CON OJOS DE LECTOR
Habaneras con ángel
Liuba María Hevia transita por el delicado universo de la habanera, en un disco compacto en el que articula tradición y modernidad.
En 1994, la compositora y vocalista Liuba María Hevia (La Habana, 1964) recibió una solicitud de María Teresa Linares, musicólogo y directora del Museo Nacional de la Música, para que grabara en España un disco de habaneras. Aquel proyecto cristalizó en un trabajo discográfico que podía calificarse de erudito, Habaneras en el tiempo, que tal como su título sugiere armaba un panorama de ese género, desde piezas anónimas del siglo XIX hasta creaciones pertenecientes al XX.
Pese a la seriedad y el rigor con que fue hecho, Habaneras en el tiempo se grabó en condiciones técnicas que no dejaron satisfecha a la intérprete. Su circulación además se redujo al ámbito español, por lo cual sus compatriotas no tuvieron acceso a él. "Siempre me quedó el sabor amargo que el disco no estaba aquí en Cuba, que era donde tenía que estar", comentó ella. Todo eso la motivó a volver sobre aquellas canciones. Entre enero y abril del 2004 trabajó en los Estudios Abdala, grabando, mezclando y masterizando los trece temas que componen Ángel y habanera (Colección Canto Vivo, Producciones Abdala, La Habana, 2005). El compacto se hizo además al viejo estilo, grabando los temas de arriba abajo, de modo que si se equivocaba debía grabarlos de nuevo.
En esencia, la idea rectora bajo la cual se hizo Habaneras en el tiempo se mantiene en Ángel y Habanera. La selección de los temas cubre un período cronológico que abarca más de un siglo. Incluye tres temas anónimos del XIX, El expatriado, Tengo mi hamaca tendida y La presa, que corresponden a la etapa cuando el género alcanzó su mayor auge como manifestación bailable (conviene recordar que la influencia de la habanera trascendió el ámbito insular y sus elementos estructurales son visibles en músicos europeos como Ravel, Albéniz, Debussy, Montsalvatge y Saint-Säens). Figuran asimismo tres auténticas gemas de la primera mitad del siglo pasado, Veinte años, La rosa roja y Mariposita de primavera, que llevan las firmas de María Teresa Vera, Oscar Hernández y Miguel Matamoros. A décadas más cercanas pertenecen En el claro de la luna, de Silvio Rodríguez, y Habaneras de Cádiz, de los andaluces Carlos Cano y Antonio Burgos. De Hevia son, por último, las cinco composiciones restantes: Trovada en La Habana, Mi vieja Habana, Abuela canaria, Réquiem de luna y Ángel y habanera, por la cual recibió en 1997 el Premio del Museo Nacional de la Música.
Género para la confidencia y la nostalgia
En las trece composiciones recopiladas en el compacto se pone en evidencia esa delicadeza de la habanera, que tanto sedujo a Liuba María Hevia. El tono intimista y el tratamiento lírico es el sello distintivo de todas, incluidos El expatriado y La presa, canciones de corte patriótico que hablan del triste destino de los presos políticos cubanos durante el período de la colonia. En las restantes, dominan la temática amorosa, la añoranza de los días lejanos ya y de los cuales no resulta fácil escapar. Contenidos todos, como se ve, que piden ser interpretados con austeridad y sencillez y escuchados en un ambiente apacible y recogido. Eso supo entenderlo décadas atrás el novelista español Pío Baroja. Un concierto de habaneras era para él algo incongruente, pues en su esencia más antigua y pura, se trata de un género hecho para la confidencia y la nostalgia, una confesión de lejanas añoranzas que sólo se hace entre amigos.
Liuba María Hevia acometió el proyecto de Ángel y habanera con la austeridad como principio estético. Los recursos con que dispuso y el equipo de colaboradores en el cual se apoyó se redujeron a los indispensables. Gracias a ese atinado criterio, a su compacto le ocurre como a esos libros escritos con tanta economía expresiva, que no admiten que se les suprima ni una sola línea. En las orquestaciones priman la sencillez y la fidelidad a las canciones. Además de acompañarse ella misma con la guitarra, la artista cuenta en algunas ocasiones con la contribución del Guajiro Miranda, uno de sus colaboradores habituales. A la guitarra se sumaron unos pocos instrumentos más: tres, laúd, viola, piano, alguna percusión. Todos, sin embargo, concurren únicamente en el tema final del disco, Habaneras de Cádiz, y se comprende por qué: se trata de una habanera que hizo el viaje de ida y vuelta, y que en Andalucía se enriqueció con nuevas sonoridades. De ello resulta un "tango que sabe a mango", una "habanera de piriñaca y de Carnaval".
El refinamiento y el contenido poético, dos de los rasgos que caracterizan la personalidad como cantautora de Liuba María Hevia, tienen un vehículo ideal en la habanera, un género en el cual letra y música logran una admirable unidad. Súmese a ello la esencia trovadoresca que Hevia ha mantenido en todos sus trabajos discográficos, y se podrá tener una idea del excelente nivel artístico en el que ha cristalizado Ángel y habanera. Los impecables arreglos, que firman entre otros Arnulfo Guerra, Beatriz Corona, El Guajiro Miranda y Lucía Huergo (también productora musical del compacto), se enriquecen y embellecen en su voz cálida, potente y límpida, que los arropa en un hálito de lirismo, sensibilidad y buen gusto. Es exactamente lo que piden estas composiciones, todas muy hermosas, que como expresa Eusebio Leal en las palabras que se reproducen en el compacto, "nos hablan de lejanías, amores perdidos o hallados, son como cartas rescatadas del olvido, flores marchitas que recuperan su lozanía al riego promisorio de las lágrimas".
Resulta muy de elogiar que una artista tan joven como Liuba María Hevia se haya acercado con tanto amor y seriedad a un género que en la actualidad no goza de la popularidad que disfrutó en otras décadas. Para recordar lo aportado por la habanera a nuestra música, basta escuchar piezas como Veinte años, La rosa roja, Mariposita de primavera y En el claro de la luna, para ejemplificar con aquellas que más se conocen. Sólo por deparar el placer impagable de escucharlas tan bien interpretadas y con tal riqueza de matices, Ángel y habanera merece comprarse. Pero además de composiciones ajenas, la artista incorpora cinco temas propios que no desmerecen ni juegan en desventaja al comparársele con los otros. De uno de ellos, el que presta su título al disco, María Teresa Linares destaca la belleza de su línea melódica y de su texto en verso libre, "con el resultado final de una obra bellísima, de un fino lirismo". Elogios similares pueden decirse de las otras cuatro. Asimismo en todo el material recopilado en Ángel y habanera, Liuba María Hevia sabe mantenerse fiel a la tradición, sin que ello sea un estorbo para que pueda airearlo con timbres contemporáneos.
En resumen, un trabajo musical irreprochable, que es todo un derroche de poesía, exquisitez y buen gusto, y en el cual Liuba María Hevia sabe articular pureza y creatividad, talento y oficio. Debemos congratularnos por tener la dicha de que aún se graben discos como Ángel y habanera.
© cubaencuentro
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