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Actualizado: 01/07/2022 16:17

Información, Comunicación, Periódicos

La «Batalla Comunicacional» (I)

El pueblo cubano ha vivido seis décadas en un estado de Doble Vinculación comunicacional

En fecha reciente un articulo del Órgano Oficial del Partido Comunista de Cuba hacía referencia a lo que llaman la “batalla comunicacional”. Es un tema recurrente en los medios oficiales. Ha habido reuniones de periodistas, de dirigentes, congresos y seminarios. Como si se tratara de derrotar un enemigo visible y frágil, los ideólogos del Partido confían en que es posible —imprescindible— ganar esta “lucha”. Escribe el articulista que la llamada batalla final, apocalíptica, se dará en terrenos como la enseñanza, la cultura y los medios de comunicación, o sea, a nivel de la superestructura. Sin duda, es un conocedor de Gramsci[i].

El articulista afirma que el objetivo final de toda comunicación es el receptor, es decir, las personas a las cuales va dirigido el mensaje. Y desliza cierta frustración cuando jóvenes y sus propios estudiantes no se apropian lo suficiente de los contenidos ideológicos de la Revolución[ii]. Insiste en que el problema en la formación de las nuevas generaciones de revolucionarios es el desconocimiento de la historia —la versión única del régimen— y los logros del socialismo. Esencial es, también y según los teóricos comunistas, enseñar a las jóvenes el efecto devastador del “bloqueo”; el fracaso de las sociedades capitalistas para proveer salud, educación y bienestar a todos sus ciudadanos.

En este punto es necesario dar la razón al articulista en cuanto al receptor. Los expertos en comunicación humana saben, desde la época de Gregory Bateson, que no importa quien emite el mensaje ni como lo hace; tampoco si el mensaje viaja de manera directa o está bien elaborado. La comunicación humana depende de cómo se mueve el receptor, si hay cambios en la persona a quien va dirigido. Esa es la real preocupación de los comunistas; sus mensajes no mueven una sola neurona de quienes deben ser el relevo.

Es una pena que el especialista no haya discernido sobre teoría y práctica de la comunicación humana. No explicar, por ejemplo, que los mensajes poseen dos elementos básicos: lo digital y lo analógico. Digital es todo aquello que se traduce en palabras y símbolos. Analógico, como lo indica la palabra, es lo que está más allá del logos, palabra, es decir gestos, acciones, hechos. Un silencio puede ser el más agresivo de los mensajes si a quien va destinado así lo interpreta. Un abrazo obligado, rígido, puede sentirse como el peor de los rechazos.

El citado Bateson y un grupo de investigadores[iii] descubrieron en los años 50 un curioso fenómeno llamado Doble Vínculo. Se trata de dos mensajes contradictorios en la misma unidad de tiempo y del cual el receptor no puede escapar. La madre dice a su hijo que lo quiere, y al mismo tiempo se niega a darle un beso —la confirmación, en nuestra cultura, de amor. El Doble Vínculo está presente en nuestra vida diaria. Solo podemos resolverlo cuando salimos del atrapamiento, y vamos a otro nivel de comunicación si tenemos alternativas. Un chiste o un comentario anodino podrían interrumpir el “lógico” patrón del Doble Vínculo.

Los efectos del Doble Vínculo son bien conocidos. Los más importantes son la parálisis del pensamiento, de las emociones y las conductas. No se puede responder a dos mensajes contradictorios en la misma unidad de tiempo y dar respuestas satisfactorias a ambas. Una condición es que tal comunicación se produzca sin posibilidad de huida. Cualquier similitud con el control absoluto de medios y sistemas de información no es casual.

Salvando las necesarias distancias psicológicas-sociológicas, el pueblo cubano ha vivido seis décadas en un estado de Doble Vinculación comunicacional. El mensaje oficial: hay progresos y logros revolucionarios aun con “limitaciones” y “algunas” necesidades insatisfechas. El mensaje real, el que observa el peatón, es completamente distinto: colas, derrumbes, pésimo transporte, servicios sanitarios y educacionales deprimentes. Al no poder escapar a esa comunicación paradójica —antes de la Internet y las redes sociales— el ciudadano quedaba confundido, estancado.

Otro ejemplo de Doble Vínculo comunicacional en la Isla es lo relativo al llamado bloqueo, y la “fracasada sociedad capitalista”. En la narrativa oficial el embargo es la causa principal de todas las desgracias por sesenta años. Al mismo tiempo —impublicable en Cuba— la Isla recibe del país bloqueador miles de toneladas de alimentos, cientos de “gusanos” viajan a la Isla aportando dólares y requiriendo servicios, las remesas son la segunda o tercera parte de las divisas que entran al país. Quienes emigran a la “fracasada sociedad capitalista” comienzan a mantener a quienes quedaron en la sustentable y feliz sociedad socialista.

