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Actualizado: 26/09/2022 12:32

Mariel, 25 años después

La generación del silencio (II)

Aunque el público y la crítica de EE UU no fueron muy receptivos con la obra literaria de los marielitos, esa situación no frenó sus ambiciones.

Una de las fechas más importantes para ilustrar el propósito de la generación del Mariel de realizarse, de disfrutar de la libertad de expresión y de hacerse conocer, es obviamente el 23 de abril de 1983, día del nacimiento de la revista Mariel.

El consejo de dirección de la revista se componía de Reinaldo García Ramos, Reinaldo Arenas y Juan Abreu. En el consejo editorial, se encontraba además René Cifuentes, Luis de la Paz, Roberto Valero, Carlos Victoria y Marcia Morgado. El respaldo de Lydia Cabrera, así como la presencia de Reinaldo Arenas dentro del Consejo de dirección —en esos años ya internacionalmente conocido—, ayudaron a promocionar la revista.

Arenas explica en su autobiografía que con esa revista lograron realizar un viejo sueño cubano: "La asesora literaria de la revista fue, sin embargo, Lydia Cabrera, quien se brindó de manera entusiasta a ayudarnos. La revista tenía que ser costeada por nosotros mismos, que teníamos que imponernos una cuota y pagarla rigurosamente (…) El primer número salió en la primavera de 1983 y fue dedicado a José Lezama Lima; era el sueño y la ilusión que Juan y yo teníamos desde hacía muchos años, cuando vivíamos en Cuba. Era como el renacimiento de aquella revista que llamamos Ah, la marea y que hacíamos clandestinamente en el Parque Lenin".

Ah, la marea había tenido en Cuba dos números con una tirada de tres ejemplares. Los propósitos de la revista Mariel fueron claramente establecidos en su primer número: "hemos venido a realizar nuestra obra (…) Rechazamos cualquier teoría política o literaria que pueda coartar la libre experimentación, el desenfado, la crítica y la imaginación, requisitos fundamentales para toda obra de arte".

La revista representaba para esos escritores "una vía para expresarse con absoluta libertad". Explica Roberto Madrigal: "Todos habíamos sufrido el peso del poder de la cultura oficial, la que no admitía la existencia de ninguna otra que no fuera la que propagaban las instituciones y publicaciones culturales del castrismo, la cultura cómplice". Esto tuvo como consecuencia inevitable la necesidad de expresar lo que René Cifuentes llamó "una furia por desenmascarar aquel lugar donde todos habíamos sufrido tanto y por expresar la alegría de estar en otro lugar donde podíamos publicar lo que nos daba la gana", lo cual se hacía posible con esta revista.

Contra la asfixia existencial del régimen

Jesús Barquet vuelve a detenerse en esa oportunidad de desmentir las palabras de Castro a través de Mariel: "La revista Mariel tuvo también, como propósito particular, la intención de contrarrestar la versión castrista y de cierta prensa occidental sobre la naturaleza supuestamente 'antisocial' y 'criminal' del éxodo del Mariel. La revista se proponía (y logró) demostrar que ese exilio incluía literatos, artistas, músicos, pintores, teatristas, profesores, editores, críticos y profesionales de todo tipo que huían de Cuba, no por sus antecedentes criminales ni por perseguir ciegamente fáciles esquemas de bienestar económico, sino por la asfixia existencial del régimen. Se trataba de creadores que sólo buscaban realizar su obra en libertad y en un espacio que consideraban más propicio para la creación".

Al fin y al cabo, de esos 125.000 cubanos que salieron de la Isla, sólo un cuatro por ciento eran criminales y enfermos mentales, según la investigadora Lillian Bertot. Afortunadamente, se puede decir que el grupo del Mariel logró demostrar que también había intelectuales en esa masa humana.

Gastón Fernández señala en su libro sobre el éxodo del Mariel: "Veinte años más tarde, numerosos marielitos se han adaptado con éxito a los Estados Unidos y han contribuido a las artes, a los negocios, a la sociedad y a la educación. Esos emigrantes han sobrepasado el estigma y han desmentido los estereotipos negativos".

En cuanto a la historia de la revista, Mariel se publicó desde la primavera de 1983 hasta noviembre de 1985 y tuvo ocho números. Un año después, surgió una segunda versión de la revista, en este caso bilingüe, titulada Mariel Magazine, realizada por Reinaldo Arenas, Juan Abreu y Marcia Morgado, que también perduró durante dos años.

