CON OJOS DE LECTOR
La imagen como motor de la historia (I)
Se cumple medio siglo de la publicación de 'La expresión americana', una visión sorprendente y sugestiva del complejo proceso cultural de América.
En enero de 1957, apareció en algunos diarios habaneros el anuncio que ilustra este trabajo. En el mismo se daba a conocer el inicio de un ciclo de cinco conferencias que iba a dictar José Lezama Lima (La Habana, 1910-1976) en el Anfiteatro del Palacio de Bellas Artes, entre el 16 y el 26 de ese mismo mes. Lo auspiciaba el Instituto Nacional de Cultura del Ministerio de Educación y su título general era La expresiónamericana. En esas sesiones, Lezama Lima dio lectura a los cinco ensayos en los que desarrolló el tema escogido por él: Mitos y cansancio clásico, La curiosidad barroca, El romanticismo y el hecho americano, Nacimiento de la expresión criolla y Sumascríticas del americano.
Ocho meses después, el Instituto Nacional de Cultura editó aquellos ensayos en un libro. Según el colofón, se terminó de imprimir el 21 de octubre, aunque no se indica la cantidad de ejemplares que se tiraron. En su momento, La expresión americana tuvo una pobre recepción local. Entre los contados críticos que comentaron su salida estuvo Anita Arroyo, quien le dedicó cuatro artículos en el Diario de la Marina (en el primero de ellos desliza un error evidente, al referirse al libro como "un manojo de seis ensayos"). Tampoco tuvo ningún eco fuera de la Isla, donde no se tuvo conocimiento de su publicación.
No fue hasta la publicación de Paradiso, que tanto contribuyó a revelar internacionalmente a un escritor hasta entonces desconocido, cuando aquel libro empezó a ser descubierto y pasó a ser reeditado en varios países. Así, en la contraportada de la reimpresión chilena (Editorial Universitaria, 1969), la primera que apareció, se dice: "El conjunto ofrece una visión sorprendente y sugestiva del complejo proceso cultural de nuestro mundo, y es uno de los intentos más originales realizados en este medio por construir una teoría válida que posibilite la intelección de las secretas esencias de lo americano. La pasión y la sabiduría de estas indagaciones (…) resultan incitantes para el lector preocupado por los problemas de nuestras instancias formadoras".
Hasta la fecha La expresiónamericana cuenta además con ediciones en España (Alianza Editorial, 1969), Uruguay (Arca, 1969), Cuba (Letras Cubanas, 1993) y México (Fondo de Cultura Económica, 1993). Existen asimismo traducciones al portugués (Brasiliense, 1988), el alemán (Surkamp, 1992) y el francés (L'Harmatton, 2001). De todas esas ediciones, la mejor sin duda es la mexicana. La preparó la ensayista brasileña Irlemar Chiampi, quien estableció el texto fidedigno a partir del cotejo de la primera impresión y del manuscrito autógrafo del libro. Chiampi realizó además una meticulosa labor: ubicó las citas, incluyó las referencias bibliográficas omitidas por Lezama Lima, copió exactamente lo que éste citaba de memoria, corrigió errores (un ejemplo: unos versos atribuidos al colombiano Hernando Domínguez Camargo en realidad pertenecen al español Sebastián Francisco de Medrano). Asimismo incluyó 255 notas y comentarios de carácter crítico y didáctico, que facilitan la comprensión del texto y permiten una lectura mucho más provechosa.
La expresión americana se abre con una afirmación que luego se ha hecho emblemática, aunque sólo suele citarse la primera frase: "Sólo lo difícil es estimulante; sólo la resistencia que nos reta, es capaz de enarcar, suscitar y mantener nuestra potencia de conocimiento, pero en realidad ¿qué es lo difícil?, ¿lo sumergido, tan sólo, en las maternales aguas de lo oscuro?, ¿lo originario sin causalidad, antítesis o logos?". De manera indirecta u oblicua, Lezama Lima expresa en esas palabras una advertencia para los lectores incautos, así como una suerte de poética de toda su obra, tanto la poética y narrativa como la reflexiva y ensayística. Es, pues, una indicación que debe tomar muy en cuenta quien decida adentrarse en las densas páginas de La expresión americana, un libro que ilustra como pocos algo que anotó Julio Cortázar, quien tanto admiraba al autor de La fijeza: "Leer a Lezama es una de las tareas más arduas y con frecuencia más irritantes que puedan darse".
A través de los cinco ensayos que conforman el libro, Lezama Lima propone una indagación en lo americano, un intento de definir la originalidad que distingue su cultura de la europea y le aporta una identidad y una manera propia de enfrentar la existencia y la historia. Las interrogantes a partir de las cuales desarrolla sus reflexiones ya habían dado lugar a numerosas interpretaciones de muchos de los más destacados escritores de esos países. Sarmiento, José Enrique Rodó, José Martí, José Vasconcelos, Ricardo Rojas, José Carlos Mariátegui, Alejo Carpentier, Ezequiel Martínez Estrada, Germán Arciniegas, Mariano Picón Salas, Alfonso Reyes y Pedro Henríquez Ureña, son unos cuantos de los nombres señeros de ese sistemático empeño interpretativo que se inicia en el siglo XIX, por lo que cabe hablar de una verdadera y sólida tradición.
