Actualizado: 15/11/2018 8:55
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Wilman Villar, Represión

Wilman Villar murió por todos

Wilman Villar nos ha dejado otro trágico ejemplo de que la libertad, como decía Manuel Azaña, no hace simplemente libres a los hombres, sino que los hace hombres

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Recuerdo que cuando murió Orlando Zapata Tamayo se desencadenó de inmediato una virulenta respuesta gubernamental. No la nota distante, como aséptica, que sale en el tedioso Granma, sino la hemorragia de artículos de los blogueros mal pagados que siempre están dispuestos a palear sobre las personas —vivas y muertas— todas las inmundicias que generan sus entrañas. Recuerdo la campaña que indistintamente calificaba a Zapata de ladrón, alcohólico, antisocial y esquizofrénico.

Cuando en realidad Zapata no fue otra cosa que un hombre sencillo que decidió castigar con su renuncia a la vida los desafueros de un régimen autoritario y corrupto. Y lo hizo con una valentía tal que evidentemente empequeñeció a los depravados blogueros mal pagados del Gobierno cubano. Viendo el asunto a la distancia, pienso que se asustaron. Y eso les otorga cierta consideración, porque el miedo es un derecho de los desposeídos. Y estos pobres blogueros no son otra cosa que plumas tarifadas, degradadas por el mismo poder que defienden.

Wilman Villar era también un hombre sencillo como Zapata. Y sobre su caso es muy poca la información disponible. Y muy confusa. Como sucede siempre en sistemas donde la información es un privilegio y no un derecho.

Debió de ser un hombre de su tiempo y su lugar. Vivía de trabajos ocasionales en una zona semiurbana del sur del mítico Oriente. Y si alguien quiere conocer un mal lugar para vivir, que vaya a un poblado semiurbano suroriental.

Al parecer Wilman cargaba toda la rémora de la violencia machista de la cultura nacional. Un certificado médico expedido para fines legales a nombre de su esposa y fechado en julio de 2011 indica que ésta mostraba lesiones leves, creo que en el labio superior, producto de un golpe que le propinó su esposo. Un acto deplorable que motivó a la suegra de Wilman a colocar una denuncia formal que, según se dice, luego retiró. Pero que de cualquier manera sirvió para proceder policialmente en su contra, ocasión en que, alega la policía, se resistió. Luego se afilió a un grupo disidente de oposición, dice el Gobierno que hipnotizado con la oferta de que de esa manera evitaría el proceso legal en ciernes. Participó en varias protestas públicas en Contramaestre, hasta que fue procesado y condenado —en uno de esos procesos sumarios que nos recuerdan al Capitán General Tacón— a 4 años de cárcel.

Fue entonces que se declaró en huelga de hambre y en una situación de debilitamiento general, contrajo una neumonía severa que finalmente le produjo un fallo multiorgánico fatal.

Tras su muerte, la esposa ha reiterado su disposición de apoyar la causa del esposo muerto y ha negado las historias de maltratos. El funeral se desarrolló bajo estrictas medidas de seguridad que impidieron el acceso de otros disidentes, y la propia esposa no asistió. Según un bloguero de Contramaestre, fue un ejemplar acto de paz. Que paradójicamente contó con el apoyo de dos vehículos estatales, un camión y “una guagua estatal de cítricos” (sic.)

El Gobierno cubano se limitó a publicar una nota, primero en Cubadebate y luego en Granma, donde asegura que Wilman no era opositor, que era preso común y que murió a pesar de la esmerada atención médica que recibió.

Los blogueros mal pagados, por su parte, han sido sumamente cuidadosos. Por supuesto que han paleado cieno. A la repetición ad nauseam de la nota del Gobierno cubano, han agregado una cosecha propia que debe ir creciendo. Por ejemplo, han acusado a la esposa de recibir 80 dólares a cambio de mostrar solidaridad con el esposo muerto que supuestamente la maltrataba (¿alguien puede imaginar una invectiva más ruin?); han afirmado que esto no tiene importancia porque en otros países es peor y han mostrado el ya mencionado certificado médico. Que según un periódico digital argentino —de esos solidarios y antiimperialistas que uno no sabe si son ingenuos o cómplices culpables— se había filtrado misteriosamente a la prensa. Como si a estas alturas hubiera prensa en Cuba, funcionaran las filtraciones y quedara algo de misterio.

