Una nueva tribuna llamada Cartagena

El infaltable ingrediente político ronda la participación de los deportistas cubanos en los Juegos Centroamericanos.

Una nutrida delegación deportiva representa a Cuba en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, con sede esta vez en Cartagena de Indias, Colombia. Ausentes de la anterior cita regional en San Salvador, los atletas de la Isla han prometido regresar a casa con el pergamino del primer lugar por países.

Nadie en Cuba cree que les será muy difícil recuperar el terreno perdido, a pesar del evidente retroceso y el bajo nivel mostrado en algunos deportes que otrora arrasaban, así como el crecimiento competitivo de rivales tradicionales como México, Venezuela (donde laboran miles de entrenadores y técnicos cubanos desde hace varios años) y la sede, que nunca es descartable.

Por sus resultados en la arena mundial, el deporte cubano en general sigue estando a la cabeza en esta área. A ello súmese el hecho real de que algunas de las principales figuras de varias naciones no acudirán a la cita por priorizar otros compromisos de mayor rango. El caso más notable es el de los corredores jamaicanos y de otras pequeñas islas del Caribe angloparlante, que reinan en las pistas universales en ambos sexos y por estos tiempos cumplen con el muy exigente circuito europeo, incluyendo el Grand Prix.

'Doping emocional'

Otra vez el infaltable ingrediente político ronda la participación de los cubanos en un certamen atlético, como si más de cuatro décadas de ramplonas intromisiones en el deporte no fueran suficientes. El motivo en esta ocasión lo propicia el aniversario cuarenta de los sucesos del barco Cerro pelado, conmemorado este año con mucho bombo por las autoridades y los medios de prensa aquí. Se refieren a los Centroamericanos de San Juan, Puerto Rico, en 1966, adonde los cubanos debieron viajar en condiciones anormales, a bordo de un buque de carga, por no tener el visado de las autoridades norteamericanas. Según su retórica usual, el régimen consideró aquello "una proeza".

Algunos, no sin sorna, ya le llaman "doping emocional". Es que no existe torneo deportivo en el planeta donde participen los cubanos que no suscite una andanada de consignas por parte de las autoridades del régimen, quienes aprovechan esos marcos muy bien para ideologizar cualquier victoria, mostrando la superioridad del "deporte revolucionario" sobre el profesionalismo y, de paso, se sirven de las facilidades que se brinda a la prensa en esas competiciones para hacer sus campañas a favor del régimen despótico y prebendista imperante en Cuba.

Olvidan a propósito que muchos de los asistentes foráneos a estas citas no son siquiera profesionales (algunos son muy bisoños y sólo aspiran a ello para más adelante), sino jóvenes que desean representar decorosamente a sus naciones y también divertirse: el deporte todavía es eso.

En esta ocasión, la consigna que ha llevado la delegación de la Isla a Cartagena mezcla vergonzosamente la retórica huera con la mentira malsana. De nuevo la palabra "dignidad", tan omnipresente aquí, tan retórica (ah, esa cacareada "medalla de la dignidad"), unida al caso de los cinco espías de la denominada Red Avispa prisioneros en Estados Unidos y que Fidel Castro reclama como inocentes.

En un simple lema que debería trasladar alegría, amistad, solidaridad y mentalidad ganadora, nada más, como imagino hagan delegaciones de otras naciones, las "cabezas calientes" del castrismo se encargan de recordar a todos, deportistas cubanos en primer orden, que la "batalla de ideas" no merma ni cuando se viaja a un escenario tan caribeño y folklórico como el de Cartagena (no se puede competir en un sitio más alejado de Miami en unos Centroamericanos), ni cuando se representa a la patria en un torneo de nivel muy mediocre, como tradicionalmente han sido estos eventos.

Esa es la razón también por la cual han acudido las principales figuras del deporte cubano. Cada tribuna es importante para el régimen. Allí están los mejores peloteros de la Isla, flamantes subcampeones del Clásico Mundial, que de otra manera deberían esperar al Campeonato Mundial para apuntarse un viajecito al exterior pues el tedio se los comería.

"Verano deportivo" llaman los medios de prensa a estos dos meses de julio y agosto que viviremos entre la sofocante canícula y alguna temeraria visita a aquellas playas que la inversión turística no haya devorado. Les faltó sólo agregar que el verano, recordemos bien, sigue estando teñido por la política.

© cubaencuentro

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