A la hora de redactar La expresión americana, Lezama Lima debió de haber sido consciente de que abordaba un tema sobre el cual ya se habían escrito numerosas obras, entre ellas varias particularmente brillantes. De ahí que se preocupó por que la originalidad de su libro estuviese sustentada en la nueva óptica desde la cual desarrolla su análisis. Por eso, en el primero de los ensayos se dedica, en buena medida, a exponer sus modos de argumentación, los puntos de vista teóricos en los que se va a apoyar en esa búsqueda de nuestra expresión. Ante todo, en lugar de privilegiar los hechos históricos y culturales, como hace la historiografía contemporánea, pone el énfasis en "las diversas eras donde la imago se impuso como historia". Ese nuevo planteamiento, aclara, lo habían anticipado, con "indicios e intuiciones", T.S. Eliot y Ernst Robert Curtius, aunque respecto al primero confiesa tener algunas objeciones (su acercamiento a los nuevos mitos le parece "esencialmente pesimista y crepuscular"). Eso lo lleva a declarar que en su método quisiera aproximarse más a la técnica de la ficción preconizada por Curtius, que al método crítico de Eliot.
Al causalismo histórico opone una causalidad poética
Lezama Lima defiende la imagen como factor esencial y motor de la historia, como una metáfora de la misma historia que la determina y de la cual pasa a ser partícipe. A partir de esa concepción, inventa una nueva manera de interpretar el mundo americano, que al causalismo histórico opone una causalidad poética. Lo que propone es, como expresa Irlemar Chiampi, dibujar una "historia poética", bajo la forma de una red de imágenes que diseñan la Imago del hombre americano: "Historiar, no los hechos, sino la imagen poética subyacente a los hechos, es el proyecto de ese libro singular para indicar una suerte de americanidad ejemplar, que Lezama ve inscrita en múltiples expresiones culturales (las mitologías, la literatura, las artes plásticas, la política o la biografía de ciertos americanos)".
De ello resulta una obra híbrida que, como discurso teorético, participa de la historia intelectual de nuestra cultura, al mismo tiempo que se vale de elementos de elaboración imaginaria propios de la literatura. En el camino que sigue a lo largo de más de un centenar de páginas, Lezama Lima se desvía parcialmente de su propósito en algunas ocasiones. Asimismo su estilo, siempre deslumbrante, llega a hacerse fatigoso en algunos pasajes y sus "reversos enigmáticos" pueden provocar en el lector cierta incómoda perplejidad. Esas dificultades se notan sobre todo en Mitos y cansancio clásico, el ensayo inicial, lo cual hace que no siempre resulte clara la exposición de una propuesta teórica ya de por sí intrincada.
A ese ensayo sigue, sin embargo, La curiosidad barroca, uno de los más hermosos e inspirados de todo el libro. En él además, lo ha hecho notar Oscar Collazos, el proyecto teórico y el desarrollo expositivo se cumplen de modo convincente. No es casual ni debe sorprender la inteligencia y penetración que Lezama Lima pone de manifiesto en esas páginas dedicadas al barroco, puesto que fue un estilo artístico y literario que él mismo asimiló y adoptó en su obra poética y narrativa. En este ensayo hace una defensa apasionada y lúcida del barroco como una manifestación que nos da ya carta de ciudadanía universal, y le reconoce su importante papel en el nacimiento de la cultura mestiza americana. Nuestro señor barroco, afirma, constituye el "auténtico primer instalado en lo nuestro", el "primer americano que va surgiendo dominador de sus caudales". Identifica además dos rasgos que singularizan a nuestro barroco y que hacen del mismo un estilo en decadencia sino en plenitud: la tensión y el plutonismo.
Como primeros exponentes del sincretismo, Lezama Lima se ocupa extensamente de dos escritores (Sor Juana Inés de la Cruz, Carlos de Sigüenza y Góngora) y de dos escultores (el indio quechua Kondori, el mulato brasileño Aleijadinho). En su análisis de los dos últimos, resalta el carácter del barroco como "arte de la reconquista", mediante el cual los artistas se insertan en la rebelión política. Al recibir esa herencia, los artistas americanos la devuelven enriquecida tras el paso por el "horno transmutativo de la asimilación". Eso lo lleva a concluir: "El barroco como estilo ha logrado ya en la América del siglo XVIII, el pacto de familia del indio Kondori y el triunfo prodigioso del Aleijadinho, que prepara ya la rebelión del próximo siglo; es la prueba de que se está maduro ya para una ruptura. He ahí la prueba más decisiva, cuando un esforzado de la forma, recibe un estilo de una gran tradición, y lejos de amenguarlo, lo devuelve acrecido, es un símbolo de que ese país ha alcanzado su forma en el arte de la ciudad".
