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Actualizado: 12/08/2020 19:20

Humorismo, Radio, Cuba

La risa, remedio infalible

Ahora, cuando más que nunca necesitamos poner buena cara para que el tedio y la depresión no nos abrumen, escuchar La Tremenda Corte es una excelente opción

En las últimas semanas es frecuente encontrar en los periódicos que muchos escritores proponen maneras de entretenernos en casa, para sobrellevar el confinamiento a que nos obliga esta situación excepcional. Entre las sugerencias, es común hallar libros como Diario del año de la peste, El amor en los tiempos del cólera, La peste, Ensayo sobre la ceguera, y de filmes y series como Contagio, The Stand, La amenaza de Andrómeda y Guerra Mundial Z. Sin cuestionar esas alternativas, yo, por mi parte, prefiero hacer recomendaciones que ayuden a hacer más llevaderos y amenos estos días, aplicando aquello de que al mal tiempo, buena cara.

Y para poner alegría en nuestras caras, nada mejor que el humor. Reír, dijo alguien cuyo nombre no se registra, es como cambiar los pañales del bebé: no resuelve permanentemente el problema, pero hace las cosas más agradables por un momento. Algo que ahora más que nunca necesitamos, para que el tedio y la depresión no nos abrumen. Pensando en sugerencias de ese tipo, una de las primeras que me ha venido a la mente es la de un programa radial que muchos consideran como la mejor comedia radiofónica creada en su época en América Latina. Los cubanos debemos sentirnos orgullosos de ella, pues es un producto netamente vernáculo. Hablo, muchos seguramente ya lo han adivinado, de La Tremenda Corte.

Hace algún tiempo, el amigo Carlos Cabrera Pérez, quien acostumbra a hacer comentarios atinados e inteligentes, me llamó la atención sobre el hecho curioso de que uno de nuestros programas radiales más populares fuese creado por un extranjero. En efecto, la idea original y el concepto de La Tremenda Corte se debió al español Cástor Vispo Villardefranco (La Coruña, 1907-La Habana, 1973). Eso ha hecho que sus paisanos lo consideren el más cubano de los gallegos que se asentaron en la Isla.

A los dieciocho años emigró a Cuba para reunirse con algunos de sus familiares, que ya residían allí. En sus primeros años trabajó en las oficinas de un almacen y en la administración del diario El Universal, y en su tiempo libro se dedicaba a escribir. La oportunidad de empezar a realizarlo profesionalmente la tuvo en el recién creado semanario humorístico La Semana, en donde creó un personaje llamado El Barón del Calzoncillo Encantado, que más adelante adaptó para llevarlo a la emisora RHC Cadena Azul. En 1937 estrenó la serie humorística Rudesindo Rodríguez, Rudy Rod, con la cual introdujo el primer personaje suyo que se hizo popular, un detective gallego de Santa María de Ortigueira. Era una parodia de La Serpiente Roja, una popularísima serie radial escrita por Félix B. Caignet. Su personaje principal, el detective chino Chan Li Po, lo interpretaba Aníbal de Mar (1908-1980), quien pasó a hacer lo mismo en el programa de Cástor Vispo. En 1940, este escribió Pepe el Cortao, en el cual también parodiaba otro personaje de un famoso espacio de Caignet. Aparte de esa actividad en la radio, en 1938 fue uno de los fundadores del semanario humorístico Zig-Zag.

Su consagración como humorista llegó con La Tremenda Corte. Llevaba ya más de quince años en Cuba. Había aprendido las esencias de nuestra cultura popular y las plasmó en los libretos del nuevo programa. La Tremenda Corte salió al aire por primera vez el 7 de enero de 1942, en RHC Cadena Azul, propiedad de Amado Trinidad Velasco. En 1947, los anunciantes y patrocinadores lograron que el programa pasara a la emisora CMQ, para que tuviera una mayor radio audiencia. Se hacía en vivo a las 8 y 30 de la noche, tres veces por semana, y se transmitió hasta 1961 de forma ininterrumpida. Ni siquiera dejó de hacerse cuando dos de sus actores fallecieron casi simultáneamente. En total se grabaron 19 temporadas y más de 300 programas, la mayoría de los cuales se pueden encontrar hoy en internet.

