CON OJOS DE LECTOR
Pase de revista
Bajo el título de Poesía Cubana Actual (1970-2006), la revista 'Renacimiento' recoge en su último número una selección de quince autores de dentro y fuera de la Isla.
La revista sevillana Renacimiento dedica 86 de las 206 páginas de su última entrega (nos. 51-54) al dossier Poesía Cubana Actual (1970-2006). Aunque no figura ni el índice ni en la portadilla de la muestra, la compilación se debe a José Pérez Olivares (Santiago de Cuba, 1949), a quien además pertenecen los casi cien dibujos que ilustran el número. Pese a ser él mismo poeta (ha publicado siete libros, textos suyos aparecen en varias antologías y ha sido merecedor de los premios David, de la Crítica, Jaime Gil de Biedma, Renacimiento y Rafael Alberti), Pérez Olivares tuvo la modestia de no incluir ningún poema propio, lo cual es de lamentar, pues no desmerecería al lado de los otros seleccionados por él.
La columna vertebral o cuerpo principal del dossier lo constituyen los poemas. Pero a los mismos se han incorporado cinco trabajos críticos y ensayísticos referidos a aspectos y creadores pertenecientes a ese campo. En Presencia de José Mario, Pío E. Serrano hace una justa revalorización de la personalidad y la obra de quien en La Habana convulsa y vibrante de los sesenta, "llegó a convertirse en una suerte de mágica enseña entre los noveles escritores de la ciudad". Víctor Rodríguez Núñez, quien además colabora como creador, revisa y clarifica algunos de las propuestas conceptuales expresadas por él en el prólogo a la antología El pasado del cielo: La nueva y novísima poesía cubana (1994). En La isla de todos, la isla de nadie, Alejandro Luque trata "el sentido de la insularidad, ese inveterado signo distintivo del caribeño". Por su parte, José Antonio Michelena echa una breve mirada a la poesía escrita en Cuba en las últimas tres décadas, "en las que literatura, sociedad, ideología no son exactamente una santísima trinidad, no son un trío siempre bien afinado y armónico". El texto más extenso (19 páginas) lo firma el español Ángel Esteban, profesor de la Universidad de Granada, quien realiza un análisis de Sonetos de Gelsomina, de Raúl Hernández Novás. Para él, es un libro que representa "una constatación de que la madurez intelectual y afectiva del poeta ha llegado a su máxima expresión".
La selección de poemas se abre con Acta, de José Kozer. Elección muy acertada, por las excelencias literarias de su obra, las varias décadas de dedicación a la escritura y el impresionante volumen de sus publicaciones. Siguen después páginas de autores pertenecientes a promociones posteriores a la de ese invitado de honor: Antonio José Ponte, Gleyvis Coro Montanet, Víctor Rodríguez Núñez, Yoel Mesa Falcón, Liudmila Quincoses Clavelo, Francis Sánchez, Odette Alonso, Alberto Lauro, Norberto Codina, Damaris Calderón, Manuel González Busto, Waldo Pérez Cino, Ileana de la Concepción Álvarez González y Alex Fleites.
Una vez que se concluye la lectura de la treintena de textos que conforma ese bloque, lo primero que llama la atención es la ausencia de claves o motivos locales que en un primer acercamiento permitan identificar como cubanos a los creadores que los firman. Prácticamente la única excepción es Benny Moré inventa la bahía de Manzanillo, de Norberto Codina, aunque incluso en su caso se trata más bien de referencias musicales (Barbarito Diez, el Trío Matamoros, Benny Moré) asociadas a la infancia que allí se rememora. Se constata asimismo que es ya un hecho la consolidación de una nueva norma poética, que de acuerdo a un crítico tan autorizado como Jorge Luis Arcos comenzó en la década de los ochenta, con la ruptura con el conversacionalismo como canon estético predominante.
