LA COLUMNA DE RAMON
Carta a Batman
En Cuba se están acabando tus primos los murciélagos, y todo por el sofrito.
Nocturnal, osadio y recurrente Batman:
Una noticia grave despierta en mí esos instintos inferiores que aplastan el patriotismo. La ecología me sobrepasa. La patria, lo que se dice patria, es cuartería y potrero por donde marchan, dando voces, hordas de truhanes aplastando hierbajos y bichitos que son, en realidad, la única esencia que nos queda, junto con la esencia de fresa. La patria es, como lo estás adivinando, esa guachipupa llamada con cariño "líquido de freno".
Sé que me acusarán por anti patriota. No importa. Toda mi vida he sido antihéroe y anti higiénico; anti fascista y antípodo; antigubernamental y antillano. Por eso te convoca mi boca, te llamo al llano, te reclamo una mano: en Cuba se están acabando tus primos los murciélagos.
Y todo por el sofrito, no te digo yo. Hay dos cosas fundamentales para que un país se haga país y hasta crezca, según mi abuela Brígida Severiana María Clorinda: la levadura y el sofrito. A un país le comienza a escasear la levadura y está frito.
Había una cueva cerca de Matanzas. La cueva se salvó de la campaña antimajases que hizo una vez Felipe Blanco. Allí vivían, felices y en letargo, al abrigo de las protuberancias cavernosas, millones de murciélagos. Y que digo millones, miles de congéneres que congeniaban. Hasta podría decirse, como el maestro: "tiene en letargo su abrigo…". Esos cientos de rumiantes dormían tranquilos colgados del techo, con la tranquilidad de los jamones.
Nadie osaba bin laden interrumpir sus dulces sueños a pesar de que por encima de sus posaderas —iba a decir de sus cabezas, pero el murciélago duerme al revés en victoria— le pasaban carretas y carretones —tracción animal—, marchas y contra marchas —tradición animal—, oleadas de milicianos, miríadas de reclutas, marejadas de marineros en tierra, el Ejército Juvenil del Trabajo que antes fuera la Columna Juvenil del Centenario —el centenario está a punto de cumplir ochenta pero anuncia que seguirá esforzándose—, Hinos, Camberras, Leylands, camiones Ziles —un camionero es una especie rara de terrorista que se refiere a su medio de transporte como "Mi zil"—, bicitaxis, visitantes, visigodos. La tierra tiembla, la roca suda, el guano se convierte en guaniquiqui. Y el murciélago firme ahí, haciéndose el mamífero.
Mas, de pronto, sorpresivamente, de forma inesperada y artera, comenzó a invadir aquella mansa furnia el olor retozón y picante del sofrito, como lava hiriente, residuo del agua con que se lavan los cacharros y calderas de una cercana industria local. El murciélago, que ve un poco menos que Ray Charles, pero se las huele todas, alzó la astada cabecita y se dijo: "Aquí hay gasto encerrado". Y empezó a cavilar cuál era la mejor manera de extinguirse por carambola de tres bandas. El más inteligente de la manada hizo rápidos cálculos renales —el murciélago pertenece, de manera lejana, a la familia de los renos— y vio lo que le esperaba con esta fórmula matemática: sofrito=cucaracha=tumulto=relajo vigueta=desaparición de alimentos, que, quitándole el sofrito, es idéntica a la fórmula del socialismo.
Y así fue. Los murciélagos decidieron que el clima político iba poniéndose cada vez más en su contra y decidieron lanzar su lema: emigrar o morir. Como el ratón con alas no tiene lo que se dice mucha habilidad en la fabricación de Objetos Flotantes No Identificados, botes de remo, balsas, yates de recreo o artilugios de cabotaje, se decidieron por lo segundo, y se armó el goteo. El murciélago daba al techo, pero comenzando desde el piso. Y las cucarachas se dieron banquete para satisfacción de los mosquitos, que es un enemigo natural del murciélago, o viceversa.
