Sociedad
Otro secreto de Estado
Si el dengue es un flagelo que el gobierno combate sin cuartel, ¿por qué evita llamarlo por su nombre?
Ni la doctora Lea Guido, representante en Cuba de la Organización Panamericana de la Salud, sabe cuán grave es la epidemia de dengue en la Isla. "En agosto nosotros recibimos una nota del ministro de Salud en la que se planteaban casos de dengue en Cuba, incluso casos de dengue hemorrágico", dijo a la agencia EFE y validó la estrategia local para combatir al agente trasmisor, el mosquito aedes aegypti, de origen africano.
La misiva del doctor José Balaguer es la única confirmación oficial de que el país sufre una epidemia, pero los cubanos están de espaldas a tal noticia y sólo pueden disponer de conjeturas, disparatadas a veces.
En su edición dominical, el periódico Tribuna de La Habana se fue por la tangente. "Cien y 300 pesos (4-12 dólares), y la obligación de abstenerse de continuar con dicha conducta, son aún sanciones muy tímidas cuando se tiene en cuenta que en tales descuidos puede írsenos la vida", se quejó el rotativo al pedir sanciones más severas para los responsables de criaderos vectoriales.
Las especulaciones en la calle son pluviosas y no encuentran desmentidos. Se cifra en cerca de treinta las personas fallecidas por el dengue, mientras los enfermos podrían haber rebasado los cincuenta mil. Seis de las catorce provincias del país estarían infestadas.
"Con Fidel 'guardado' y la Cumbre en movimiento no quisieron poner más nerviosa a la gente. De todas formas todo el mundo sabe que hay dengue", opina el mesero de una cafetería habanera. Limpia con un trapo el mostrador. Las moscas, escasas, levantan vuelo.
Me cuenta que un primo suyo estuvo ingresado en La Covadonga, uno de los grandes hospitales de la capital. "Era impresionante ver todas aquellas camas con mosquiteros grisosos, colgados con palos de lo que fuera. Eran salas y salas llenas de enfermos".
"Ahora lo que necesitamos es ver en qué momento estamos (…), si (la enfermedad) ha llegado a su meseta, si está bajando, y eso es lo que estamos esperando que seguramente el país nos lo pasará en el momento adecuado", señaló la doctora Lea Guido.
Celestino Díaz apenas logra dormir después del alba. Es custodio de un almacén de víveres en La Habana y termina de madrugada, pero el ruido de los aviones, al amanecer, lo arranca de la almohada, irremediablemente.
"Me tienen los nervios destrozados", dice con una pizca de malhumor. "Comprendo que hay que hacerlo… acabar con el mosquito, creo que el gobierno hace todo lo que puede", agrega ya más relejado.
Como miles, Celestino despierta al son de las avionetas. Vuelan a tan baja altura, que puede leerse sin dificultad la matrícula en su fuselaje. Esparcen un humo blanco y pestilente que es insecticida. Pero si no son las fumigadoras aéreas, entonces será el ronroneo de las motomochilas quien quite el sueño o el humo irritante de aspersores montados en camiones.
Un asunto de seguridad nacional
Todo forma parte de una urgente estrategia para reducir al mínimo la población del mosquito aedes aegypti, que según las autoridades sanitarias no es endémico en la Isla.
La situación es grave y se maneja como un asunto de seguridad nacional. Días atrás la prensa entregó cobertura de una reunión del presidente en funciones de Cuba, Raúl Castro, quien afirmó que es una "prioridad" de la dirección del país la campaña antivectorial.
El jefe de las Fuerzas Armadas dijo que la cruzada es seguida paso a paso desde su convalecencia por el comandante Fidel Castro, cuya salud mantiene el estatus de secreto de Estado.
Una reunión similar anterior, encabezada por el vicepresidente Carlos Lage, había fijado la meta: "disminuir la infección del aedes aegypti, casi llevarlo a cero".
