Reportaje

El periódico de la cárcel

Autoagresiones, homicidios y desesperanza: Historias del inframundo carcelario cubano.

Manuel Fiallo "se cortó las venas" en reclamo de asistencia médica. "La policía de la prisión lo metió herido en la celda de castigo y lo esposó a la reja (…) lo dejaron morir desangrado (…) Reclusos testigos en celdas cercanas testimoniaron que los gritos de Fiallo llamando a los guardias eran desgarradores. No lo auxiliaron, lo recogieron muerto. ¿Quién paga esto?".

Así denuncia El Vigía, 'periódico' clandestino publicado por los presos de la cárcel habanera "1580", lo que según ellos sucede —puertas adentro— en varias penitenciarías de la Isla.

Estamos ante un folleto rústico, breve y dibujado a mano, pero estremecedor. El número de septiembre de 2005, al que tuvo acceso Encuentro en la Red, da cuenta de una realidad particularmente cruda: el inframundo de las cárceles cubanas, las autoagresiones de los reclusos y el trato que reciben los internos por parte de las autoridades.

A Boris Luis Péres Caldero "le sacaron un ojo" durante una golpiza. "El guardia llamado Preval, de un bastonaso (sic) le sacó el ojo. Esta golpiza la ordenó el actual jefe de la Delegación [del Ministerio del Interior] de Ciego de Ávila, coronel Miguel Daniel. Este caso ha quedado impune", añade El Vigía en referencia a hechos ocurridos en la prisión avileña de Canaleta. Dice además que "Boris Luis sigue en la celda, sin ojo, y con tuberculosis".

Las quejas sobre hechos de este tipo no dejan de circular en Cuba, a pesar del silencio oficial acerca de la vida carcelaria.

"Claro que sí, conocemos de esto. Es rara la semana que no llega una denuncia sobre estos casos", confirma el líder disidente Elizardo Sánchez Santacruz, que preside la ilegal Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN).

Datos ofrecidos por esta organización cifran la población penal entre 80.000 y 100.000 reclusos, en alrededor de 250 prisiones y campos para prisioneros.

"En Cuba, el 0,9% de la población está en la cárcel. Esa es una explicación de por qué hay tantas irregularidades. Eso, unido a que el gobierno no respeta las normas mínimas de la ONU para el trato a presos y detenidos que se encuentran en prisiones o en otros centros de detención —como estaciones de policía, centros de investigaciones—, donde reina la más absoluta falta de garantías jurídicas hacia la persona", alega el activista.

El delito de enfermarse

El Vigía es pródigo en ejemplos. Dice que "enfermarse es un delito", por lo que algunos reclusos se autogreden en protesta ante la violación del derecho a la asistencia médica. Estos extremos son confirmados por ex presos políticos como Raúl Rivero y Oscar Espinosa Chepe, integrantes del grupo de los 75, detenidos en la primavera de 2003 y encarcelados junto a presos comunes.

"En la cárcel de Kilo 8, en Camagüey, Alexander Amat Companioni se cortó la mano derecha con un bisturí y se la tiró a un guardia en el pecho", afirma Rivero, exiliado hoy en España tras haber recibido una licencia extrapenal en noviembre de 2004.

Varios de los casos que el poeta y periodista conoció los incluirá en un futuro libro.

"Aquello era terrible", admite. "Cuando se habla de que los presos se inyectan, olvídense de jeringuillas y esas cosas. Se inyectan en el tobillo con un repuesto de bolígrafo vacío, y por la otra parte meten excremento y orina para que vaya bajando".

El Vigía de la prisión 1580 da fe de lo anterior: "si se enferman, le hacen el caso del perro; por eso se cortan las venas, los tendones de los pies (…), se inyectan escremento (sic) en las heridas para que le imputen (sic) las dos piernas, los dos brazos…".

Raúl Rivero recuerda a Alberto El Mocho, a quien le amputaron los dos brazos por encima del codo, luego de una autoagresión. La publicación carcelaria recrea un dibujo en el que aparece este recluso.

"Aunque el gobierno no lo publica, hay un alto índice de suicidio en las cárceles", apunta Oscar Espinosa Chepe, que estuvo casi dos años preso por la causa de los 75. El economista disidente achaca la "desesperación" de los presos a la "terrible situación" (hacinamiento, mala alimentación, condiciones sanitarias desastrosas).

