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Todo el poder para los Castro

A dos años de la llegada del general Raúl Castro a la presidencia de Cuba, su imagen de reformista ha quedado reducida a cero, junto con las expectativas de buena parte de la población de la isla, un sector del exilio y gran número de analistas extranjeros.

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Los dos años de presidencia de Raúl pueden caracterizarse de una forma muy rápida: de la algarabía al silencio.

A las expectativas despertadas por diversas declaraciones de Raúl Castro ―que se extendieron con un mayor o menor grado de fundamento― han sucedido la resignación y el tedio, en lo que se refiere a la menor posibilidad de una transformación del sistema político.

Cuba es una isla gobernada por dos sombras, las cuales se destacan por impedir no sólo cualquier cambio significativo, sino la esperanza de éste. Lo que se mantiene vigente en la isla es un modelo de economía estatal centralizada, un régimen totalitario de gran rigor represivo y proyección internacional hipertrofiada, adaptado por Fidel Castro según las circunstancias del momento.

La permanencia en el poder de los hermanos Castro, que en un momento fue posible en gran medida por la guerra fría, se favorece ahora con el apoyo económico que le brinda el presidente venezolano, Hugo Chávez, y por la existencia de un mundo globalizado, donde los más diversos países e inversionistas buscan hacer negocios. Muchos de estos negocios se quedan a medias en la isla, pero el movimiento inicial de capitales y las posibilidades que se plantean con estas iniciativas contribuyen a mantener el precario equilibrio económico en que vive la nación. El señalamiento sin ambages de los problemas, y un enfoque realista al caracterizar las dificultades, no han sido suficientes para resolver los problemas. Tampoco una serie de medidas tímidas, que en muchos casos se han limitado a desentender al Estado de la solución, a la hora de satisfacer las necesidades ciudadanas.

Mientras tanto, el régimen de La Habana ha llevado a cabo una metamorfosis de represión política, caracterizada por detenciones arbitrarias de corta duración. Esta transformación de las apariencias no impide que la represión más cruda termine por salir a flote. La muerte de Zapata es un ejemplo de ello.

La Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN) registró en 2009 "al menos 869 casos de disidentes políticos detenidos, algunos de ellos más de una vez'', ya que las autoridades están sustituyendo encarcelamientos prolongados por ‘‘detenciones arbitrarias de corta duración.

El informe ―dado a conocer a mediados de enero de 2010 y firmado por el presidente de la CCDHRN, el disidente Elizardo Sánchez― afirmó que en los últimos dos meses fuerzas del gobierno agredieron "brutalmente, de manera física y verbal, a grupos de disidentes que se han reunido o manifestado de manera pacífica''.

"A menos que ocurra un milagro, la situación de derechos civiles, políticos y económicos en Cuba, a lo largo del año 2010, seguirá siendo igual o peor. Nada indica que los actuales gobernantes estén dispuestos a iniciar las reformas jurídicas, económicas y políticas que necesita el país'', destacó.

Luego de tantos años en el poder, los hermanos Castro han avanzado considerablemente en convertir a la nación cubana en un cuerpo amorfo, incapaz de la menor iniciativa, donde sus miembros luchan por sobrevivir y esperan cualquier oportunidad para distanciarse del futuro nacional, ya sea mediante la emigración o el acomodo.

Desde el punto de vista económico ―y contrario a lo que podría pensarse inicialmente―, un agravamiento general de la situación no tiene que ser necesariamente un detonante social. Son las diferencias en los niveles de vida ―que se intensifican a diario― las que más fácil prenden la mecha. Por otra parte, el gobierno de La Habana ha usado sistemáticamente la escasez como una forma de represión. Para el cubano de a pie, el agobio y temor para conseguir el alimento cotidiano es una forma de castigo, prolongada por décadas.

Como ha demostrado desde que asumió la presidencia del país, Raúl Castro no está capacitado para dirigir un desarrollo económico que satisfaga las necesidades de la población, pero sí ha logrado ―al igual que con anterioridad hizo su hermano― mantener a la población bajo un sistema económico de subsistencia. Sólo que la contrapartida a la ineficiencia de las empresas estatales ha sido una economía clandestina, indiscriminada y personal. La naturaleza centralizadora y represiva del régimen siempre ha impedido crear otra que no sea ésta. Esta característica no ha hecho más que acentuarse durante estos dos años de Raúl Castro como presidente.


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