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Actualizado: 22/02/2024 21:06

Russell, Cine, Cine estadounidense

Del cine: lo peor de lo peor

The Outlaw, la nueva aspirante a un lugar cimero en mi colección de bodrios, participan actores excelentes, como Walter Houston y Thomas Mitchell

Recientemente, gracias al canal televisivo TCM que transmite películas antiguas, tuve la oportunidad de incluir The Outlaw en mi lista de mediocridades fílmicas que encabeza Pearl of the South Pacific (1955), con Virginia Mayo, Dennis Morgan y David Farrar, bajo la dirección de Alan Dwan.

Es justo aclarar que en The Outlaw, la nueva aspirante a un lugar cimero en mi colección de bodrios, participan actores excelentes, como Walter Houston y Thomas Mitchell.

He aquí la trama. Dos matones se disputan un caballo y una muchacha (Jane Russell).

Uno de los delincuentes (Walter Houston) es un viejo amigo del sheriff. El otro es Billy the Kid (Jack Buetel) un jovencito muy bien parecido, recién llegado al pueblo, por quien el cuatrero mayor siente una súbita y rara atracción, a pesar de que el muchacho le había robado un caballo.

Thomas Mitchell, el inolvidable Doc Boone de Stagecoach (1939), es el sheriff.

La historia es un constante desafío entre los tres individuos, situación en la que abundan escenas de celos, venganzas, reconciliaciones, lealtades y traiciones. Para colmo, los únicos dos personajes femeninos del elenco parecen haber sido creados por un misógino implacable. Killing a woman? Why not?, esa es la opinión que tiene de ellas uno de los forajidos.

Cuando al fin el representante de la justicia decide arrestar a los dos bandoleros y llevarlos al pueblo para que sean juzgados, la aparición de indios por los cuatro puntos cardinales lo obliga a liberar a los presos para que lo ayuden a combatir a los atacantes, cuya superioridad numérica no es óbice para que el sheriff y los dos malhechores salgan ilesos del combate.

Al final, uno de los outlaws es herido por su viejo amigo que inmediatamente se echa a llorar y va a socorrer al agonizante, que muere en sus brazos.

Más adelante, Billy the Kid deja amarrado al sheriff en una columna. Después, le basta una cautivadora mirada para que Jane Russell salga corriendo a treparse en la grupa de su caballo, olvidando que al comienzo de la película ella trató de matarlo porque el joven había asesinado a su hermano. Luego, como en todo Western que se respete, la pareja cabalga hacia el horizonte.

Final ¿feliz? El más depravado de los bandidos es el triunfador y se apropia de las dos prendas en disputa: el caballo y la hembra.

La música de fondo, por repetitiva, llega a aburrir, a pesar de ser la Sinfonía Patética de Chaikovski, nada apropiada para indios, caballos y tiroteos, aunque resulta ideal para los arrebatos de amor y celos de los protagonistas.

Es tan insólita la relación entre los tres hombres que no me extrañaría que un día se filme (si no se ha hecho ya) una sátira gay inspirada en este film. Habría que variar muy poco el argumento.

© cubaencuentro

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