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Estreno, Cine

El topo en su guarida

Vidas complicadas porque la cultura que se ha alcanzado o el dinero obtenido después del duro trabajo (…) no alcanzan para vivir con dignidad. Fábricas ruinosas. El suicidio como vía para huir de una situación sin salida

El último estreno de los cines habaneros es una película cubana minimalista. Se titula La guarida del topo y está dirigido por Alfredo Ureta. Narra la historia de un hombre encerrado en sí mismo, preso de una rutina que se resume a trabajar día tras día cavando túneles. Su existencia plana y carente de emociones se desgrana en una cotidianidad precaria donde apenas existen incentivos. Solo parece estar motivado cuando, cada noche, después de comer y antes de irse a dormir, modela entre sus manos unas pequeñas figuras de alambre de cobre y crea algunos personajes: un pelotero o una bailarina.

La monotonía de sus días se ve abruptamente interrumpida cuando su vecino le ruega que dé asilo a su sobrina quien es víctima de la violencia de su esposo. El vecino lo convence, pues le explica que el marido violento y celoso no podrá encontrarla en otro apartamento. La mujer pronto regresará al campo. Ahora es un ser humano trémulo y deshecho, con el rostro golpeado. Vive sumida en el mutismo. El tío informa que su sobrina no habla. Hace un tiempo que decidió callar para siempre.

Durante noventa y tres minutos el realizador asume el reto de lograr una película que no resulte tediosa a pesar de que predomina el empleo de una locación cerrada, la mayoría de las veces solo aparecen los personajes protagónicos y los diálogos son escasos. Y logra salir airoso del reto gracias a un guión muy bien concebido que se propone una progresión dramática que, si bien no hace concesiones al cine comercial, incorpora algunos ingredientes atractivos del thriller y del cine de terror. Un encuadre inteligente con un efectivo empleo de luces y sombras, aderezan el desempeño actoral de Néstor Jiménez, Ketty de la Iglesia, Rafael Lahera, Alberto Pujols, Héctor Echemendía, siempre comedidos, alejados de exabruptos gestuales.

Abiertamente desmarcado de cierto cine costumbrista que insiste en supuestos temas trascendentales en la vida del cubano e intenta con ellos pronunciar la última palabra, La guarida del topo se enfoca en una apariencia apenas perceptible como el fenómeno del insilio, pues el protagonista vive refugiado en su casa, a la manera de un topo en su guarida. No participa en las reuniones donde supuestamente se resuelven los problemas sociales de la comunidad, evade las noticias en su viejo radio VEF, impide las visitas farragosas. Es un ermitaño. Un hombre que resuelve sus necesidades materiales y espirituales a través de una soledad casi absoluta, porque, después de todo, ¿qué le ofrece el mundo real? Vidas complicadas porque la cultura que se ha alcanzado o el dinero obtenido después del duro trabajo que se realiza a diario no alcanzan para vivir con dignidad. Fábricas ruinosas. El suicidio como vía para huir de una situación sin salida. Todos, elementos presentes en la vida cotidiana, pero maquillados por la propaganda oficial.

La guarida del topo es la primera película que se ha realizado con la participación de la Casa Productora del ICRT, que pretende apoyar sobre todo los proyectos de los realizadores que no cuentan con altos presupuestos para sus películas. Además participaron AURORA Productions, con la colaboración de la Asociación Cubana del Audiovisual, la Muestra de Nuevos Realizadores y el ICAIC.

Antes, durante la Séptima Muestra Nacional de Nuevos Realizadores el guión de La guarida… resultó premiado sin dudas por la calidad con que incursiona en el llamado cine de autor. Y es porque además del desarrollo de una historia, La guarida del topo tiene vínculos estéticos con otras obras del cine minimalista que apoyan el discurso del retrato de personajes con los que nos identificamos, por la emoción y la agudeza con que está reflejada su derrota.

“Cigarrillos y café, amigo. Esa sí es una buena combinación. Somos la generación del café y los cigarrillos, si lo piensas”. Este parlamento extraído del filme Coffee and cigarettes (2003) de Jim Jarmusch manifiesta, a la vez que un momento de repetido placer que se asume como identidad, el desarrollo de una especie de ajedrez imposible, de evasión de un aislamiento inevitable, el paladeo de proyectos truncos. En la película cubana, ese café común que se degusta cual la amargura inevitable de la vida se proyecta hacia la suma cultural y vivencial de la Isla: “La maldita circunstancia del agua por todas partes/ me obliga a sentarme en la mesa del café”, escribió Virgilio Piñera.

Si bien La guarida del topo se aparta deliberadamente de cualquier discurso altisonante que aspire a una determinada trascendencia, la indefensión de sus personajes ante la violencia del entorno, así como el hecho de que además, resultan abocados hacia la ilegalidad, hacen de esta película una propuesta interesante en la ciudad, por estos días.

© cubaencuentro

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