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Actualizado: 12/07/2024 0:11

Béisbol, Miami, Equipo

Pica y se extiende

¿Habrá un futuro “Dream Team Cuba” sin exclusiones? No dudarlo ni un segundo

Los cubanos no podemos evitarlo: el beisbol invade cada frase de nuestro lenguaje, de nuestra manera de ser. Pudiera parecer una contradicción que, al estar idiosincráticamente tan cerca de España por siglos, bastaran pocos años para que nos colocáramos tan cerca de Estados Unidos en el deporte. La pelota no solo se convirtió en nuestro pasatiempo nacional. El deporte de las bolas y los strikes fue una de las formas de individualizar al cubano de la Madre Patria.

El deporte forma parte de la cultura de un pueblo… y con frecuencia de su política. En los certámenes mundialistas no gana un equipo, gana un país. Es por eso que, cuando se van disipando las emociones del Clásico Mundial de Béisbol, jugada la final en Miami, un ejercicio de conciencia de los de Aquí, y de los de Allá, es aconsejable. Nos guste o disguste, pertenecemos a una nación llamada Cuba. Y ese país se enmarca y se gobierna en sus fronteras naturales, no en tierra ajena. Otra cosa es parafrasear al cura: que lo que Dios ha unido como nación, que no lo separe ningún hombre.

Es válido hablar de las luces y las sombras del evento porque, como es habitual, todo fue polémico desde el anuncio de la sede. Se propuso hacer una liga independiente con peloteros “traidores” a la Involución, y la respuesta del régimen fue invitar atletas con una “actitud digna” y de “respeto” a la Involución, incluidas las Grandes Ligas. Motivado por las desmesuras, el escritor ha vuelto a ver Fuera de Liga (2003), documental del amigo Ian Padrón. La obra fue censurada en la Isla; no podía ser de otra manera: hacer invisible a los cubanos triunfadores escapados de “esa absurda ideología” (W. Chirino dixit) es una tarea de primer orden para los comisarios.

El referido documental es un canto a la reconciliación a través del beisbol; entrevistan peloteros que sufrieron ostracismo, prisión, olvidos. Después algunos fueron estrellas en las Grandes Ligas, y ninguno habla con resentimiento. Todos dicen soñar con un equipo cubano integrado, donde quepan todos sin distingos ideológicos. Veinte años después aquellas ilusiones siguen siendo fantasías.

Cabría entonces hacerse algunas preguntas. ¿Por qué ahora, después de ningunear el profesionalismo con hipócritas conductas y frases peyorativas —pelota esclava—, el régimen accedió a integrar peloteros cubanos de las Grandes Ligas? ¿Es cierto que el régimen —porque ningún comisionado o manager se atrevería— exigió a los Marlins condiciones para jugar en Miami? ¿Habrá un futuro Dream Team Cuba, sin exclusiones, y no un Team “Asere” que denota cuan mezquino y “orillero” es el Canelato?

A la primera pregunta podría responderse con los párrafos de este artículo: el deporte, como cualquier otra actividad humana, siempre tiene un contenido político, entendiendo lo político es su original acepción; la ciencia de cómo administrar y organizar las sociedades. Pero el equipo argentino de futbol no compitió por el peronismo en el Mundial de 2022, ni el de Estados Unidos por el Partido Demócrata en el Clásico de Béisbol. En la Isla sucede lo contario: se compite —o no— por la Involución, el Difunto y el Sociolismo. El Canelato necesitaba levantar las esperanzas de un pueblo que hace rato las ha perdido. Si no podían hacer una zafra mejor, garantizar luz eléctrica, y hay escasez de todo, hasta de vergüenza, ¿Por qué no tratar con un poco de “circo”? Ese quizás fue el objetivo número uno. Y de alguna manera fue conseguido.

Pero una vez más la impronta totalitaria emergió en Miami. Según un comisionado, hombre de mucho respeto en la comunidad, fueron varias las exigencias, ninguna que pudiera cumplirse en un pueblo donde viven las víctimas de más de medio siglo de abusos, extorciones y crímenes imprescriptibles. ¿Pudo escogerse otra ciudad para las semifinales? Tal vez. Pero aun si la final se hubiera discutido en Anchorage, Alaska, es muy probable que se hubieran desplazado hasta allí el Influencer y el Hombre-Aplanadora. Las dictaduras se enceguecen. Llegan a perder el sentido de la realidad y del ridículo.

Sin embargo, lo que hubiera sido una protesta digna, picó y se extendió, como lo catalogaría el fanático. Cuando la bola corre por el terreno, nadie sabe hasta qué base llegará el contrario. El Órgano Oficial se ha cebado con los excesos miamenses: una cosa es sacar un cartel que no estorbe al vecino, y otra abrir una pancarta de dos metros y quitar visibilidad a un japonés, a un italiano que nade tienen que ver con la “bronca entre cubanos”; una cosa es corear Patria y Vida, y otra gritar obscenidades. Tirar pomos de agua, papeles y otros objetos a quienes son adversarios, demuestra cuán próximos están muchos por aquí de los “actos de repudio” que quizás ellos mismos vivieron… o en los que participaron. El verdadero dolor se expresa de una forma diferente. Que se lo pregunten a los “Plantado(a)s”.

¿Habrá un futuro “Dream Team Cuba” sin exclusiones? No dudarlo ni un segundo. Llegará ese momento. Hemos vivido un absurdo. Una larga noche de odios y enfrentamientos propiciados por un régimen que cataloga a los hombres según su forma de pensar, por su ideología. He ahí la razón principal por la cual “están ponchados sin tirarle”. El Designado ha dicho que seguirán con la práctica de incluir profesionales en sus delegaciones. Él sabe, todos a su alrededor saben, que si no lo hacen, si no buscan “bateadores emergentes”, se les acaba el juego. Están en el noveno inning, perdiendo y son visitadores. Si la bola pica y se extiende, no siempre habrá una cerca que le impida continuar su errática marcha.

© cubaencuentro

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