Actualizado: 22/10/2021 20:51
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Yoani, Disidencia

Yoani: Venus abyecta

Dentro de un patriarcado blanco que ejerce control de las matrices interpretativas y difusoras, Yoani Sánchez es una mujer que no admite barreras

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Es subversión. Deambular y dibujar estampas de la cotidianeidad cubana para enviarlas por Tweeter rompe las reglas. Veamos: Cuba es un país agrícola, organizado de forma militar. Su primer mandatario es producto cultural rural (Birán y Santiago de Cuba), su padre un gallego campesino y terrateniente. El poder se transmite allí mediante nexos familiares. Visten todos uniforme militar. La mujer en el proceso político mantiene roles subordinados (Haydée Santamaría, Melba Hernández desde el Moncada y Celia Sánchez con Vilma Espín en la Sierra).

Yoani Sánchez es alteridad radical. ¡Es mujer independiente en punto de vista y espacio! Dentro de un patriarcado blanco que ejerce control de las matrices interpretativas y difusoras, es ésta una mujer que no admite barreras. Grandes figuras femeninas han mantenido diarios: Frida Kahlo, Ana Frank, George Sand, Louisa May Alcott y Virginia Woolf, por algunas nombrar. Mantener un diario público donde se registra una historia alternativa, sin inflamación ni melodrama, ha podido abrir brechas a la versión oficial a la que se suscribe Hollywood, los oligopolios mediáticos, las entidades del capitalismo tardío y la izquierda institucionalizada, ésa que ha perdido su filo crítico.

Produce escozor la Sánchez. Desde el Tercer Mundo escribe sobre un país tercermundista, desmitificándolo. Nada produce mayor molestia al “machangato” (término de Ileana Fuentes) que lo doblemente excluido (mujer y disidente) establezca un foro para el diálogo. La conversación, el intercambio es la antítesis del rapto autoritario. La misoginia se irrita cuando se le revela tal cual, desnuda ante el mundo. La mujer representa inclusión y pluralismo. La política de identidad se opone a la estratificación férrea del militarismo hombruno.

Las huestes sudorosas de Brasil esperaron para protestar a gritos. Algunos en Nueva York —según relata Coco Fusco en una lúcida nota— hacían preguntas sobre la educación y la salud pública, logros de la revolución. Se les hace difícil repensar los paradigmas. Cuando se vive a base de camisetas del Che y fotos de Fidel abrazado con Mandela y Allende, una voz disidente se asocia con la CIA o los viejitos moribundos del restaurant Versailles. No se formulan objeciones a las ideas de Yoani sino se especula sobre posibles mecenas. ¿Quieren averiguar? Lean A Room of One’s Own de Virginia Woolf. De paso, lean a Luce Irigaray y a Julia Kristeva.

Para mentes simplistas, cualquier gobierno o líder que se erija contra los que a mentiras fabricaron la guerra de Vietnam e Irak es ya ipso facto fuerza ilustrada. Si la que viene a pronunciarse contra esta figura mesiánica barbuda es una mujer, menor credibilidad se le confiere. Ninguno de sus interlocutores le dan el “usted”. ¿Qué ha sucedido? Fuera de los centros académicos, Yoani ha pasado a ser “celebrity”, la estrella del momento con la que todos se retratan. La prensa la persigue y ya The Miami Herald ha indagado sobre el largo de su cabello y su historia romántica. Lo próximo es el signo zodiacal. Los medios de comunicación son esencialmente machistas y su misión es entretener, servir como estupefacientes.

El proceso que comenzó en 1959 se llamó revolución, se encarnó en falo y se vistió de militar. En la Plaza de la Revolución, el pueblo cubano se acostumbró a ver obeliscos: micrófonos, Fidel, la estilizada estatua de Martí y la torre-mirador. Tanto los Cuba-apologistas para tildarlos de mercenarios como el exilio para otorgarles cinco minutos de fama, la disidencia fue masculina. La Sánchez y las Damas de Blanco han roto el esquema.

Las Damas marchan en comunidad enarbolando gladiolos blancos como estandarte de paz. El pacifismo, el silencio y la mansedumbre cristiana constituyen oposición a la militarización del esquema que a menudo las agrede. Yoani emplea la tecnología para crear un ámbito de reflexión, un colectivo (anatema para el machismo) donde hay apertura para participar con comentarios. La reflexión no es como un falo que penetra con sus verdades, es un vacío que tiene su propio misterio y dinámica.

El patriarcado cubano —si seguimos el análisis de Evelyn Reed— mantiene las propiedades del capitalismo explotador y excluyente. Tal es la falsa conciencia que la propia Yoani Sánchez aboga por el fin de un así llamado bloqueo estadounidense. Olvida (1) el rechazo al modelo económico yanqui que definió la revolución cubana, (2) la desigualdad y exclusión que crea el capitalismo libre empresario cuando hoy se lucha en el Primer Mundo contra la concentración de capital en una minoría plutócrata, (3) las barreras morales que puede usar un país para impedir el comercio con otro, parte de la autodeterminación nacional y no injerencia como lo califica la Sánchez, (4) el hecho que el bloqueo a Cuba es un mito: Estados Unidos es el mayor vendedor de productos agrícolas a la Isla (comenzaron a un nivel de $340 millones alrededor de 2005 y en aumento desde esa fecha). Salen los barcos del puerto Fort Lauderdale y se manejan en Cuba por la agencia Alimport, (5) con la globalización llega la facilidad de comunicación y transporte, con el nuevo dinamismo asiático se ha creado una multiplicidad de actores que aumentan y diversifican la oferta y bajan los precios. Pensar obtener los términos más ventajosos en todo el universo comercial de Estados Unidos (economía posindustrial y en déficit de exportaciones) es caer en la falacia obsesiva y patriarcal de Fidel Castro. Cuba, por otro lado, vende en Norteamérica millones de dólares en material cultural como cuadros, discos y giras artísticas de cantantes populares. Las remesas familiares y viajes constituyen un porciento importante del Producto Nacional Bruto isleño.

Pasó la era de Aleksandr Solzhenitsyn. No vino en rol profético sino como “bloguera” disidente. Es una mujer de disciplina férrea. Para todos resulta notable como salió del Cuarto Mundo y se enfrentó ecuánime y lúcida a los medios de comunicación hostiles, las protestas y los comentaristas que a la caza andaban tras contradicciones. Tuvo, por supuesto, que hacer ajustes. Mantiene un horario de jefe de estado con atletismo y empeño, escasos en aquel país. Su personaje está bien perfilado: sencilla al vestir, lenguaje accesible, hablar pausado, directa y sin artificio. Hay en Yoani Sánchez una sonrisa y una presencia escénica que mezcla el Caribe con el misterio, lo telúrico y lo distante, la Gitana Tropical de Víctor Manuel y la Venus de Brassempouy.

Yoani Sánchez mantiene cierta distancia, es Venus abyecta, madre desplazada que protege el territorio de su cría: el blog y comunidad. Julia Kristeva nos explicaría que es éste un personaje radicalmente excluido cuyo quehacer afirma la libertad e identidad. Escapa la censura en el ámbito etéreo de la Red. Su praxis es donde la racionalidad práctica se desploma y se afirma la creatividad. Vive en el exilio dentro de Cuba, sin abandonar el medio que describe. Es un superyó para su amo señalando la fragilidad de la ley machista. Una Venus abyecta circula en el desafío.



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