El elenco lo integraban Aníbal de Mar, Leopoldo Fernández (1904-1985), Mimí Cal (1900-1978), Miguel Ángel Herrera (1920-2003), Adolfo Otero (1893-1958) y Wilfredo Fernández (1924-2005), quienes interpretaban, respectivamente, al Tremendo Juez, José Candelario “Tres Patines”, Luz María “Nananina”, el gallego Rudecindo Caldeiro y Escobiña y el Secretario. En algunas ocasiones, este último lo hizo Julito Díaz (1890-1958). A los caracteres anteriores se incorporó en algunas ocasiones Simplicio Bobadilla y Comejaiba, al que ponía la voz Edwin Fernández (1928-1997).

Aparte de su actividad en la radio, Cástor Vispo escribió guiones para algunas películas: Hitler soy yo (1944), Tiburcio Santamaría: El vigilante poeta de la 9ª Estación dePolicía (1948) y La verdad desnuda. Asimismo, varias comedias suyas fueron representadas en el Teatro Martí por la compañía de teatro de Leopoldo Fernández. Conjuntamente con su trabajo en La Tremenda Corte, este y Aníbal de Mar desarrollaron una exitosa labor en el cine y la televisión. Protagonizaron la comedia musical Hotel de muchachas (1951) y en 1955 empezaron a hacer en CMQ TV El Show de Pototo y Filomeno, que incluía música en vivo y segmentos humorísticos. Su popularidad propició que el programa fuera presentado en los centros nocturnos habaneros Sierra y Montmartre, así como la grabación de dos discos y la participación de la pareja en otra película, ¡Olé Cuba! (1957). El programa televisivo tuvo mucha aceptación en países como Puerto Rico, Venezuela, Colombia, República Dominicana, Panamá y Perú, que fueron visitados por los miembros del reparto y donde fueron aclamados.

Cada episodio se iniciaba con una frase dicha por el Secretario: “El Tremendo Juez de la Tremenda Corte va a resolver un tremendo caso”. Se seguía un esquema fijo, en el cual intervenían el juez, el acusado y los acusadores, y se juzgaba siempre algún delito cometido por el escurridizo Tres Patines. En realidad, los guiones no se basaban tanto en esos delitos, sino en la habilidad de este para eludir la justicia. Los casos se nombraban con una palabra a la que se le añadía la terminación “cidio”: galleguicidio, sobrinicinio, poeticidio, adivinicidio, relampaguicidio… Aunque se partía de un libreto, también había margen para la improvisación. Hay que recordar que la mayor parte de los integrantes del elenco provenían del teatro vernáculo, de modo que estaban bien entrenados para hacerlo. Esa capacidad de improvisar se advierte en algunos episodios, en los que algunos de los actores no pueden aguantar la risa.

Su humor se conserva vigente

Pese a que han transcurrido casi seis décadas de que dejó de transmitirse, La Tremenda Corte continúa escuchándose y siegue siendo popular en muchos países de la América hispana. Eso se debe, en primer lugar, a que su humor se conserva vigente. Algo poco usual en una comedia, un género que suele trabajar a partir de materiales perecederos. Es además un humor blanco, liviano, pues conviene recordar que Cástor Vispo creó el programa para hacer que los cubanos olvidaran un poco la guerra que entonces se libraba en Europa.

Aunque es muy criollo, el humor de La Tremenda Corte no se apoya mucho en el costumbrismo. Tampoco recurre a la vulgaridad ni al doble sentido. Logra hacer reír con inteligencia, con fineza y con los juegos de palabras y retruécanos a los que Tres Patines era muy dado:

Juez: En fin, Nananina, ¿qué le hizo a usted Tres Patines?

Nananina: Me estafó un peso, señor Juez.

Juez: ¿Cómo que se lo estafó?

Nananina: Tomándome el pelo. Me cobró un peso para darme el pase para los terminales. Y usted sabe, yo le jugué y no me saqué nada.

Tres Patines: Porque los adivinos serios y científicos como yo no damos los números para los terminales, señora.

Nananina: ¿Y entonces para qué me los dio a mí?

Tres Patines: Señora, por Dios, lo que yo le di a usted fue un número que no existía para que se diera cuenta de eso precisamente. Un número imposible de jugar.

Nananina: ¿Imposible de jugar por qué? Lo que usted me dijo fue que jugara el 9 con pase para el 75.

Tres Tapines: Mira a ver, eso no existe.

Juez: ¿Por qué no existe, Tres Patines? ¿No existe el número 9?

Tres Patines: Sí.

Juez: ¿Y no existe el 75?

Tres Patines: También, pero lo que no existe es el 9 con pase para el 75.

Juez: ¿Por qué?

Tres Patines: ¿Por qué va a ser, compadre? ¿Qué cosa es el 9?

