CON OJOS DE LECTOR
Un Cuba Libre, con perdón
El unipersonal 'Rum & Coke', de la actriz cubanoamericana Carmen Peláez, es un tapiz de relatos y anécdotas por el que desfila media docena de personajes.
Diez años después de su estreno, Rum & Coke se ha presentado durante dos fines de semana ante el público de Union City. Arian Blanco, director ejecutivo de The Hudson Exploited Theater Company, vio el espectáculo en el Fringe Festival de Nueva York, y ha comentado que de inmediato reconoció que se trataba de ese tipo de historia universal que lo ayuda a uno a reflexionar sobre su propia herencia. Su recomendación hizo que el grupo decidiera invitar a Carmen Peláez a escenificarlo en el tercer piso de The Park Theater's 32nd Street Playhouse. El espectáculo, por cierto, muy apropiado en un lugar como el Condado de Hudson, que como bien expresa Blanco es "una comunidad que continúa reexaminando y explorando su propia herencia".
Pese a que, en efecto, aborda un asunto de alcance universal, Rum& Coke es uno de esos productos que lleva la marca inequívoca de "Hecho en Miami". Pero curiosamente, se empezó a gestar y cobró forma en Nueva York, algunos de cuyos rascacielos y edificios se ven desde Union City. Su autora e intérprete, la cubanoamericana Carmen Peláez, aunque nació y creció en Miami decidió trasladarse a aquella ciudad con el objetivo de estudiar en la prestigiosa Academy for the Dramatic Arts. Poco antes de graduarse ya había empezado a escribir el texto de la obra, y lo pudo concluir gracias a que recibió una ayuda económica de la New York Foundation of the Arts. Estrenó su trabajo unipersonal en el circuito off-off-Broadway en 1996.
Rum& Coke interesó al grupo Area Stage, que invitó a la actriz a presentarlo en su espacio en Miami Beach. La acogida de la crítica y el público fue sumamente entusiasta, lo cual permitió que se mantuviera en cartelera del 5 de diciembre de 1997 al 8 de marzo de 1998. Peláez ha llevado después su trabajo a escenarios de Los Ángeles, Chicago y Massachussets. Asimismo volvió a ofrecerlo en Miami, para abrir la temporada 2003-2004 del Coconut Grove Playhouse.
En Rum& Coke, Carmen Peláez cuenta el viaje personal que le permitió descubrirse a sí misma. Lo recrea a través de Camila, una joven cubanoamericana de Miami que aspira a convertirse en modelo. Tiene un pronunciado problema de peso, mas no lo ve como un obstáculo: según ella, lo que el mundo de la moda necesita es una hispana regordeta que aporte un poquito de "mambo chunk in the funk". Por otro lado, está también su interés en perder la virginidad. Pero su principal preocupación tiene que ver con su identidad y con la búsqueda de sus raíces. En primer lugar, reconoce que ha llevado dos existencias: la real y que ella sabe que es y la que sus familiares constantemente le dicen hubiera tenido si Castro no hubiese llegado al poder y ellos no hubieran tenido que salir de Cuba.
En esa búsqueda para saber quién es, Camila se relaciona con varias mujeres que, de un modo u otro, también se interrogan sobre su identidad. Una de ellas es Juana, su compañera de cuarto, quien se define a sí misma en función de los hombres a quienes atrae. Otra es Alicia, su abuela, quien se empecina en realizar protestas contra el régimen castrista, que incluyen vigilias y huelgas de hambre que, eso sí, lleva a cabo divididas en turnos. Acerca de esto último, argumenta: "I'm here to protest starving in Cuba, not to show how it's done". Y está Iluminada, quien practica la santería los martes y jueves y trabaja como manicura los restantes días de la semana. A ella acude Camila para que le lea las cartas, y al confesarle su dilema recibe de Iluminada este comentario: "It doesn't matter where the egg was laid, as long as the chicken is Cuban".
A Iluminada también debe Camila el impulso final que necesitaba para decidirse a viajar por primera vez a Cuba. Cuando toma el avión va muy nerviosa, convencida como está de que tan pronto ponga un pie en la tierra de sus padres la policía inventará algún pretexto para arrestarla, cosa que por supuesto no ocurre. En La Habana encuentra a su tía Ninita, quien arroja luz sobre su identidad al relacionarla con sus ancestros. En particular, le hace descubrir a Amelia, una famosa pintora cuyos cuadros decoran la casona.
