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Cine

Estrenan en México filme coprotagonizado por el cubano Vladimir Cruz

Vladimir Cruz construye su personaje con atinado sentido y proyección escénica convincente

La 53 Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional de México fue inaugurada el pasado 4 de noviembre con la película Las Razones del Corazón (México-España, 2011), del polémico director Arturo Ripstein (Ciudad de México, 1943), un melodrama inspirado en Madame Bovary de Gustave Flaubert —guión de Paz Alicia Garciadiego— en el que Vladimir Cruz personifica a un saxofonista cubano —Nicolás— que vive en un cuarto de azotea de un edificio de la capital mexicana.

Emilia —Arcelia Ramírez— es una mujer hastiada de su relación matrimonial (marido fracasado, mediocre oficinista incapaz de brindarle a su familia nuevas perspectivas de vida). La crisis emocional de esta ama de casa, asfixiada por las circunstancias, la llevan a buscar resguardo sentimental en el músico Nicolás, que todos los días ensaya su instrumento en la terraza del inmueble que comparten como vecinos. El personaje interpretado por Arcelia Ramírez nunca ha asumido su condición materna. Ripstein y Paz Alicia reflexionan sobre la desmoralización del amor y sus secuelas. Nicolás siente que su libertad está en peligro y se exaspera ante la conducta extraviada de Emilia. (Conformación dramática de la Emma Bovary días antes del suicidio.)

Duelo actoral en escenas de fuerte confrontación dramática que el otrora David (Fresa yChocolate, 1994) sabe sortear con presteza (actor maduro, reconcentrado y en plenitud de su oficio). CUBAENCUENTRO, presente el día de la premier, se acercó a la actriz mexicana Arcelia Ramírez y le inquirió sobre cómo se sintió en el rodaje con el actor de Placeta (Las Villas): “Yo ya conocía a Vladimir como actor y en persona —fue mi pareja de baile en la clausura del Festival de Cine de Guadalajara del año pasado: me pasé la noche entera bailando con él—, desde que lo vi en la película de Gutiérrez Alea me gustó su naturalidad. Aquí el reto era diferente: mi personaje está marcado por la exaltación, mientras que Nicolás —el saxofonista que concibe Vladimir— es principalmente, un testigo que se desconcierta frente a las ofuscaciones de Emilia. Vladimir siempre supo manejar las situaciones con un trabajo actoral loable y cabal”.

Ripstein —rodeado de reporteros, micrófonos, fotógrafos, cámaras de televisión, funcionarios culturales y todo el elenco artístico de la cinta— alcanzó a decirme, casi a gritos: “Vladimir Cruz es muy profesional, con él tuve que discutir poco, entendió a su personaje inmediatamente, muchas de sus escenas salieron en dos o tres tomas. Tuve el honor de trabajar con un actor inteligente y sensible”.

Una muchacha mexicana, asistente a la función, me preguntó: “¿El que hace de saxofonista es el de Fresa y Chocolate, no?”. Le contesté: “Sí, es Vladimir Cruz, el actor cubano”. “¡Ay!, qué chulo está. Se percibe que ha madurado mucho como actor. Me parece muy bien que sea parte de una película mexicana”, concluyó la cinéfila azteca.

El amor como abrigo en la desesperante conducta de Emilia; el amor como un acto despojado de compromiso y atadura, según el cubano Nicolás. “Me interesaba abordar la idea del amor en confrontación con la exagerada idea de morir de amor. Me gusta como lo asumen mis dos actores principales: Arcelia suscribiendo perturbaciones desbordadas; Vladimir manifestando consternación, pero alejado de cualquier misericordia. El peso de la cinta recae en ellos estoy satisfecho del trabajo actoral de ambos”, expresó Ripstein en uno de los canales culturales de la televisión mexicana hace unos días.

Cierto, los espectadores son testigos de un Vladimir Cruz categórico, que construye su personaje con atinado sentido y proyección escénica convincente. Ya lo ha hecho patente en cintas como Lista de espera (2000), El sexo lo cambia todo (2001), El cuerno de laabundancia (2007), La mala (2006), Che, el argentino (2008), La ventaja del sicario (2009) o en puesta teatrales en España y La Habana como Sueño de una noche de verano (2003), Tirano Bandera (2004), La divina Filotea (2007), Fuenteovejuna (2009)… El ganador del Premio de la Asociación de Cronistas del Espectáculo de Nueva York por Mejor Actor (1995), imparte con frecuencia talleres de teatro en Italia y España y acaba de terminar el rodaje de la cinta Afinidades en la que comparte la dirección con Jorge Perugorria.

El director mexicano (Tiempo de morir, El castillo de la pureza, El lugar sin límite, Principioy fin, Así es la vida, Profundo carmesí…) —asistente de dirección de Luis Buñuel en El ángelexterminador, 1962— no se equivocó: prefirió a un histrión de clase, miembro resuelto de la nueva generación de actores cubanos.

© cubaencuentro

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