En El Romanticismo y el hecho americano, Lezama Lima continúa desarrollando su tesis de que las revoluciones se inician en las manifestaciones artísticas. Para apoyar sus ideas, escoge a tres revolucionarios precursores que para él representan el paradigma de la americanidad: Fray Servando Teresa de Mier, el cura herético e irreverente, "a horcajadas en la frontera del butacón barroco y el destierro romántico"; Simón Rodríguez, "el ejemplar de individualismo más sulfúrico y demoníaco"; y Francisco de Miranda, "el primer gran americano que se hace en Europa un marco apropiado a su desenvolvimiento". En lugar de haber optado por figuras como las de Simón Bolívar, San Martín o Morelos, elige esos tres personajes y destaca en ellos sus vidas rocambolescas, sus destinos marcados por "el calabozo, la ausencia, la imagen y la muerte", es decir, por valores negativos.
A pesar de que en todo momento es fiel a la verdad histórica, revela zonas escasamente divulgadas de los tres, descubriéndonos en ellos "ocultas sorpresas muy americanas". En esas páginas, llenas de atisbos e ideas sugerentes, Lezama Lima logra una espléndida galería de retratos, trazados con pinceladas certeras y vigorosas e iluminados por la poesía. He aquí, a modo de ejemplo, este fragmento: "Simón Rodríguez tenía algo del Aleijadinho pedagógico. Era feo, excesivo y autoritario. Ya en su vejez la ternura de una india boliviana le da hijos, cuidados y el recuerdo de la patria. Para educar y formar se aprovecha de un cinismo fuerte y no del espíritu evangélico. Sigue la trayectoria del individualismo prerromántico, con los necesarios toques de cinismo roussoniano. Desavenencias paternales, la reclamación yoísta de las dos sangres formadoras, le dan sus primeras rabias. Se jura en la venganza del trueque de apellidos".
Saúl Yurkievich ha comentado que los retratos de La expresión americana (a los de Fray Servando, Simón Rodríguez y Francisco de Miranda debe sumarse el del Aleijadinho) son extraños, parabólicos, hagiográficos ("con algo de vida de santos"). Y añade que, "por momentos demonológicos, por momentos angiológicos, están infusionados de fantasmalogía medieval; son retratos humorales, retratos —sobre todo los románticos— de posesos por alguna de las potencias del alma".
© cubaencuentro
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3 Comentarios
3 by Carlos A. Diaz Barrios (Usuario no autenticado) 03/10/2007 2:20
Me parece que Carlos Espinosa es uno de los pocos criticos decente que queda aqui y alla... Pobre de los comisarios, debajo de la piel de un comisario solo hay caca.
2 by Incorrección (Usuario no autenticado) 02/10/2007 9:10
Creo que a la luz de los conocimientos actuales ya es hora de que se sitúe a Alejo Carpentier en su patria. Es decir, en Suiza. Por si el autor de este artículo no lo sabe, aquí le van los datos tal como aparecen hasta en los libros de estudio de las universidades estadounidenses, que es mucho decir: Alejo Carpentier, Lausanne, Suiza, 1904, París, Francia, 1980 En otras palabras. Es un escritor europeo. Este muchachito siempre en lo mismo. Cuando no nos enchufa a Santana -entre líneas aunque no lo diga, con su tshirt del Ché, es a un Harry Belafonte y su defensa a Cuba, ahora con Cortázar, y no tengo que decir lo que hay detrás y al inocente de Mariátegui, esa joyita de tan roja, morada. Vaya, que no puede hablar de Lezama sin mezcla de lo otro, como si no supiera todo el mundo que a Lezama le hicieron en Cuba la vida un yogurt. ¿Pero será posible? ¿Y todavía hay tonto que no se dé cuenta de las proyecciones de este muchacho? Yo espero que una Cuba recuperada se recomponga y empiece a hablar en cubano, que es decir, sin necesidad de cada dos oraciones poner a algún enemigo de Cuba. Aclaro, de todos aquellos intelectuales que tanto daño nos han hecho con su propaganda a nivel mundial. No merecen que los nombremos sino que echemos tierra sobre ellos. Que los IGNOREMOS. ¿Dónde tenemos la dignidad? No veo ninguna seriedad en sus trabajos pues siempre hay una tendencia de imponer voces de la izquierda internacional, desde las de Cuba, que hasta hoy siguen apoyando a la tiranía de Castro, hasta las extranjeras que hacen lo mismo. Es decir un sofrito que parece erudición pero que en el fondo no es más que vulgar propaganda política subliminal. Mesa, más que redonda, cuadrada. Dios mío, ¿hasta cuándo? No ciego, pero en Ávila. Y con visión de Águila
1 by Roberto Espindola (Usuario no autenticado) 01/10/2007 15:20
Interesante artículo de "Carlitos" Espinosa, como le deciamos aqui en Cuba, desde muy jóven con su cabello canoso y opiniones acertadas.Este columnista es de lo mas culto que se lee en su publicación.Ojalá hubiera mas trabajos informativos como este y salir de lo propagandistico de revancha de la mayoría de lo que aqui leemos. Roberto Espindola Ciego de Avila