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CON OJOS DE LECTOR

Un rebelde silencioso e invisible (II)

En sus obras, Félix González-Torres logró conciliar las preocupaciones sociales y políticas con una gran carga poética y metafórica.

Otras de las más famosas instalaciones de González-Torres estaban armadas a partir de una gran cantidad de bombillas de 15 y 25 watts, que colgaban de las paredes o del techo, desde donde caían como una especie de cortina. Una vez que se fundían, esas bombillas eran reemplazadas por otras, de acuerdo a la concepción del artista sobre la renovación y la pérdida. A esa serie pertenecen Untitled (Lost Light), Untitled (Light Strings), Untitled (March 5th), Untitled (U.S.A. Today) y Untitled (America), esta última creada tras la muerte de Ross. Eso hizo que algunos la interpretaran como una obra que hablaba de la luminosa fuerza de la vida, tanto la de los seres humanos sobrevivientes como la de los ya fallecidos. Es una buena lectura, mas no la única que puede realizarse, pues para González-Torres el carácter participativo del público era un aspecto esencial, y por eso dejaba abiertos sus trabajos a múltiples lecturas. De ese modo, devolvía al espectador la responsabilidad de construir el significado.

Este empleo de materiales y objetos como caramelos, bombillas y pliegos de papel, que son parte de nuestra vida cotidiana, representa uno de los fundamentos de la estética de González-Torres. Tras su engañosa simplicidad, instalaciones como las citadas encubren una enorme riqueza conceptual y emotiva, al tiempo que son formalmente muy hermosas. Por ejemplo, en Untitled (Public Opinion), los caramelos integraban una escultura siniestra y agresiva, y a través de su forma puntiaguda, parecida a la de un misil, aludían al clima conservador y militarista del gobierno del primer Bush, durante el cual tuvo lugar la Guerra del Golfo Pérsico.

En Untitled (Lover Boy), las hojas que iban mermando a medida que se las llevaban, remitían a las personas fallecidas a causa del SIDA (recuérdese que de esa enfermedad murieron el propio González-Torres y su amante). Esa capacidad de hacer que obras tan sencillas y tan fácilmente reproducibles provocaran asociaciones y metáforas, llevó a Ferry R. Myers a expresar que "González-Torres bien puede que sea un maestro por su facultad de humanizar incluso las cosas que poseen las formas más estandarizadas y manufacturadas, transformando todo lo que toca en algo que tiene significado para nuestras vidas, sin disminuir su impacto como obra de arte".

Las fronteras entre lo privado y lo público fue otro de los temas que González-Torres exploró. Su obra más divulgada en este sentido lo es probablemente la fotografía de su cama, que creó para conmemorar el vigésimo aniversario de la rebelión de Stonewall. En la imagen se ven dos almohadas y los huecos dejados por quienes hasta hace poco dormían sobre ellas. La foto fue ampliada al tamaño de una valla de carretera y se ubicó simultáneamente en veinticuatro sitios de Nueva York.

Al exponer en las calles algo tan íntimo como lo era el lecho que compartió durante varios años con Ross, González-Torres ponía en tela de juicio las distinciones convencionales de espacios privados y espacios públicos. A la vez, agregaba una nueva pieza a la narrativa de su propia vida, algo que él convirtió en uno de los rasgos distintivos de su trabajo. Por otro lado, el hecho de ubicar copias de la fotografía en diferentes puntos de la ciudad respondía a su noción abierta de los significados, que cambian, según su concepción, de acuerdo al espectador y al contexto donde la obra se halla. Así, para un homeless esa cama provocará asociaciones muy distintas a las que estimularía en un ejecutivo que acaba de levantarse y se dirige a su oficina.

González-Torres también empleó el espacio exterior para "exponer" otra pieza suya con formato de cartel, Untitled (It's just a matter of time). Se trata de una valla en la cual, sobre un fondo negro, aparece esta última frase escrita con unas letras góticas blancas. Se presentó por primera vez en Hamburgo en 1992. Y al igual que ocurre con sus otros trabajos, adquiere diferentes lecturas, de acuerdo al contexto. Como hizo con la foto de la cama, el artista exigía que se instalara, como mínimo, en seis sitios al aire libre de una ciudad. Después de Hamburgo, Untitled (It's a matter of time) se pudo ver en Atenas, Berlín, Bogotá, Dublín, Cambridge, Londres, Nueva Delhi, Nueva York, Río de Janeiro, Varsovia, Zurich, Tokio, São Paolo y Milán, y en cada lugar la frase "Es sólo cuestión de tiempo" estaba escrita en el idioma oficial del país.