Un cubano tiene dos vías para escapar al Doble Vínculo en el cual ha vivido por cuatro generaciones: huir, literalmente, del cerco, emigrar; o resolver el dilema bloqueando toda comunicación oficial. Esto último lo llevaría a un peligroso camino en una sociedad totalitaria: convertirse en sordomudo político, o un opositor al régimen, sufrir cárcel, linchamientos morales y escarnio público. Sin embargo, una buena cantidad de personas optan por quedarse en Doble Vínculo pues es menos doloroso, más cómodo. Puede que esa sea otra explicación de por qué, además del terror, del miedo, y del Síndrome de Estocolmo[iv], muchos simulan amar y querer cuando en realidad odian y detestan al gobierno; por qué salieron en masa, desbocados y no convocados a pedir libertad aquel 11J.

La llamada Batalla Comunicacional está perdida para el régimen. Aunque todavía cuenta con todos los recursos y medios para la ofensiva, carece de la objetividad informativa, de la verdad tangible. Desde hace algunos años el ciudadano cubano tiene acceso a otros medios de comunicación que validan una narrativa distinta. Parecerá sin importancia, pero no hay mejor comunicación contrarrevolucionaria que una enorme cola para comprar aceite, la reparación apresurada de un barrio olvidado, los ventrudos dirigentes discursando encima de un surco que nada produce.

Algo faltó al articulista citar, y es que sin libertad, sin responsabilidad para buscar información y cotejarla, sacar conclusiones propias, no es posible ganar la etérea “batalla comunicacional”. No basta un ejército de periodistas, comisarios e ideólogos para sostener la mentira, el engaño, la confusión de un pueblo que todos los días siente en carne propia una realidad distinta al Noticiero Nacional y el Órgano Oficial del Partido. La verdad comunicacional son los dólares que envía la familia, el vasito de leche que no aparece, el abuelo que sufre por tercera vez en su vida el mismo apagón y la “chismosa” de los 70 y los 90, la estampida por tierra a través de los lagos y los volcanes de Nicaragua, como antes fue por mar Camarioca, Mariel y Guantánamo.

Por cierto, hay recursos rompe-vinculantes como los chistes y las frases perspicaces. Ambas llevan al receptor a otro nivel de análisis, insospechado, liberador, como apuntara en su época Sigmund Freud[v]. Una de esas frases redentoras apareció en la llamada tribuna antimperialista, frente a la embajada de los Estados Unidos en tiempos del mal llamado Periodo Especial. El régimen puso un lumínico que decía:

¡Señores imperialistas, no les tenemos ningún miedo!”.

Y alguien añadió: “lo que les tenemos es tremenda envidia”.

Mi frase preferida por estos días la leí hace poco en los cristales de un automóvil en Hialeah:

La limonada no es la base de todo, es la libertad”.


[i] Probablemente Antonio Gramsci (1891-1937) sea el pensador marxista más innovador en la teoría y la práctica después de Lenin. Vivió en una época bisagra, entre el siglo XIX y el XX, cuando se fueron instalando los totalitarismos de derecha e izquierda en Europa. Sus trabajos sobre hegemonía cultural y el papel de los medios de comunicación en una sociedad socialista parecen haber sido retomados por algunos filósofos e intelectuales cubanos para “des-sovietizar” la idea de que la base económica y la propiedad de los medios de producción siempre definen la superestructura.

[ii] La batalla comunicacional: Ernesto Estévez Rams en: Granma, 28 de marzo de 2022 “…Pero otros ejemplos más cercanos deben disparar nuestras alertas. Que a pesar de toda la hegemonía comunicacional contra el bloqueo que prevalece en los medios del país, haya una parte de la población —no despreciable y quizá creciente— que lea en ello una justificación a los errores internos, habla del peligro de no entender que el mensaje siempre se cierra en el receptor. Quien se dé una vuelta por las redes sociales y sus burbujas de Cuba, observará cómo esa idea del bloqueo como mera cortina de humo, tiene un peso importante en las opiniones que se vierten”.

[iii] Gregory Bateson (1904-1980). Biólogo, antropólogo, científico social, lingüista y cibernético. Quizás su libro más conocido es Pasos hacia una ecología de la mente. Junto al llamado Grupo de Palo alto, California, descubrió los patrones de interacción humana que conducen al Doble Vínculo. Sus aportes a neurolingüística son ampliamente conocidos.

[iv] Muy conocido es el Síndrome de Estocolmo, que, aunque puede confundirse con la relación doble vinculante, se diferencia de esta porque en el Estocolmo la víctima establece una relación de dependencia con el victimario, de quien depende su vida y su libertad. El Doble Vínculo es un fenómeno primeramente comunicacional y son sus consecuencias lo que hacen sea un evento paralizador. Para este autor, todo se trata de un proceso cuyo final es la distorsión cognitiva; el ser humano llega a ser incapaz de un hacer discernimiento moral: pierde el sentido de lo que está mal y bien —¿doble moral?—.

[v] Sigmund Freud (1856-1939) puede haber sido el primero en explicarnos como el chiste y su efecto, la risa, coloca a la persona en una dimensión distinta, liberadora, allí donde los deseos insatisfechos se canalizan de un modo socialmente aceptable. El humor pone al individuo por encima del atrapamiento entre lo que “debe ser” y “lo que es”. Según nuestro Jorge Mañach (1898-1961) hay una línea porosa que divide el humor fino del choteo, la burla. El choteo no libera, empequeñece. ¿Nos ha faltado humor o nos ha sobrado choteo en Cuba?

© cubaencuentro

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