Si la Isla fuera un lugar de esos donde la lógica —aunque sea masónica— fuera el instrumento fundamental del pensamiento y yo fuera un poco mal pensado, sospecharía que lo de la fábrica de sofrito fue el primer paso de una gran compañía de fabricación de repelentes que buscaba acabar con el depredador para incrementar la colonia de aedes para vender luego su producto. Pero no llego a eso, ni es la lógica un sistema de razonamiento en una isla donde lo fundamental es el racionamiento. Racionar sin racional. La solidaridad espontánea y viril de la cucaracha ha ayudado a que sus parientes se propaguen, fortalezcan y campeen por sus respetos. Un zumbido que vibra en la montaña, y se aleja del mangle para invadir valles y montañas en su campaña de inoculación.
Por eso te necesitamos. Porque eres el único murciélago capaz de aplastar toneladas de cucarachas sin que la sangre llegue al río, y averiguar, de paso, qué ha pasado por fin con el puñetero sofrito, que también decidió evaporarse. No me importa siquiera que me digan, con lógica meteorológica, que eres un personaje ficticio creado por Bill Finger y Bob Kane. Si con los fingers recogí la dulce kane de mi tierra, mandando la lógica para Mazorrica. Vuela hasta la Isla, que tu reto son millones de crustáceos o quirópteros o equiláteros con seis patas, color borra vieja y antenitas que posiblemente reediten la gloriosa invasión de Oriente a Occidente. Y esas no creen en la trocha de Júcaro-Morón.
La gente te verá cruzar con tu batimóvil el cielo insular, con grandes esperanzas, atronante, glorioso, iluminando los cirros. No imaginas cómo esperan tu luz. Sentirás los vítores cuando tu capa se despliegue, y, aunque el gobierno de seguro pretenderá caparte, tu escaparás tras cumplir la misión. Entonces, junto al sabroso olor a jugo de cucaracha apachurrada, se levantará el aroma de tu osadía, una mezcla de feromonas de roedor con ají molido, porque no habrá quien te quite el tufo a sofrito. El cielo será tuyo, y se vestirá de fiesta con su mejor color. Mucha gente confundirá tu estela con Estela Raval. Otros pensarán que el Estado está repartiendo, después de 48 años, Bacardí por la libre.
Iba a darte aquí la receta del sofrito, pero no vale la pena. El sofrito se usaba en tiempos remotos para condimentar ciertos alimentos que no entran precisamente en la dieta del murciélago. Creo recordar que llevaba tomate, ajises, sales biliares y de las otras, ajo y cebolla, materiales reconocibles y autóctonos que uno recogía de cualquier maceta o cantero. No sé qué sucedió. Se evaporaron los alados ratones de tu familia y desaparecieron con ellos aquellas latas rotundas y de amoroso acabado que contenían el sofrito. Tú, da la batalla, regresa a tus hermanos a la cueva matancera aunque tengas que armar una matanza, y de paso, sugiere nuevos diseños para las etiquetas del puñetero mejunje culinario, que posiblemente también espantarán a los murciélagos.
Yo espero. Tengo paciencia. Sé que con tu intervención foránea regresarán aquellos dulces bichos peludos que vi colgados en mi infancia cabeza abajo, madurando a la sombra de un ala, cuando los cuentos eran en flor crombet. Murcielaguiza el islote, por tu madre, y al terminar tu faena, llevando en tus viriles manos dos rabos y dos orejas, lanza tu audaz grito de guerra. De Oriente a Occidente el pueblo vibrará al escucharte gritar: ¡Tamanguaaaariiii!
Lo malo es que desaparezcan las cucarachas y Cuba sea un lugar donde la población de murciélagos no deje vivir al resto de especimenes humanos que esperan también cabeza abajo mejores tiempos. Y que jamás, nunca jamás, se vuelva a oler en las cocinas el olor dulzón del sofrito.
Muy nocturnal e insectívoro,
Ramón
© cubaencuentro
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