Influencia de otras manifestaciones artísticas

La obra de González-Torres se inscribe dentro de la corriente de reinterpretación del arte conceptual de los sesenta y los setenta, a la que pertenecen otros creadores norteamericanos contemporáneos suyos. Eso explica por qué sus trabajos poseen un vuelo poético y una intensidad emotiva que no hallamos en los conceptualistas de aquellas décadas. Asimismo están cargados de una fuerza transgresora que obliga a cuestionar las estructuras sociales y culturales tradicionalmente establecidas. En ellos además aparecen como motivos temáticos constantes aspectos relacionados con sexualidad, raza, clase y género.

Aparte de haberse nutrido y combinar los estímulos del conceptualismo, el minimalismo y el activismo político, González-Torres declaró la importante influencia que recibió de manifestaciones ajenas a las artes visuales. En la entrevista con Tim Rollins, comentó que si no hubiese leído a Walter Benjamín, Franz Fanon, Louis Althusser, Roland Barthes, Michel Foucault, Jorge Luis Borges y Armand Mattelart, entre otros, posiblemente no habría sido capaz de crear algunas de sus obras ni arribado a ciertas concepciones estéticas. Los ensayos de esos autores, agrega, le dieron libertad para ver y lo ayudaron a comprender el modo en que la realidad es construida. Confiesa también lo mucho que lo motivaron las películas de Jean Luc Godard y De cierta manera, de Sara Gómez, de la cual anotó que es "una visión feminista de la revolución cubana, de la santería y de otros asuntos". Señala, por último, lo fundamental que para él fue el descubrimiento de Bertolt Brecht, de quien aprendió a mantener una distancia que permitiese al espectador pensar y reflexionar.

Y aunque su trabajo está permeado por la sensibilidad de un hombre que asumió de manera abierta su opción sexual, González-Torres renegó de los estereotipos gays impuestos por artistas de etapas precedentes (Andy Warhol, Jasper Johns, Robert Rauschenber) y de las limitaciones de lo que, para algunos, constituía el objeto de deseo de los homosexuales. En lugar de ello, optó por la estrategia de subvertir las formas recibidas del minimalismo y el conceptualismo, y a través de ese vehículo infiltrarse en el mainstream con una propuesta que se dirigía por igual a audiencias homosexuales y heterosexuales. A diferencia de Robert Mapplethorpe, sus obras no pusieron en alerta roja a los guardianes de la moral y las buenas costumbres, pues su activismo gay en lugar de ser didáctico, es oblicuo, poético, sutil, hermoso.

Al respecto, González-Torres expresó que no quería ser más el enemigo, pues éste es demasiado fácil de atacar. Y apoyándose en el ejemplo de una obra suya de claro contenido homosexual, Untitled (Perfect Lovers), en la que dos relojes de pared idénticos aparecen unidos, apunta: "Lo que yo quiero hacer a veces con algunas de estas piezas sobre el deseo homoerótico es ser más inclusivo. Quiero que cada vez que vean un reloj o una pila de papeles o una cortina, piensen en ello dos veces. Quiero que sean como el protagonista de Repulsión de Polanski, para quien todo se convertía en un reto a su virginidad. Todo tiene una misión sexual: las paredes, el pavimento, todo".

Me ha parecido conveniente concluir con una cita más de Félix González-Torres. Es su respuesta a la pregunta de por qué se dedicaba a crear obras de arte. Esto fue lo que contestó: "En cierto modo, al crear mis obras estoy tratando de negociar mi lugar dentro de esta cultura patriarcal. ¿Qué se supone que haga? ¿Cómo se supone que me sienta? ¿Con quién se supone que me identifique? Y finalmente, sobre todo creo obras para dejar una marca de que he existido: Estuve aquí. Estuve furioso. Fui vencido. Fui feliz. Fui triste. Me enamoré. Tuve miedo. Tuve esperanzas. Tuve una idea y tuve un buen propósito, y ésa es la razón por la cual hice obras de arte".

© cubaencuentro

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