Lage, ahora más visible como integrante del gabinete de crisis presidido por Raúl, enfatizó en que se deben atacar las causas, como la falta de higiene, y no sólo combatir el mosquito con fumigaciones. "Cuba —aseguró— ha sido el único país que ha logrado controlar por largo período al mosquito aedes aegypti. Es el único país que puede hacerlo ahora".
Sin embargo, las crisis son reiterativas y devoran millones de dólares del tesoro. Cuba, junto a Chile y Uruguay son los únicos países latinoamericanos donde el dengue no es endémico, pero de 1977 a 2002 la Isla sufrió cuatro epidemias y un pequeño brote.
La más reciente ocurrió entre junio de 2001 y marzo de 2002, con 14.524 casos, 81 de dengue hemorrágico, de los cuales fallecieron tres, todos en la capital de la república, según un estudio especializado.
En 1977 abarcó todo el país, mientras que en 1981 se registró en la Isla la primera epidemia de dengue hemorrágico en América, con más de 300.000 enfermos graves o muy graves y 158 fallecidos, de ellos 101 niños, según cifras de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
Las autoridades cubanas acusaron entonces a Estados Unidos de haber introducido la enfermedad en la Isla como parte de una guerra biológica que contiene otros episodios también dramáticos y dolorosos. La razón esgrimida y harto plausible es que la variante hemorrágica estaba ausente en ese año en todo el entorno hemisférico.
En 1997 se localizó en la oriental Santiago de Cuba otra epidemia, mientras que en septiembre de 2000 hubo un brote en La Habana con 138 casos de dengue.
Según el Ministerio de Salud Pública de China, el dengue es una seria enfermedad infecciosa que mata a 25.000 personas e infecta a más de 100 millones cada año en regiones tropicales y subtropicales del mundo. Todavía no hay una vacuna disponible.
China es una de las naciones infectadas con el virus. También hay reportes recientes de India y Panamá.
Más casos y causas
Esta vez, la alta prevalencia de dengue tendría entre sus factores desencadenantes el frenético trasiego de viajeros latinoamericanos y caribeños llegados a la Isla para ser beneficiados por la Misión Milagro, un programa tutelado por Cuba y Venezuela para salvar de la ceguera a millones de ciudadanos pobres.
"No los ponen en cuarentena, como hacían con los cubanos que regresaban de África. Tampoco a los jóvenes que vienen a estudiar Medicina les hacen exámenes", estima una costurera que trabaja en un taller de confecciones escolares. "Se corre que también hay brotes de malaria".
Fuentes médicas consultadas desmintieron esto último. "Hasta ahora no han indicado prueba de gota gruesa de sangre", asegura un epidemiólogo comunitario. "Además, la sintomatología del dengue y la malaria, aunque son parecidas, ofrecen datos diferentes que te permiten un diagnóstico adecuado".
A finales de 2004 había zonas de riesgo de transmisión del paludismo en 107 países y territorios, y unos 3.200 millones de personas vivían en zonas de peligro de la enfermedad que puede ser trasmitida por el mosquito anopheles albimanus, presente en Cuba. En 1967 la Isla fue declarada libre de paludismo.
"Casi todos los días me han visitado. El médico de familia, los trabajadores de la campaña, los muchachitos del ejército y todos preguntan lo mismo. Si hay personas con fiebre, si tengo tanques o la cisterna destapados y hasta si me ocupo de vasos espirituales", refiere un ama de casa de la barriada de Marianao, cuya vecina de patio contiguo está ingresada por dengue.
Su casa, con árboles frutales, ha sido fumigada dos veces por semana. Se trata de una mezcla de petróleo con insecticida —malathion en algunos casos— que obliga tapar los alimentos y enseres domésticos.
"Me sacaron una semana del trabajo. No pude decir que no", manifiesta el barman de un club nocturno del Vedado. La bazuka que carga expele todavía una pequeña lengua de fuego al terminar la fumigación. Suda a mares. En su oreja derecha reposa una ramita de vencedor. ¿Un amuleto?, pregunto a modo de despedida. "Dicen eso", responde, y carga nuevamente la bazuka. El humo escapa por las ventanas cerradas.
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