Actualizado: 23/10/2017 23:51
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Yorubas, católicos, comunistas

El poder facilita a quien lo posee involucrar, arrastrar, satanizar o manipular a otros que no son poderosos

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El poder no solo puede corromper a quien lo detenta, sino además a quienes por una razón u otra se hallan cerca de este. A pocos hombres he visto no sonreír con tono de encantamiento, de prosternación, cuando se encuentran cerca de quien representa al poder. No son todos los que mantienen una actitud erguida, neutral, de tú a tú, o de usted a usted, cuando por una u otra razón deben darle la mano o saludar de alguna manera a quien posee el mando. A tantos he visto babosearse en esos momentos, cuando, dijéramos, solo se trataba de irradiar admiración tal vez, pero no sumisión. No me refiero a la falta de decencia, de no cumplir con lo protocolar, de no reconocer aun que ese representante de lo más alto, de un poder realmente ganado por talento o por audacia, o por lo que fuere, marca algunos puntos por encima de uno.

El poder —en este caso político, o mejor decir tiránico— facilita a quien lo posee involucrar, arrastrar, satanizar o manipular a otros que no son poderosos, ni lo desean, pero han tenido la mala o buena suerte de, en algún momento, “caer” cerca de aquel. Quienes son dueños del Absoluto suelen actuar así: generosos en ocasiones con súbditos promedio que, si no están prestos o finalmente tienen las piernas flojas, también, como decía al inicio de estas líneas, se corrompen o al menos resultan corrompidos, algo parecido pero distinto. Sé de un intelectual a quien un tirano, una vez, en un momento de euforia quizás, le pasó un brazo por los hombros y le susurró al oído algo como “cuánto me gustó tu libro”. Sé que desde entonces el intelectual dicho, un ser hasta ese día lejano del círculo de poder, y de la política, se sintió entonces tocado en público por Dios, o por el diablo, y pasó tanto tiempo sin saber qué hacer.

El poder, decía, involucra, y en ocasiones, mediante la habilidad de sus poseedores, manipula a quienes han sido convocados por él, al parecer, para alguna gestión noble. Así, tenemos que “Representantes nacionales de instituciones religiosas y asociaciones fraternales de todo el país mantuvieron un encuentro con Miguel Díaz-Canel Bermúdez, miembro del Buró Político y primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros”. Esto aparece en la edición de Granma (como todos los periódicos que circulan en Cuba, en la nómina del gobierno) del pasado 19 de febrero.

Se trata de una ofenda floral depositada en el Memorial José Martí, en La Habana, por el primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, Miguel Díaz-Canel, acompañado por Antonio Castañeda, presidente de la Asociación Cultural Yoruba y Dianet de la Caridad Martínez, presidenta del Movimiento Estudiantil Cristiano. Estas tres personas, decía, colocaron una ofrenda floral al Maestro el 18 de febrero. Agrega el Granma en la nota citada: “El tema central del encuentro fue la participación de las instituciones religiosas y las asociaciones fraternales en el fortalecimiento de los valores humanos que caracterizan a nuestra sociedad, asunto al que se refirieron varios de los asistentes, a partir de las experiencias y resultados que sus organizaciones han obtenido en esa importante labor”.

Es decir, tanto el presidente de la Asociación Cultural Yoruba como la presidenta del Movimiento Estudiantil Cristiano coinciden en que aquella sociedad está caracterizada por “valores humanos”. Cualquier lector que haya llegado hasta esta línea podría preguntarse: ¿cuáles “valores humanos”? ¿Acaso el terror implantado sobre mujeres que protestan pacíficamente llevando como única arma un clavel en alto, y que en muchas ocasiones son golpeadas por el régimen?, ¿o la ausencia total de la libertad de expresión?, ¿o esas otras golpizas que en uno y otro sitio de país el poder dispensa para quienes disienten de una u otra forma, siempre en son de paz?, ¿o será un “valor humano” lanzar a las mazmorras a aquellos que el régimen sanciona solamente porque han expresado lo que cualquier ciudadano del mundo expresa, sin consecuencias para él, en un país libre?, ¿o acaso otro de los “valores humanos” del castrismo, por ejemplo, será su decisión de enriquecer a la clase militar, no solo con “moneda fuerte”, sino además separándola de la miseria ambiente por medio de suntuosas viviendas? Y serían muchas más las preguntas, y las mismas respuestas que ya sabemos.

Uno duda. Es posible que el presidente de la Asociación Cultural Yoruba y la presidenta del Movimiento Estudiantil Cristiano no estén de acuerdo con la nota aparecida en Granma. O sea, tal vez lo que en la ceremonia referida dijeron ellos y otros de los presentes fue manipulado, por omisión o transgresión —quién sabe— por quienes en la Isla cuentan con el monopolio del poder, a través del Órgano Oficial del Partido Comunista de Cuba. ¿Será?

Pero, en mi opinión, lo más espinoso de la nota del Granma al respecto resulta: “También se intercambió acerca de la subversión política e ideológica que realizan los enemigos de la Revolución, en la que pretenden involucrarlas [a la Asociación Yoruba, a la Juventud Católica], como hacen con otros sectores de la población cubana”.

De modo que debemos suponer que han querido involucrar, los enemigos de la revolución, a estas dos organizaciones, en actos subversivos. Pero ambas organizaciones se han negado. Quien haya llegado hasta esta línea seguramente se preguntará: ¿Será “subversión política” pedir la bonanza material ante la inopia que azota al país?, ¿o el respeto para quienes disienten?, ¿o la liberación de los presos de conciencia o la pluralidad para el acceso a las artes y la literatura, y a la información?, ¿o la inclusión de todos los cubanos en la sociedad a la que por nacimiento pertenecen?, ¿o será, por ejemplo, un acto de “subversión política” reclamar que los cubanos residentes en el extranjero, independientemente de su manera de pensar, sean representados por las embajadas del gobierno como hijos legítimos de aquella tierra... vaya: que ni siquiera en la hora de su muerte tengan el auxilio del régimen que los ha negado por discrepar de él?

En el caso que nos ocupa, creo que nos quedan dos opciones. Darles a la Asociación Yoruba de Cuba y al Movimiento Estudiantil Cristiano lo que llaman el beneficio de la duda. O evocar aquellos versos del Maestro: “Oh, qué terrible procesión de culpables”.

Ya ven. Así van las cosas.


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