Sin lugar a dudas en los días venideros se incrementará la presión sobre el tema. El Gobierno cubano ha anunciado que dispone de mucha información. Y no creo que los blogueros mal pagados resistan esta nueva oportunidad —inmejorable— de colocarse en la cuneta de la ignominia.

Y según se incremente la reyerta argumental, la información será más confusa y la situación más turbia. Y solo con el tiempo, cuando la información pase a ser un derecho, lograremos saber que pasó en estos siete meses que llevaron a la tumba a un joven de 31 años, y a la orfandad a dos niñas.

Pero por el momento no creo que haga falta.

Quiero imaginar todo lo peor que describe el Gobierno.

Quiero pensar que efectivamente Wilman Villar golpeó a su mujer en un acto de violencia machista imperdonable, pero explicable en la muy patriarcal cultura nacional, carente de movimientos feministas y masculinistas autónomos de las oxidadas burocracias de la FMC y de las frivolidades elitistas de Mariela Castro. Al final, entendamos, las golpeaduras de mujeres en Cuba ha sido históricamente un ejercicio lúdico de nuestra versátil élite política.

Quiero pensar que efectivamente se afilió a la oposición sin una idea clara de lo que significaba, posiblemente navegando en ese mar de incertidumbre, falta de perspectivas, pobreza y mediocridad que se vive en las pequeñas comunidades rurales cubanas. Como sucedió con muchos miembros del M-26-J que luego pasaron con sobrado derecho al panteón del martirologio nacional.

Quiero pensar que cuando fue arrestado, se resistió y trató de impedir la acción policial, sobre todo cuando percibió en esos policías a los representantes de la causa de su vida sin sentido.

Quiero pensar que es cierto todo lo que dice el Gobierno cubano, sus blogueros mal pagados y los periódicos “antiimperialistas y solidarios”.

Y no importa que lo sea, porque si Wilman Villar, en ese espacio final de su corta vida creyó que tenía derecho a decir lo que pensaba, a disfrutar de derechos cívicos elementales en la tierra en que nació, a ser libre y a no ser encarcelado por nada de ello, entonces Wilman fue un ser superior. Si además, Wilman puso su vida sobre la mesa para seguir creyendo en su libertad, entonces es un héroe.

Wilman Villar nos ha dejado otro trágico ejemplo de que la libertad, como decía Manuel Azaña, no hace simplemente libres a los hombres, sino que los hace hombres. Y en este sentido, aun cuando todo el cieno que lancen sobre Wilman Villar sea cierto, su muerte nos hizo a todos más libres pero también más humanos.

Y a sus verdugos y detractores, por supuesto, los hunde aún más en esa profunda oquedad donde parece disfrutar la insensibilidad, la inmoralidad y la mediocridad política propias del poder incontestado. Una de su voceras —una funcionaria del Minrex— ha declarado lo que siempre declaran los funcionarios cubanos: que los Gobiernos de la Unión Europea y de Estados Unidos no tienen estatura moral para opinar nada en materia de derechos humanos.

Quiero creer que tiene razón, pero tampoco ello tiene importancia.

Para mí, como cubano, lo que sí me interesa es que el Gobierno cubano, definitivamente, tampoco la tiene.


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Las Damas de Blanco marchan portando retratos del opositor Wilman Villar, fallecido en una huelga de hambre el 18 de enero, el domingo 22 de enero de 2012, por la 5ta Avenida de La HabanaFoto

Las Damas de Blanco marchan portando retratos del opositor Wilman Villar, fallecido en una huelga de hambre el 18 de enero, el domingo 22 de enero de 2012, por la 5ta Avenida de La Habana (Cuba). (EFE)