permanecen en ruinas, o en pésimo estado técnico. No hay médicos suficientes para asistir a los indignados pacientes que deben esperar horas y hacer largas filas para ser atendidos, y en ocasiones deben marcharse sin recibir el servicio, o este no resuelve, o diagnostica el padecimiento; negligencia, déficit de especialistas, ambulancias e insumos y medicamentos, hechos que no pocas veces han causado la muerte al paciente. Ello sin contar con que el Hospital Municipal Enrique Santiesteban Báez lleva más de ocho años en un lentísimo proceso de reparación y ampliación capital; y mientras el régimen cubano culpa al embargo estadounidense de la depauperada situación nacional, se gasta millones de dólares en la rápida construcción de modernísimos centros de salud en otros países.

Tampoco hay suficientes alimentos para mitigar el hambre generalizada, excepto para un puñado de “pundonorosos revolucionarios” que no tienen que preocuparse por ese insignificante problemilla. La Policía Nacional Castrista e inspectores integrales multan a los ciudadanos y les decomisan todo cuanto consideran ilícito, fundamentalmente alimentos; los campos están cubiertos de hierbas y maleza; la totalidad de las tierras del territorio permanecen improductivas; y los dirigentes locales, potencialmente incapaces y carente de toda voluntad política, no generan soluciones, si no que parecen disfrutar de la desdichada realidad nacional. Y por si le pareciera poco, la totalidad de los santacruseños ahogan sus frustraciones en el alcohol: la juventud no cuenta con sitios de recreación y sano esparcimiento, por lo que incrementa el delito, las indisciplinas sociales, la violencia el consumo etílico y de estupefacientes, hechos que no pocas veces han generado violentas trifulcas que han terminado en fatalidad.

Periodista, le emplazo a que sea objetivo cuando de hablar de la realidad nacional se trate, y exija en sus artículos periodísticos el cese del maltrato a nuestros conciudadanos y que, conforme a derecho, clame por pan, trabajo, justicia, libertad e independencia soberana del individuo frente al Estado que les ha secuestrado su soberanía, pues como bien dijo nuestro apóstol José Martí:

“Quien vea a su pueblo en desorden y agonía, sin puerta visible para el bienestar y el honor, o le busca la puerta, o no es hombre, o no es hombre honrado. El que se conforma con una situación de villanía es su cómplice. Es su cómplice el que considera insuficiente o imposible el remedio que pregona, y con la mentira en el alma, continúa pregonando el remedio insuficiente e imposible. La tiranía no se derriba con los que la sirven con su miedo, o su indecisión o su egoísmo”.


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