Actuación, pero no histrionismo
En Cuba, Camila conoce además a dos mujeres que, pese a la diferencia de edad, comparten el anhelo de poder materializar lo que consideran el sueño de su vida. Una es Nikita, una joven de diecisiete años que quiere ser bailarina, pero a quien su madre convence de que se trata de un sueño difícilmente realizable: "If you are darker than a paper bag, you don't ever get to open a curtain at the Teatro Nacional". Acepta cambiar por eso las zapatillas de ballet por los zapatos de tacones, para dedicarse a mejorar la economía familiar, mediante los dólares que consigue alegrándoles un poco la vida a los turistas extranjeros. Pero que nadie se llame a engaño: en su caso no debe hablarse de prostitución, sino de pragmatismo.
Camila hace el obligado tour a Tropicana, donde se emociona hasta las lágrimas con unas canciones que, para sorpresa suya, los turistas extranjeros escuchan indiferentes e impasibles. En el baño conversa con Nena, cuyo trabajo consiste en evitar que los clientes usen desmedidamente el rollo de papel sanitario. Años atrás había sido cantante en aquel mismo cabaret, pero cayó en desgracia cuando su esposo, pianista de la orquesta, escapó hacia Estados Unidos en una lancha. Ella prefirió no acompañarlo, pues confiesa que sólo puede ser feliz en aquel lugar, donde al menos puede alentar la esperanza de volver a cantar en el escenario de Tropicana, cuando la situación del país finalmente cambie. Y además, razona Nena, "if Miami is so good, how come all the Cubans are trying to get back here?".
Carmen Peláez posee una magnífica preparación técnica, así como talento natural como comediante. Gracias a esas cualidades, hace desfilar por el escenario la media docena de personajes de este tapiz de relatos y anécdotas que es Rum& Coke. La transición de uno a otro está hecha además con elementos actorales sencillos pero muy eficaces. Todo lo comunica valiéndose de sus recursos expresivos, tanto verbales como no verbales. Asimismo los utiliza con un adecuado control y, sobre todo, sin concesiones a un histrionismo que hubiese restado relieve al texto.
Coherente con ello, el montaje que dirigió Carl Andres emplea un vestuario único (en realidad, no cabe hablar de vestuario en el sentido tradicional), la escenografía se reduce a una silla y, por lo menos en la representación a la cual yo asistí, la iluminación no pudo ser más simple. Como elementos adicionales, están la banda sonora (música y algunos efectos) y una pequeña pantalla al fondo, sobre la cual se van proyectando fotos e imágenes relacionadas con lo que va aconteciendo en el espectáculo. Teatro, pues, en su estado más puro, despojado de todos los aditamentos que quiten el protagonismo a quien de veras le corresponde: la actriz.
Rum& Coke tiene además el acierto de administrar los ingredientes en la medida exacta. Durante los primeros diez o quince minutos, descansa en el carácter humorístico de las situaciones y los diálogos. La comicidad, ya se sabe, constituye un recurso que siempre facilita la tarea, pero también lleva aparejado el peligro de la trivialidad. De ahí que, con un inteligente criterio de actriz y director, luego la risa se atenúa para dar paso a reflexiones y aristas más serias. De igual modo, cuando una escena corre el riesgo de derivar hacia un tono de excesivo dramatismo, un oportuno cambio de registro actúa como válvula que permite al espectador relajarse. En Rum& Coke tampoco faltan los ingredientes costumbristas, aunque de nuevo hay que elogiar la adecuada dosis con que se les emplea.
Peláez tampoco carga las tintas en su visión de la realidad actual de Cuba, y uno agradece que no dé cabida a las consabidas y burdas diatribas anticastristas. En todo caso, el júbilo que manifiesta Camila al encontrar sus raíces, no le impide reconocer con tristeza el deterioro físico y ético al que ha llegado el país donde nacieron sus padres. Sin embargo, prefiere apostar por un futuro moderadamente optimista. Por eso, las palabras con las cuales concluye su viaje personal son: "Beauty survives".
Probablemente, esta sabia manera de combinar los ingredientes en las dosis justas Carmen Peláez debe haberla aprendido y asimilado en cierta medida del cuidado y el esmero con que los barmen de los cabarés y restaurantes de Miami ponen al hacer los cócteles cubanos. Es así, por ejemplo, como deben mezclarse el ron y la Coca-Cola para preparar el Cuba Libre, ese trago cuyo nombre resume, como ningún otro, la patria futura con la cual varios millones de cubanos sueñan.
© cubaencuentro
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