Sociedad

Mirándose de espaldas

El alcoholismo pone contra las cuerdas a las autoridades: Pese a la carestía de la oferta, crece el consumo y la adicción.

Ante el avance del alcoholismo en Cuba, las autoridades han salido en busca de ayuda. De la que sea.

En el horizonte aparece Alcohólicos Anónimos (AA), una de las poco más de noventa organizaciones todavía no reconocidas por el gobierno y que sobreviven en la cuerda floja del limbo legal.

"No estamos registrados, aunque solemos tener algún tipo de colaboración con el Estado. Todavía eso demorará. Hay países en que tal proceso ha tardado veinticinco o treinta años", reconoció un activista de AA que no pierde las esperanzas de la legalización.

Preocupación en las altas esferas

En una reciente reunión con expertos en alcoholismo y otras adicciones, un funcionario del Departamento Ideológico del Comité Central del Partido Comunista pidió a los presentes consideraciones acerca de AA.

"Quiso saber nuestra opinión al respecto y el por qué son tan exitosos a la hora de reclutar a los enfermos", explicó uno de los médicos presentes en el encuentro.

Al parecer, el partido comunista busca conformar una visión más profesional y menos política sobre el grupo y tender puentes de colaboración. A estas alturas, se ha percatado de la necesidad de las alianzas para combatir males sociales.

"No dio ningún teque. Estaba muy interesado en saber en qué condiciones hacemos nuestro trabajo y le explicamos que en pésimas condiciones", refirió otro de los participantes en la reunión.

Aunque están disponibles medicamentos para controlar el síndrome de abstinencia o período de insidia —algunos superan los ochenta dólares—, la mayoría de los locales para tratar a los pacientes son cubículos ruinosos.

"Tampoco está a la mano la folletería ni la literatura que se reparte en AA, como tampoco tenemos recursos para reuniones familiares. ¿Quién tiene dinero para comprar refrescos o dulces? ¿Lo tengo que pagar de mi bolsillo?", se preguntó un especialista.

Luego de años de reticencia, las autoridades se han visto obligadas a reconocer el alcoholismo como un problema de salud en la Isla.

Actualmente revisan los contenidos del programa nacional contra la enfermedad para modernizarlos y atemperarlos a las condiciones actuales del país. Cada policlínica deberá disponer de un centro contra las adicciones, que incluye todo tipo de drogas.

El bando de los realistas

Un informe del Ministerio de Salud Pública, que data de 1996, admitía que "aunque el consumo siempre fue aceptado por la mayoría de la población, la enfermedad alcohólica y los problemas asociados con ella comienzan a incrementarse a partir de los años 70, tendencia que ha continuado aumentando en la última década".

De acuerdo con estudios realizados, más de la mitad de la población cubana consume bebidas alcohólicas, pese a la carestía de la oferta.

La peor botella de ron se vende por treinta pesos. La más cara, en convertibles, toca los doce, es decir, trescientos pesos, cincuenta más por encima del salario mensual promedio.

El índice oficial de alcoholismo se cifra en un 5% de la población total de Cuba, pero hay municipios —como Diez de Octubre, en el sureste de la capital— donde ese indicador toca casi el 20%, cuando el máximo mundial es de 24.

Un estudio realizado en el municipio de Centro Habana confirmó que el consumo de bebidas espirituosas es anterior a los quince años, y que la frecuencia de adolescentes con conducta anormal ante el alcohol es mayor que la de los que tienen conductas normales.

Una master en adicciones considera que el bando de los realistas se está imponiendo poco a poco en el Partido. El problema va tomando dimensiones dramáticas.

"Creo que hay un nuevo estilo de acercarse a estos problemas que antes no se veía. Tal vez es un efecto Raúl", aventura.

Cobijados por las iglesias

AA irrumpió a principios de los noventa, cuando la crisis económica alcanzaba su apogeo y los adictos hasta morían por ingerir cualquier brebaje obtenido en alambiques clandestinos.

Abrió su primera filial en La Habana hasta expandirse a ocho de las catorce provincias cubanas con la misma celeridad que el mal que intenta combatir.

Actualmente funcionan unos doscientos grupos repartidos en las provincias de Pinar del Río, Cienfuegos, Villa Clara, Sancti Spíritus, Holguín, Granma, Las Tunas, Santiago de Cuba y La Habana, donde funciona el mayor número.

Se calcula que más 3.000 personas acuden a las sesiones que corren de lunes a viernes, con una abierta los domingos para enfermos y familiares.

El Estado, siempre receloso de las iniciativas privadas, puso bajo sospecha a los grupos de AA y prefirió darle la espalda. Aprovechando el vacío, las iglesias cubanas —católica y cristianas— acogieron los grupos que germinaron como hongos y ofrecieron una dosis de legitimación.

"El movimiento AA llegó hace 13 años a la ciudad de Santa Clara, donde existen más de diez grupos. La agrupación Uniendo Orillas es la única que funciona en un local estatal, los demás han tenido que buscar refugio para sus actividades en las iglesias", afirma un reporte que puede leerse en internet.

En la oficina de servicios generales de AA en La Habana hay una computadora, pero no correo electrónico. Un portal del movimiento cubano en internet es obra de un grupo de Ontario, Canadá. "En la esperanza de ayudar a la causa del AA en Cuba", se advierte en inglés.

La fraternidad de AA es una telaraña con unos 95.000 grupos que operan en más de 160 países. En uno de ellos, Cuba, la membresía tiende a crecer.

Se toman de las manos y corean: "yo soy responsable. Ánimo". Atronadores, los aplausos cierran la reunión y algunos se abrazan, enardecidos. Luego un platillo y refrescos o jugos.

Bien podría parecer una secta milenarista, pero nada más lejos. Así termina una sesión de grupo de AA en una dependencia religiosa habanera.

"Doy gracias a Dios por estar aquí", dice una de las asistentes.

Su hombro asoma un crucifijo tatuado, su tez es macilenta. Ha dejado de beber desde el Día de Reyes. Ella quiere otra epifanía para su vida.

© cubaencuentro

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