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Actualizado: 12/08/2020 19:20

Cine, Cine francés, Arte 7

El incontrolable fuego interior

Este es un filme muy premeditado y de imágenes muy detalladamente compuestas

Por hacer un juego de palabras y un guiño a Portrait of a Lady, la novela de Henry James, el traidor traductor al inglés de Portrait de la jeune fille en feu, desvirtúa el significado del titulo original al rubricarla como Portrait of a Lady on Fire, cuando debió ser Portrait of a Young Lady on Fire. Extrañamente en España también la titularon parecido: Retrato de una mujer en llamas, a diferencia del más correcto que le aplicaron los argentinos: Retrato de una chica en llamas. Esto parece una disquisición preciosista e inútil, pero no lo es, los títulos son importantes y en este caso, define mucho el contrapunteo entre los personajes principales.

La película está narrada como un flashback de Marianne, una joven pintora quien a fines del siglo dieciocho es contratada para hacer un retrato de una joven aristócrata. Marianne llega a la isla donde reside Heloise, la joven que ha de pintar y se entrevista con La Condesa, la madre de ella, quien le advierte que Heloise rehúsa ser retratada y que la han contratado haciéndole ver que será su compañera de paseos por la isla. Marianne debe observar atentamente a Heloise durante esos paseos y después pintarla de memoria y a escondidas. Marianne acepta las condiciones y se prepara para su tarea.

Heloise ha sido comprometida en matrimonio con un noble milanés, quien iba a ser el futuro esposo de su hermana, que cometió suicidio. Este matrimonio no le interesa, aunque deba obedecer al compromiso familiar y a las convenciones existentes. Acaba de salir de un convento en el cual tanto ella como su hermana se encontraban confinadas.

A paso lento, las dos mujeres van acercándose. Inicialmente, Heloise parece ver en Marianne la figura maternal de una hermana mayor. Mientras que ella es provinciana y ha crecido aislada del mundo, haciendo vida conventual por varios años, Marianne es todo lo contrario, no solamente es mayor en años, sino que es una mujer cosmopolita, hija de un pintor exitoso, educada en buenas escuelas, asidua a conciertos y lectora voraz. Pero el acercamiento va sutilmente derivando en amor tanto carnal como espiritual. A Marianne no solamente le atrae la belleza de Heloise, sino su carácter desafiante, su deseo de independencia y de explorar el mundo y su rechazo a un matrimonio arreglado con un hombre que ni conoce. Heloise se fascina con Marianne, porque representa todo lo que quisiera ser.

Aprovechando que La Condesa debe partir de la isla por cinco días, Marianne se excusa diciendo que hará un segundo retrato y se quedará sola en el castillo junto a Heloise y Sophie, la sirvienta. Aquí se desata el romance entre las dos, una relación que será efímera pero intensa. Pueden combatir las convenciones en aislamiento, pero ambas saben que deben ceder a ellas. Es un amor sin esperanzas que solo responde a los instintos y al irreprimible fuego interior, pero que se mantendrá en secreto por las presiones sociales.

Este filme pudo haber sido un desastre por todas partes. Desde un barato panfleto feminista hasta una metáfora ridícula de la fuerza de la pasión. Oportunidades no le faltan, pero su directora y guionista, Céline Sciamma se las arregla para nunca caer en ello. La primera hora es lenta, pero necesaria, dando tiempo a que los personajes se desarrollen pausadamente. Luego pasa a escenas en las cuales se introducen los sueños, pero no se deja devorar por ellos. Incluso en una secuencia en la cual las tres mujeres van de noche a una parte de la isla en la cual se reúnen las mujeres que allí la habitan y estas comienzan un canto que parece entonado por un coro profesional y en la cual se comienza a quemar el vestido de Heloise, algo que, contado así, parece una cursilería galopante, de la mano de Sciamma encaja perfectamente y sucede con una naturalidad que añade belleza y sobrecogimiento a la situación.

La psicología de los personajes se va ofreciendo a medida que la trama avanza. No hay antecedentes claros ni se recurre a la muy manida voz en off, eso ocurre solamente muy al final. Sciamma delinea sus personajes con un desarrollo existencial que los presenta completos.

Las actuaciones de Noemi Merlant como Marianne y Adele Haenel como Heloise son extraordinarias. Haenel hace la transición de la inocencia a la perversión con una sutileza que se ve poco. Con miradas, pequeños gestos, pocas palabras y poses mínimas va transformando al personaje. Es la actriz perfecta para este papel en un filme que narra la pasión mediante la restricción de las emociones. Merlant también hace muy bien su papel, pero Marianne es un personaje más lineal y verboso. No puede tampoco olvidarse el rol de Sophie, la sirvienta, que de alguna manera sirve como catalizador en la relación de las protagonistas y no se limita a un personaje segundón. La actriz kosovar-francesa Luana Bajrami, lo desempeña con soltura.

Este es un filme muy premeditado y de imágenes muy detalladamente compuestas. La fotografía de Claire Mathon (Stranger by the Lake, Atlantics) se ajusta perfectamente a los requisitos de la directora. Capta perfectamente con el cromatismo adecuado las escenas que parece salidas de cuadros neoclásicos de Rose-Adelaide Ducreux, quien puede haber servido a la directora de inspiración al personaje de Marianne. Hay una escena memorable, de antología, en la cual Sophie está abortando su bebé y mientras la comadrona lo hace, ella está tirada en una cama, con gestos de dolor y a su lado hay un bebé de unos meses, que juega con su pelo y sus hombros. La cámara de Mathon capta el momento con todo su sentido alegórico, pero sin excesos visuales, en un encuadre magistral.

Historias de este tipo ya son frecuentes en el cine actual. La temática homosexual hace tiempo dejó de ser tabú. Lo original de este filme es su comedimiento, su manera de trasmitir amor y erotismo como si lo dijera en voz baja.

Portrait of a Lady on Fire (Francia, 2019). Guion y dirección: Céline Sciamma; Director de fotografía: Claire Mathon. Con: Noemi Merlant, Adele Haenel, Luana Bajrami y Valeria Golino.

De estreno limitado en casi todas las ciudades importantes de Estados Unidos.

© cubaencuentro

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