En la primavera de 2003, Reinaldo García Ramos editó, con la asistencia de Marcia Morgado y Juan Abreu, una edición especial de Mariel por el vigésimo aniversario de la revista. En este número, la sección "Confluencias" (dedicada a grandes autores cubanos no reconocidos dentro de la Isla) fue destinada a Reinaldo Arenas.

Contar lo sufrido

Estas son las palabras que acompañan el relato de Arenas Final de un cuento: "En este número especial de aniversario de la revista Mariel, la sección 'Confluencias' corresponde, dolorosa pero indiscutiblemente, al conocido escritor cubano Reinaldo Arenas. Dolorosamente, porque el suicidio de Arenas privó al exilio y a la cultura cubana en general de una de sus personalidades más dinámicas y fructíferas; indiscutiblemente, porque el autor de La Vieja Rosa no fue sólo un hombre de extraordinario talento y capacidad de trabajo creador, sino también el autor que, con su renombre, facilitó a los escritores y artistas del Mariel la tarea de difundir sus respectivas obras".

De esta manera, se hacía un homenaje al escritor que tanto había luchado para dar a conocer a esta generación. La deuda y la gratitud que sienten hacia Reinaldo Arenas es palpable. Como señala Daniel Fernández a este propósito: "Donde quiera que él esté debe saber cuánto le agradezco y le agradece mi generación lo que hizo por nosotros". Y añade en cuanto a su propia obra: "Reinaldo me estimulaba mucho y gracias a él, publiqué un cuento en la revista Mariel: 'Toque de queda' y otro en Noticias de Arte: 'Presagios'". Por su parte, Roberto Madrigal, al recordar a Arenas, menciona "su falta de egoísmo y su enorme interés en impulsar la obra de nuestra generación y de los cubanos en general".

Quisiera detenerme ahora en el rasgo testimonial de la escritura de los autores del Mariel, ya que en la obra de muchos de ellos este elemento se aprecia con claridad, lo mismo que en el caso de la de Reinaldo Arenas. Como este explicó en numerosas ocasiones, uno de sus deberes era contar lo que había sufrido. A este respecto, comenta a propósito del Color del verano:"es un mundo que, si no lo escribo, se perderá fragmentado en la memoria de los que lo conocieron". Arenas necesitaba gritar lo que había padecido en la Isla y que había tenido que callar durante tantos años.

A pesar de que no todas las obras de los autores del Mariel se pueden definir como testimoniales, otras muchas sí poseen los rasgos de este género. Recordamos por ejemplo Al Norte del infierno, de Miguel Correa, donde —como dice García Ramos en Las voces del infierno— se cuenta la historia de esas "personas humildes, comunes y corrientes, que no habrían decidido emigrar jamás, si no hubiera sido porque se sentían profundamente decepcionadas y, en medio de su cansancio, de pronto se habían ilusionado con la posibilidad de encontrar una vida mejor en cualquier otro lugar".

En la novela de Roberto Valero, Este viento de cuaresma, se puede reconocer fácilmente al propio autor en su personaje principal, Jaime Valdés. Vuelven también a la memoria la novela de Lázaro Gómez Carriles, Desertores del paraíso, sobre su experiencia en la Embajada de Perú, o la obra obviamente testimonial de Nicolás Abreu, Al borde de la cerca: los 10 días que estremecieron a Cuba. Finalmente, otro ejemplo que salta a la vista es el protagonista de la pentagonía de Reinaldo Arenas, conjunto de cinco novelas escrito por un "autor-testigo", como lo explica él mismo en el prólogo a Celestino antes del alba.

La voz de los sin voz

En cualquier caso, todas las obras de estos escritores, sean testimoniales o no, poseen claramente un rasgo en común, según Bertot, a saber: "Libertad individual, libertad desde las carencias, libertad de movimiento, libertad de opinión, libertad de creación, libertad espiritual, libertad sexual, y su opresión homóloga aparecen continuamente en las páginas y en los textos de la generación del Mariel".

Como señala Lillian Bertot, ellos son la voz de Cuba que se opone a la opresión: "De las numerosas formas de expresión, su enemigo es la opresión política. Sin libertad de expresión, su arte es imposible. Su voz ha llegado a ser fuerte y constante contra los medios de la censura en Cuba. Su estilo incluye el uso de la ironía, de la burla y en numerosos casos, hasta del humor".

Y añade más adelante: "Los textos de los marielitos, sin embargo, hablan desde una misma perspectiva. Lo que parece ser su único propósito, su 'raison d'être', es denunciar la opresión, no importa la forma que tuvo: la madre, el Estado, la sociedad, porque sin libertad, la autenticidad es imposible, el hombre no puede ser, y si el hombre no es, tampoco puede saber".