Renuncia a la anécdota y búsqueda de lo esencial
Un ejemplo que ilustra lo anterior es este poema de Damaris Calderón que reproduzco a continuación: "El frío / de un terrón de azúcar / en la lengua de una taza de té / de un pan que salta / en rebanadas sangrientas. / El oficio de lavaplatos, / las genuflexiones / y las manos que todavía / se sumergen / con cierta cordura. / Los rojos / los blancos / las cabezas rapadas y los cosacos / podrán echar mi puerta a patadas / o aparezca una cuerda / con que atar un baúl y colgarme / sin que me estremezca un centímetro". Se titula marina sveitáiva y aparece junto con otros homenajes suyos a Joseph Brodsky, Calvert Casey y José Lezama Lima. De Calderón es también el largo y excelente Cementerio de Colón/ Spoon Rivers. Similar nivel de calidad alcanzan los poemas de Ileana de la Concepción Álvarez González ( Árbol invertido, Yo contigo como un monte yotro monte) y Liudmila Quincoses Clavillo ( Duplicación del trueno, Plaza de Jesús, Sombras del condenado).
Son pocos los autores que adoptan una poética de base experiencial, como también lo son los que dan cabida a la orientación coloquial del lenguaje. Una de las que hace esto último es Gleyvis Coro Montanet en Yo quiero, aquí en mi cama, un negroprieto. Además de una nota de humor, saludable en un conjunto donde predomina la seriedad y gravedad de los temas, aporta la única muestra de poesía que se ciñe a la horma de la métrica y la rima. En El progreso, otro de los poemas con que está representada, mantiene el discurso sencillo y accesible para contrastar la imagen tradicional de la mujer que escribe poesía con la que, de acuerdo a ella, tiene hoy: "Contemporánea de la chica que tiene puesta la boca en el borde / de una lata de sopa instantánea y me sonríe desde la tele, / sintiéndose una afortunada, / pertenezco a una generación favorecida / por el descubrimiento de las latas de conservas. / Fabulosa es mi suerte comparada / con el tedio de las grises poetisas anteriores. / Y aunque no sepa escribir una elegía, / puedo hacer la sopa con una mano, / y escribir con la otra sobre la triste poetisa de ayer, / que abandona la redacción de su elegía / para cocinar la sopa".
Abundan los creadores que renuncian a la anécdota y se preocupan más por la búsqueda de lo esencial. De ello son ejemplos los textos de Waldo Pérez Cino ( Pátinas, El amolador), Francis Sánchez ( Habitaciones Ángel Escobar, Disciplinamatinal o Rodrigo de Triana), Yoel Mesa Falcón ( El existir avanza lentamente, Estásprobando mi capacidad de resistencia). Antonio José Ponte, en cambio, no desdeña la narratividad en Juguetes puritanos y La fe son los objetos, páginas en las que la claridad se mezcla con el misterio. La ausencia de los temas políticos y sociales pone en evidencia su devaluación. No faltan, sin embargo, reflexiones sobre otros asuntos. Es el caso, por ejemplo, de Alex Fleites. Un cierto pesimismo existencial permea, por ejemplo, sus dos hermosos poemas, Esperando un tren y Alternas vibraciones, gotitas de miseria, cuyo fondo melancólico no les resta lucidez.
Quedan, en fin, unos pocos autores y textos a los cuales no he aludido. La razón nada tiene que ver con sus valores literarios, sino con las modestas intenciones de estas líneas, que únicamente han pretendido dar noticia de la publicación de esta muestra de poesía cubana actual. Y no encuentro modo mejor para concluirlas, que ceder el espacio a Alberto Lauro, otro de los autores incluidos. A él pertenecen las piezas más esencializadas y breves de todo el conjunto. Bajo el título de Parábolas, agrupó dieciocho poemas de los cuales he seleccionado estos cinco: "Ave pasajera, / ni eres la última, / ni eres la primera. // La luna / baña de esplendor / la rosa muerta. // Oscuro privilegio de haber sido, / tan sólo por un día, // tu victorioso rey. // El ciego ve/ secretamente/ lo que nadie mira. // Llamas a la puerta. / Salgo a recibirte. / Yo no estoy".
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