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Actualizado: 12/08/2020 19:20

Aislamiento, Literatura, Novela

Literatura y reclusión

El aislamiento, sitio de la incubación

El cautiverio ha sido determinante en la creación de algunas obras literarias famosas. Testimonio de vida y manifiesto ideológico. La prisión: espacio y tiempo que proporcionan el arribo de la musa, el anhelo y la iluminación reflexiva. La inspiración llega y conmina al poeta. Pensemos en tres grandes escritores: Cervantes, Dostoievski y Solzhenitsyn. Sus creaciones fueron posibles por la presencia en sus vidas del penal. La reclusión tiene sus prerrogativas (tiempo, espera, repaso); pero, parece que allí la imaginación se amplifica: el sueño de libertad puede ser el acicate para la instauración de grandes obras.

El aislamiento, sitio de la incubación. Dostoievski fue recluido y condenado a muerte por su ideario político y escribió, después de ser perdonado por el zar, esa exasperada fábula que es Memorias de la casa muerta. Asimismo, Solzhenitsyn en Archipiélago Gulag y en Un día enla vida de Iván Denísovich da cuenta de su experiencia como convicto en los campos de trabajos forzados soviéticos (Colonias de Trabajo Correccional que funcionaron en la URSS de 1930 a 1960).

Hoy sabemos que las dos grandes piezas narrativas del escritor originario de Moscú: Crimen y castigo y Los hermanos Karamazov —ejemplos sutiles de la novela psicológica— son consecuencias de su paso de cuatro años de internamiento en el Gulag de Siberia. Mudanza a una cognición de lo absurdo y de una alegoría del sufrimiento colectivo.

El caso del autor de Archipiélago Gulag se sustenta en la resistencia de ocho años en los campos correccionales soviéticos, apresado en 1945 por hacer en una esquela alusiones degradantes sobre Stalin, fue condenado a 10 años de trabajo forzado. Liberado en 1955, es desterrado a Kazajstán, donde se ve acosado por las evocaciones angustiosas de los años carcelarios: origen de Un día en la vida de Iván Denísovich, primera obra que denuncia las humillaciones de los gulags de régimen de Stalin.

Escritura y poder. Los regímenes totalitarios han propiciado una relación de tensiones con los creadores literarios. Individuo y Estado. La cárcel ha sido el recurso más recurrido por los gobiernos para acallar ideas. Quizás el asunto se remonta a Los viajes de Marco Polo (1300), de Rustichello de Pisa: el aventurero dictó sus crónicas de emigraciones a Rustichello mientras compartía celda con éste. Pero, recordemos: unos de los libros políticos más trascendentes de todos los tiempos: El Príncipe (1513), de Maquiavelo, fue redactado en reclusión. El autor, acusado de intriga contra los Medici, es despojado de su cargo de funcionario y encarcelado en 1512.

Y llegamos a Don Quijote de la Mancha (1605), de Miguel de Cervantes. El autor, recaudador de impuestos en Sevilla es acusado en 1597 por “graves errores contables”, que lo llevaron a la Cárcel Real de Sevilla: preso durante cuatro meses, según refiere el mismo Cervantes, allí se fecundó la idea del caballero andante.

Hacemos un repaso breve por obras erigidas desde el retiro y el encierro: el presidio como espacio creativo. De profundis (escrita en 1897; publicación póstuma, 1905), de Oscar Wilde. Carta escrita en la cárcel de Reading donde el autor sufre confinamiento por sodomía: conducta penada en la época Victoriana. / Cancionero y romancero de ausencia (1942), obra inacabada del poeta Miguel Hernández concebida en los penales del franquismo, tras finalizar la Guerra Civil española.

Fanny Hill. Memoria de una cortesana (1748), de John Cleland —la primera novela erótica de la literatura Occidental— se concibió en el penal de Fleet, Londres, mientras el autor, acusado de no pagar sus deudas, cumplía prisión. / Justine o los infortunios de la virtud (1791-1797), del Marques de Sade: una de las novelas derivadas de los 27 años de encierro (cárceles y manicomios) del autor parisino, constantemente notificado por apostasía, perversión y obscenidad.

El líder vietnamita Ho Chi Minh legó Diario de prisión (1943), conmovedor poemario escrito en la cárcel durante su lucha por la liberación de Vietnam. / La irreverente novela SantaMaría de lasFlores (1944), de Jean Genet: autobiografía del delincuente juvenil condenado a muerte, testimonio del horror penitenciario. Sartre y Picasso interceden por él y fue liberado: está considerado como uno de los grandes narradores de la literatura francesa.

Presidio que también favoreció la escritura de uno de los libros más polémicos de la historia, Mi Lucha (1925), que Adolfo Hitler comenzó a redactar en 1924 durante su permanencia en la cárcel de Landsberg, donde cumplía una condena de cinco años por el frustrado golpe de Estado en Múnich. Cuaderno censurado durante muchos años, se volvió a publicar en Alemania en 2016.

No olvidar que uno de los libros más sublimes de la poesía española, Cántico espiritual, fue fraguado en penitencia carcelaria por Juan de la Cruz. La lista es larga, mencionamos algunos de los literatos hoy famosos que sufrieron la incomunicación de los calabozos y escribieron grandes obras: Francois Villon, Voltaire, Emile Zola, Paul Verlaine, Arthur Rimbaud, Ezra Pound, James Ellroy, William Burroughs, Jack Abbott, James Frey, Roque Dalton, Howard Wilson:

El mexicano José Revueltas escribe una de sus mejores novelas, Los muros del agua (1941), siendo recluso en las Islas Marías; la destacada fábula, para mucho su mejor libro, El Apando (1969), lo redacta en Lecumberri. Asimismo, el líder del Movimiento de la Onda mexicana José Agustín da cuenta de Se está haciendo tarde (1973) y El rock de la cárcel (1984) a consecuencias de su experiencia en prisión notificado por supuesto tráfico de droga. El poeta colombiano Álvaro Mutis concibe Diario de Lecumberri (1960) en el llamado Palacio Negro donde estuvo 15 meses arrestado. La primera obra literaria que aborda los episodios del Octubre del 68 en la capital mexicana, Los días y los años (1971), de Luis González de Alba, cuajó entre las paredes de Lecumberri.

Un clásico de la literatura cubana, Hombres sin mujer, de Carlos Montenegro, se gesta en las galeras de un penal. La dictadura en Cuba ha llevado a los calabozos a cientos de escritores (poetas, novelistas, ensayistas:): Raúl Rivero, Heberto padilla, Huber Matos, Ángel Santiesteban, Ricardo González Alfonso, Jorge Valls, Ana Lázara Rodríguez, María Elena Cruz Varela: / Reinaldo Arenas escribió, perseguido y retirado, en un parque de las afueras de La Habana, Antes que anochezca: testimonio conmovedor de la represión castrista en los años 70/80 del siglo pasado.

Internarse para que las ideas fluyan. Sor Juana Inés de la Cruz nos legó una obra monumental desde el rincón de su claustro, acompañada del silencio: “Dócil, bajo la luz mojada de la noche”, como lo hizo Enriqueta Ochoa, otra reclusa que deshojó el tiempo en el agujero de los cáusticos instantes.

© cubaencuentro

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