Ellos representan de esta manera, la voz del pueblo, del otro, de "los sin voz", y ofrecen al lector la versión no oficial de la historia: "Lo que es aún más significativo es que sus textos a veces aumentan los hallazgos de los historiadores, o los contradicen, ofreciéndonos otra perspectiva, otra verdad, otro nivel de entendimiento".

Sobre la presencia de ciertas características testimoniales en sus obras, Miguel Correa contesta: "Creo que mi obra es definitivamente el testimonio más fiel de mi devenir por el mundo (…) Mis textos están vinculados profundamente a mi vida". Ismael Lorenzo, por su parte, se detiene en el carácter testimonial de cualquier obra de arte: "Creo que toda obra literaria hecha con seriedad, aunque sea humorística, siempre es un testimonio de alguna forma. Sí, mi obra es un testimonio, y aunque no sea realista no es menos real, de mi vida en la isla infernal y mi vida posterior".

Carlos A. Díaz reconoce que su obra también se puede considerar como el testimonio de su experiencia en Cuba: "Creo que mi novela El Jardín del Tiempo, al igual que Balada Gregoriana,La Bella Durmiente y Los Dulces Boleros del Infierno, y casi toda mi obra en general, es el testimonio de un hijo del Infierno". Y Roberto Madrigal vuelve a recordar el silencio al que estuvieron sometidos: "Sí, mi obra tiene mucho de testimonio, porque a nosotros se nos trató de pasar desapercibidos mientras vivíamos en la Isla, se hacía ver que no existíamos, por lo que tenemos una necesidad de documentar esa realidad que se ignoró".

Una generación en activo

Finalmente, Daniel Fernández explica que su obra "hasta el momento no es de testimonio", pero sí añade en cuanto a su primera novela, Alquimia Magna, que "se desarrolla en Praga, en 1589, pero habla de un emperador enloquecido, de las intrigas, los informantes, describe un poder que es lo contrario de lo que predica, la persecución al intelecto, la falta de libertad, la inquisición, o sea, temas cubanos, aunque en un contexto distinto". Aunque sean obras futuristas, como, por ejemplo, la trilogía de Juan Abreu Garbageland, Orlan 25 y El Masturbador, siempre volvemos a encontrar de cierta manera aspectos de la vida de estos autores.

Desgraciadamente, el público y la crítica de Estados Unidos y de la izquierda americana no fueron muy receptivos con el conjunto de la obra de estos narradores. Arenas se detiene en esa falta de interés e intenta ofrecer luz sobre esta cuestión: "Una vez que un mito es creado, se convierte casi en indestructible; y para una mentalidad ingenua, así es el mito de la revolución cubana… algunas personas no quieren perder sus ilusiones".

Afortunadamente, esa situación no les frenó en sus ambiciones y poco a poco se ha ido reconociendo la calidad literaria de sus escritos. Gracias a esto, cada uno de ellos mantiene vivos sus proyectos: Reinaldo García Ramos dirige la revista cibernética Decir del agua; al igual que Luis de la Paz edita El ateje, otra revista electrónica, y Rafael Bordao, Sinalefa.

Por su parte, Miguel Correa está a punto de presentar su novela Furia del discurso humano y ya está trabajando en su primera obra en lengua inglesa, The Narrator. Daniel Fernández está en este momento en trámites para publicar otra novela, La Sangre del Sol. Lo mismo se puede decir de Roberto Madrigal, quien está intentando editar su primera novela, Zona congelada.

En el caso de María Badías, cabe mencionar que trabaja en la publicación de los textos inéditos de Roberto Valero. Ismael Lorenzo sigue con la tercera parte de sus Matías; Jesús Barquet acaba de presentar su último libro de poemas, Sin Fecha de extinción, y Juan Abreu ha publicado recientemente en España su última novela, Cinco cervezas. Dada la amplia obra de este conjunto de escritores, resulta muy complejo ofrecer una visión completa y detallada del trabajo de los mismos a lo largo de estos veinticinco años.

Las palabras con las que Reinaldo Arenas terminó su artículo sobre esta generación, se pueden considerar una despedida anticipada, así como un espejo en el que mirar a estos intelectuales: "Por mi parte, quiero darle gracias al cielo porque en estos diez años de libertad he podido terminar mi obra literaria comenzada en las sombras hace casi treinta años. Con satisfacción dejo a los futuros (tal vez inciertos) lectores todos mis espantos y sueños y la visión de una época —de un país— que ya sólo existe en nuestra inconsolable memoria".

© cubaencuentro

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