Espinosa Chepe compartió prisión con "personas que se extrajeron los ojos en su desesperación para ver si podían lograr la licencia extrapenal; otros que se inyectaban petróleo o materia fecal para intoxicarse".

Por ejemplo, en Boniatico, observó a reclusos que "habitualmente" se introducían en el estómago lapiceros, tenedores, cucharas, con el objetivo de ser conducidos al hospital y mejorar "un poco" la alimentación.

"Algunos lo repiten, y han hecho de esto un modo de sobrevivir en las cárceles", afirma Chepe.

Pan de cada día

De acuerdo con la CCDHRN, la prisión en la que se producen más actos violentos es la del Combinado del Este, en La Habana, por la naturaleza de su tamaño; además de Kilo 8, en Camagüey, que es una cárcel especial, "donde las autoagresiones y automutilaciones son el pan de cada día".

Un informe clandestino, procedente de la cárcel de Boniato (Santiago de Cuba) y distribuido en el exterior por organizaciones de exiliados, da cuenta de al menos seis muertes entre 2005 y abril de 2006 y decenas de autoagresiones.

Señala principalmente los fallecimientos de Francisco Acosta Echevarría y Carlos Sablón Ramírez "por falta de asistencia médica", y los "asesinatos" de Vladimir Príncipe Guillot y Alexander Pérez, entre otros. Sin contar con que Alexander de Quezada lleva el doloroso récord de "80 heridas" en su cuerpo.

"Esto es realmente inédito en la historia de Cuba", reconoce Elizardo Sánchez Santacruz.

La Habana, por su parte, niega las acusaciones de abusos y de malas condiciones. En abril de 2004, el gobierno organizó una visita de periodistas extranjeros al Combinado del Este, la primera autorizada en 18 años. Un reducido grupo de reclusos intercambió con la prensa. Uno de ellos afirmó: "esto más que una prisión es una escuela", reportó entonces la BBC. A pesar de la insistencia de la prensa extranjera, no se les permitió ver a los presos políticos.

Fuera del 'gesto selectivo' de hace dos años, La Habana no permite inspecciones de organismos internacionales. Tampoco monitoreos independientes en el sistema carcelario.

Un llamado desesperado

En el informe Hipertrofia carcelaria en Cuba, de mayo de 2004, la CCDHRN concluye que "la única manera de saber de qué lado está la verdad es que el gobierno permita el acceso a nuestro país de la Cruz Roja Internacional, de expertos de la ONU (…) para que visiten las prisiones y se entrevisten libremente a los prisioneros…".

Amnistía Internacional (AI) ha recibido informaciones sobre la situación médica de algunos presos de conciencia, aunque su obtención y procesamiento no es nada sencillo.

"AI no tiene acceso a Cuba y, por tanto, tampoco a las cárceles. Es muy difícil ver información de primera mano sobre la situación de las cárceles", dice desde Londres a Encuentro en la Red la portavoz de la organización, Josefina Salomón.

Dicha funcionaria confirma que "algunas personas se han quejado a los equipos de investigación por la falta de una atención médica debida, o de que la atención era variable por períodos".

Sin embargo, la mayoría de los casos con rostro, nombres y apellidos no trasciende las fronteras de la Isla. Uno de ellos es Alexis Crespo Santos. "Le han amputado los diez dedos de las manos y tiene quemaduras y perforaciones en el abdomen y el intestino". Así lo recoge el informe enviado desde la cárcel de Boniato, que también se refiere a Sindo Herrera Ruiz, a quien "mantuvieron colgado y esposado a las rejas durante once horas, golpeado con tonfas mientras permanecía en esa posición de tortura…".

Un castigo parecido a este, pero en vez de la reja es utilizada una silla, es conocido en el lenguaje carcelario cubano como "La silla del dolor". Lo revela El Vigía, con dibujos y detalles: "Te desnudan, te esposan de pies y manos, te dan golpes, te tiran cubos de agua (…) dos o tres días…".

Los redactores del periódico escriben y denuncian que "esta es una de las armas de reeducación" del gobierno más respetuoso de los derechos humanos en el mundo.

© cubaencuentro

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