Juez: El 9 es elefante.

Tres Patines: ¿Y el 75?

Juez: Cinematógrafo.

Tres Patines: ¿Y cuándo tú has visto un elefante que tenga pase para un cinematógrafo? No hay portero que lo deje entrar, aunque pague la entrada, chico.

Juez: Bueno, está bien. Pero aquí dice que usted le cobró un peso a Nananina.

Tres Patines: Sí.

Juez: Usted le cobró el peso, y el peso sí existía, ¿verdad?

Tres Patines: Sí, pero yo le cobré el peso a ella para darle una lección. Porque a los adivinos científicos no se les pide el número para los terminales.

Nananina: ¿Usted lo quiere más caretudo, señor Juez?

Juez: Bueno, Nananina, Tres Patines tiene un poco de razón.

Tres Patines: No, un poco no, una gran cantidad razonable.

Juez: Yo le doy la cantidad que yo crea.

Tres Patines: All right, pero no me diga un poco, no me regatee.

Juez: Nananina, Tres Patines tiene un poquito de razón. ¿Qué le parece? ¿Le gusta? Yo digo la cantidad que a mí me parezca, señor. Porque eso de ir a un adivino para…

Tres Patines: Sí, hombre.

Juez: Cállese la boca. ¿Qué pasa?

Tres Patines: No, que veo que me estás defendiendo en parte.

Juez: Lo estoy defendiendo, pero si sigue así no lo voy a defender más.

Tres Patines: Pero es que dices que no tenga razón. Tú mismo estás haciendo para quitármela.

Juez: Yo no estoy haciendo nada para quitarle a usted nada, señor. Cuando usted tiene la razón yo se la doy, porque soy justo con usted.

Tres Patines: Cuando yo la tengo, no necesito que me la des porque ya la tengo, chico.

Juez: No, señor.

Tres Patines: ¿Me vas a dar lo que yo tengo?

Juez: Yo se la doy cuando usted la tiene, pero cuando no la tiene no se la doy.

Tres Patines: Ahí está, mira a ver. Cuando no la tengo es cuando me la tienes que dar. ¿Es la verdad o no es la verdad?

A lo antes apuntado hay que añadir que el programa contaba con unos diálogos incisivos, cortos e ingeniosos, así como con unas situaciones que, a pesar de su sencillez, poseían suficientes ingredientes para mantener el interés y provocar la risa y, a menudo, la carcajada. Otro acierto del programa era el profesionalismo del elenco, en el cual se destacaban de manera especial Aníbal de Mar y Leopoldo Fernández. El de La Tremenda Corte era, en fin, un concepto del humor adelantado a su tiempo. Ahí está la clave de por qué hoy sigue entreteniendo y gustando a audiencias de diferentes nacionalidades y generaciones.

Tras la cancelación de La Tremenda Corte, Aníbal de Mar, Mimí Cal y Leopoldo Fernández se fueron al exilio. Fuera de Cuba hubo intentos por resucitar aquel exitoso programa. A mediados de los 60, una emisora de Monterrey, México, empezó a transmitir los episodios grabados en Cuba. La buena acogida del público hizo que se creara una versión para la televisión. Se emitía una vez a la semana y duraba media hora. Del elenco original solo repitieron Aníbal de Mar y Leopoldo Fernández. Mimí Cal, que residía en Miami, rehusó tomar parte. Solo se realizaron tres temporadas y media, debido a que los costos de producción resultaron demasiado altos para la cadena, a lo cual se sumó la falta de un patrocinio fuerte.

En 1969, Panamericana Televisión, de Perú, compró los capítulos filmados y los derechos de emisión. Asimismo, contrataron por una corta temporada a Leopoldo Fernández para hacer otra variante del programa, El guardia Tres Patines, en la que el actor caracterizaba a un policía despistado. El espacio no tuvo mucha difusión y tampoco trascendió fuera del ámbito local. Hubo todavía una última y poco afortunada tentativa de adaptar el personaje en Tres Patines en su salsa (1970). Tras realizarla, el actor se fue a Estados Unidos, donde continuó trabajando.

El éxito que alcanzó en su momento La Tremenda Corte era algo imposible de repetir. En primer lugar, faltaba su creador, Cástor Vispo, quien hasta su muerte permaneció en Cuba. Por otro lado, el elenco, a excepción de Aníbal de Mar y Leopoldo Fernández, era otro. Nada podrá sustituir a aquel clásico de nuestra radio, que hoy se continúa escuchando y que se resiste a envejecer.

© cubaencuentro

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